Teresa Chara de los Rios
Hace muchos años, tomarse una foto era un lujo. Teníamos que elegir un momento importante de nuestra vida como un nacimiento, bautizo, primera comunión, cumpleaños, quince años o matrimonio, para que ese evento quedara plasmado en fotografías impresas y pudieran verlas nuestra familia y las generaciones venideras.

Teníamos que esperar que se terminara el rollo fotográfico, llevarlas a un estudio fotográfico y las revelaran, para poder ver nuestras fotos. Algunas salían muy bien, otras estaban mal tomadas contraluz o movidas. Lo peor que nos podía pasar era encontrar las fotos veladas. Era muy decepcionante ver que no nos quedaba ni un solo recuerdo de ese importante evento.

Una vez reveladas las fotos, las colocábamos en un álbum, el que a veces pasaba de generación en generación y cuando había una reunión familiar, nos sentábamos y mirábamos el álbum recordando aquellos momentos importantes o a las personas que ya no estaban en vida. Eran momentos íntimos de compartir sólo con nuestra familia y amigos cercanos.

Actualmente las cosas han cambiado y la forma de tomar fotos también. Hoy tomamos muchas fotografías a través del celular y las podemos visualizar en tiempo real, incluso compartir con nuestros contactos y publicarlas en redes sociales como Facebook, Instagram y otras más, con solo dar un click.

Hay tanta facilidad para tomarnos fotos que nos damos el gusto de descartar aquellas que no nos agradan. Publicamos fotos de toda nuestra vida, desde los hechos pocos relevantes hasta fotos de nuestras mascotas.

Hemos perdido la percepción de lo que es público y de lo que es privado. Publicamos fotos grupales de reuniones de trabajo, sin pedir permiso a los compañeros. Hay muchas personas que no desean exponerse en redes, y les incomoda que se publiquen fotos donde ellas están, y que nunca autorizaron su publicación.

Tomamos fotos en todos los lugares donde vamos: al cine, de paseo, la playa, turismo, eventos académicos o empresariales, una fiesta o un restaurante. Tomamos fotos hasta del plato que comemos o del trago que bebemos e inmediatamente las subimos a las redes sociales.

Cada vez que publicamos las fotos, esperamos ansiosos el “like”, emojis o comentarios de nuestros contactos, porque tenemos la necesidad de ser reconocidos socialmente a través de nuestras publicaciones. Es una nueva forma de relacionarnos: Mientras más likes, más felices nos sentimos.

Los famosos selfies, según los psicólogos indican baja autoestima. No sé si sea cierto, pero de lo que, si estoy segura, es que se viene desarrollando una cultura superficial y falsa.

Alguien publica un selfie después de lavarse el cabello o con la toalla envolviendo su cabello y llueven las expresiones “qué linda” “qué hermosa” “una preciosura”, “qué guapo” “churro” y honestamente, algunas de esas publicaciones están muy lejos de esas calificaciones. Eso lo hacemos pensando en la retribución cuando también publiquemos nuestras fotos.

Tampoco es recomendable aceptar todas las solicitudes de amistad, sólo por la vanidad de tener más amigos, aunque estos sean desconocidos. No somos más populares o importantes, por tener más contactos, creyendo que así le hacemos la competencia a nuestros familiares o amigos.

Alguien alguna vez me dijo “Tú eres lo que publicas”, es decir, con nuestras publicaciones vamos creando un perfil público, que muchas veces no es el real.

Nos hemos vuelto tan dependientes de la opinión de otras personas o de los “likes”, tanto así, que todas nuestras actividades diarias las realizamos pensando en la foto que después vamos a subir, para provocar complacencia o envidia de nuestros amigos.

Debemos mantener un equilibrio y publicar solo aquello que nos conviene que vean otras personas. Publicar reiterativamente todo lo que hacemos, es caer en la confusión de lo que es “tener éxito, con tener fama”. No nos expongamos, pensemos bien antes de publicar nuestras fotos y pidamos permiso a los integrantes de las fotos grupales, no todos queremos ser expuestos en redes, más aún si son niños.

“Hemos perdido la percepción de lo que es público y de lo que es privado. Publicamos fotos grupales de reuniones de trabajo, sin pedir permiso a los compañeros”