CPC A. Lenin Tadeo Tordecillo.

Sin temor a equivocarme creo que, en algún momento, todos hemos sido víctimas de un mal servicio de los trabajadores de una entidad del Estado o de una empresa privada.

Los maltratos más comunes son:

Te citan para una determinada hora, pero llegan tarde o no llegan.

Te dicen que el servicio estará para una determinada fecha, pero llegado el día no está listo; te dicen que regreses mañana y en la mayoría de los casos ese mañana llega a ser unas semanas después.

Te cobran en exceso, hasta hacen cobros ilegales, por lo bajo, y etc.

Todos, alguna vez, hemos renegado por el mal servicio; y el error que muchas veces cometemos es que insultamos al trabajador y hasta se llega a golpearlo con la idea de que es el culpable.

Pero que un trabajador sea, flojo, irresponsable, no haga un buen trabajo, no atienda bien y no sea eficiente en el trabajo, la culpa no es suya, sino de quien lo puso ahí.

Quiero resaltar las sabias palabras de un alto funcionario de una entidad pública que, en una reunión, dijo a su personal de confianza:

Señores, si toda la gestión va mal, entonces la culpa no será de los trabajadores ni de ustedes; la culpa será mía porque yo los contraté a ustedes, yo los elegí.

Si la gestión va mal es porque hice una mala elección de mis funcionarios, no los evalué, no les supervisé y les permití su deficiencia y sus errores. De igual manera es en el caso de ustedes con el personal que tienen a cargo y sobre la gestión de su área.

Sin duda es una autocrítica que todo jefe, gerente, alcalde, gobernador, director, presidente, rector, decano, etc. debe realizar en caso tenga el deseo de hacer bien las cosas y hacer una buena gestión.

Mi estimado lector, que un docente, un enfermero, una secretaría, un médico, un funcionario o cualquier otro trabajador sea malo, flojo, irresponsable, de un mal servicio y no labore bien, la culpa no es de ellos, sino de quien los puso ahí, ya que no hicieron una selección rigurosa al momento de contratar y lo peor es que no hacen una evaluación periódica.

Algo semejante es lo que debemos tener en cuenta para las elecciones congresales.

Los congresistas son funcionarios del Estado, pero cuya elección no depende del titular de una entidad, ni de un comité de selección, sino que —por fortuna o por desgracia— depende de nosotros.

Si no queremos escuchar nuevamente congresistas que tienen trabajadores fantasmas, que negocian sus votos para proteger a corruptos, que gastan millones y millones en investigaciones sin buenos resultados, que hacen las leyes para el beneficio de sus intereses, que negocian sus votos por obras, que mienten en su hoja de vida, que cobran un sueldo por representación pero sin haber visitado su departamento, y muchos otros casos; entonces tenemos que elegir bien.

Sin duda, es necesario que las hojas de vida, para las próximas elecciones, además de informar el historial académico, económico y laboral del candidato, también debe informar qué mejoras o qué aportes ha hecho donde han trabajado, en beneficio de su institución o su comunidad. Esta información es muy útil para saber – al menos – si obra bien y hace bien su trabajo.

Mientras tanto, como electores, tenemos la responsabilidad de informarnos por los medios de comunicación, como este diario, sobre los antecedentes de los candidatos, y que las hojas de vida -ni los candidatos- lo dicen.

Así que la próxima vez que querramos golpear o lanzar conos o huevos en la calle, a un congresista que trabajó mal y que no mereció cobrar lo que cobraba, hay que recordar que:

Y la culpa no era suya, ni dónde estaba, ni cómo cobraba.

El elector eres tú.

«Que un trabajador sea, flojo, irresponsable, no haga un buen trabajo, no atienda bien y no sea eficiente en el trabajo, la culpa no es suya, sino de quien lo puso ahí»