Germán Vargas Farías

Este domingo volveremos a las urnas para elegir alcaldes y gobernadores regionales en todo el país.

Lo haremos en un momento crítico y muy complejo, la democracia ha sido puesta a prueba una vez más y nos toca ejercer nuestro derecho -y obligación- como ciudadanos para afirmar nuestro deseo de vivir dignamente, y para rechazar la corrupción y la violencia revestida de tantas formas hoy.

Este domingo volveremos a votar y tendremos la oportunidad de demostrar, a través de un acto sencillo y libre como este, nuestra voluntad de participar para que los cambios que reclamamos no se queden en el Facebook, ni se agoten en alguna discusión casi siempre estéril de cualquier grupo de whatsapp.

Aunque para muchos esta ha sido una de las campañas más frías que se recuerde, lo que está en juego es, ya lo dije, significativo. Lo es ahora, tanto como antes lo fue, y así lo entendieron ciudadanos y ciudadanas que con valor asumieron la responsabilidad de participar en procesos electorales como este, a sabiendas que ganar una elección en otros tiempos podía significar que grupos empeñados en imponer sus ofertas de terror, empezarán un conteo fatídico que les llevaría a perder la vida.

Me refiero, obviamente, a las más de 300 autoridades electas democráticamente que durante el conflicto armado interno, ocurrido a partir de 1980, fueron asesinadas y desaparecidas, y a muchas otras que habiendo sido amenazadas y violentadas de formas diversas, persistieron, se enfrentaron a la barbarie, sin más armas que su civismo y su coraje.

Hace unos días, el domingo para ser preciso, participé en una reunión organizada por el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social-LUM, y por un grupo de instituciones de  derechos humanos, cuyo propósito fue hacer memoria de aquellas autoridades y, aunque contaba con información sobre aquella época, quedé impresionado por lo que allí se contó.

Ya no solo fue saber que 224 alcaldes distritales y 22 alcaldes provinciales fueron asesinados, además de decenas de regidores y regidoras, sino que cada uno de ellos y ellas fue protagonista de una crónica de una muerte anunciada, que la mayoría enfrentó con admirable estoicismo.

Michel Azcueta quien fuera alcalde del distrito de Villa El Salvador en dos periodos, y que sufriera un atentado contra su vida perpetrado por Sendero Luminoso, contó como uno de los sentimientos más presentes entre las autoridades electas en ese tiempo, particularmente en zonas donde el terrorismo tenía mayor presencia, era la soledad. No era fácil conseguir quien te acompañe a tomar un café fuera de casa, cuando se sabía que Sendero planeaba matarte.

Rosalía Stock ex regidora y actual vice gobernadora del Gobierno Regional de Huánuco, se refirió a la incertidumbre que implica ejercer un cargo en situaciones de riesgo, y sobre como participar políticamente en contextos de violencia política significa estar dispuesta a lo peor, para quien lo hace y su familia.

El tiempo ha cambiado, sin duda, pero nadie puede afirmar que ejercer un cargo obtenido por votación popular, esté exento de peligros. Al votar, por el candidato o candidata que sea de nuestra preferencia, asumimos también un compromiso por respaldarle en el buen ejercicio de su gestión.

Le propongo que este domingo, al acudir a votar, piense en las autoridades electas que fueron victimadas durante el conflicto armado interno, y vote responsablemente como una forma de homenaje a las mismas.

¿Qué tanto su candidato o candidata está dispuesto a entregar por honrar el encargo que usted le dará?, ¿Qué tanto conoce el legado de esos héroes cívicos, cuyas historias permanecen increíblemente olvidadas?