Eyvi Ágreda Marchena ha muerto y su muerte ha generado múltiples reacciones en diferentes sectores y ha puesto en agenda —otra vez— la alta incidencia de agresión a las mujeres, la falta de inversión del Estado para la prevención y la resistencia por convicciones políticas o religiosas a educar a los niños con equidad de género, para revertir este problema social.

La muerte de Eyvi no es un “designio”, es la consecuencia de la ausencia para encargar el problema desde su raíz: Hogares y escuelas, generando nuevos conceptos y nuevos paradigmas en los niños y niñas, para que no haya ni mujeres maltratadas, ni varones maltratados por sus parejas.

El cambio que reclama la sociedad para reducir los índices de violencia de género, los feminicidios no está en la cárcel, está en las escuelas y en los hogares. ¿Cómo empezamos a romper los moldes machistas que colocan al varón por encima de la mujer, y a ésta como objeto del varón?

No es fácil, pero si seguimos negándose a ver que la solución pasa por romper los viejos moldes, será imposible reducir los altos índices de violencia contra la mujer (en todas las edades) y otra vez, y otra vez, y otra vez seguiremos lamentando, condenando, rechazando muertes como las de Eyvi Ágreda. Por lo demás, la cárcel no corrigen  las conductas machistas, lo hacen los psicólogos, las escuelas, los hogares.