Eiffel Ramírez Avilés

Nada más valioso que jóvenes repensando la tradición. Es, en sí, la tarea de toda juventud consciente de sus tareas y esperanzas. Pero el mismo término «tradición» impone mayores retos. ¿Qué entendemos por tradición y cuál debe ser la actitud de la juventud frente a ella? Una posición apreciable ha sido asumida por varios estudiosos sanmarquinos –Joel Rojas, Segundo Montoya y Carlos Reyes–, que reunidos bajo el Grupo Zulen, han dado a luz un libro que recoge una selección de escritos de Pedro S. Zulen, un filósofo peruano de inicios del siglo XX. La actitud de estos estudiosos fue la del redescubrimiento; la de rescatar a un intelectual significativo para la historia de la filosofía peruana.

Tal libro, «En torno a Pedro S. Zulen» (Fondo Editorial de la UNMSM, 2013), recoge una serie de artículos de este pensador peruano (1890-1925), quien se vio inmerso en el debate de la liberación del indígena y las teorías racialistas muy de moda en aquellas décadas iniciales del siglo XX. Sin embargo, Pedro Zulen no ha tenido la misma influencia y divulgación que otros pensadores contemporáneos suyos sí tuvieron, como por ejemplo, José Carlos Mariátegui o, anterior a este, Manuel González Prada. Hecho que nos desconcierta, pues la problemática planteada por Zulen es de gran relevancia y resulta a la larga un gran puente entre el siglo XIX y el siglo XX.

Intentaremos explorar este libro a través de dos puntos capitales en el pensamiento de Zulen: el problema del indio y la originalidad americana. En cuanto a lo primero, debemos preguntarnos antes cuál es el contexto en que Pedro Zulen propone su postura ideológica. El problema principal en los años que vivió este pensador peruano fue el de la explotación del indígena. Problemática que en el Perú no ha terminado de resolverse definitivamente –a pesar de que la Reforma Agraria ha sido un punto de inflexión importantísimo–. No ha concluido, pues aún en el escenario peruano existe la discriminación racial y todavía –me atrevo a decir– sigue presente en el imaginario popular aquella idea nefasta de la inferioridad frente a los países de Occidente. Volviendo a Pedro Zulen, quien defendió al indio de la explotación que venía sufriendo por parte de los gamonales, podemos decir que su posición fue en un sentido revolucionaria. En los tiempos de Zulen la segregación racial era absoluta. La sociedad era feudal y el indio se atenía a los mandatos de los latifundistas.

Respecto a la originalidad americana –aunque no se haya sido tan expreso como en el primer punto–, dentro de los textos incluidos en el libro en reseña se intuye un acicate de dar singularidad a la tradición peruana frente a las filosofías de Occidente. Esto es una aporía vieja. Podemos remontarnos incluso al debate entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas; polémica que continuó en todo el pensamiento peruano, siendo recreada incluso en el año 1977, con la publicación de «Bartolomé o de la dominación» de Augusto Salazar Bondy. Hoy también vivimos bajo la antigua pregunta: ¿Somos andinos o somos occidentales? ¿Cuántas trampas, cuántos esnobismos y cuántos conservadurismos y arcaísmos no han surgido por este dilema aparentemente irresoluble? Se han creado banderas inútiles. La tendencia de los filósofos peruanos seguirá siendo la de preguntarse por su originalidad, pero al final, pasado un tiempo, no serán más que meros capítulos de la filosofía de Occidente. Actual cuestión para nosotros, hombres de este siglo; misma interrogante para Zulen, hace más o menos cien años.

Ahora bien, veamos el primer tópico, el del problema del indio. Partiremos con una primera opinión zuleneana sobre el pasado inca en uno de los artículos contenidos en este libro en reseña («El Problema Nacional de la Educación», parte II), donde escribe:

“En un país aislado como el Tahuantinsuyo, dotado abundantemente por la naturaleza de todo cuanto el hombre podía desear, era lógico que existiera el régimen comunista. (…) Era, pues, un comunismo absoluto” (p. 27).

(Continuará).