Calles y ciudades para niñas y niños

Germán Vargas Farías

Una forma óptima de reconocer una ciudad segura y saludable, es por la presencia o ausencia de niñas y niños en sus calles. El psicopedagogo italiano Francesco Tonucci, lo expresa así:“Si hay niños en la calle significa que la ciudad está sana como estructura ambiental; si no se ven niños, si los niños están encerrados, significa que la ciudad está enferma”

Pude escuchar a Tonucci en Lima, en agosto del año pasado, y lo he recordado en estos días a propósito del confinamiento decretado, y de la norma dada por el gobierno autorizando la salida de niñas y niños a las calles.

Ya he escrito expresando mi aprobación a la medida del poder ejecutivo, y asumiendo lo que, desde Paz y Esperanza, y otras instituciones que conforman el Colectivo “Atrévete a criar con Amor”, se ha demandado. Al gobierno, que evalúe su implementación mejorando oportunamente lo que corresponda; y a padres, madres y cuidadores, cumplir con todas las prescripciones de seguridad para evitar el contagio de sus hijas e hijos.

He comentado también que, aunque haya observaciones, me alegra que algunas niñas y niños puedan respirar y caminar fuera de casa. Una objeción que hizo una amiga, y me parece atendible, es la enorme cantidad de niñas y niños que se quedan fuera del alcance de la autorización dada. Si contásemos los niños y niñas de las nueve regiones exceptuadas, de Callao, y de los 20 distritos de Lima metropolitana excluidos, son ciertamente la mayoría.

En un contexto como este, plantear que se amplíe la autorización a todos estos lugares, considerados con alto riesgo de transmisión, no parece ser prudente. Sin embargo, debe sopesarse la posibilidad generando espacios más seguros, sobre todo luego de extenderse la cuarentena por 35 días más.

Recordé a Tonucci porque creo que, aún en estas circunstancias, si calles y ciudades estuviesen diseñadas y construidas pensando en las niñas y los niños, serían más seguras y agradables para todos.

Hace mucho ya, que nuestras calles y ciudades se construyen y adaptan a un patrón: facilitar el tránsito vehicular en desmedro, muchas veces, del peatón. Y la tendencia parece irreversible. Se favorece el uso del automóvil, reduciendo y deteriorando el espacio público. Es necesario recuperar las ciudades para las personas, pero hace falta reconstruirlas para el uso y disfrute de las niñas y los niños. Solo así, la ciudad y las calles serán mejor para todos.

Algunos papás, mamás o tutores que, pudiendo hacerlo, decidieron que sus hijos e hijas salgan a la calle, lo han hecho con temor. Reconocen lo importante que es salir para la salud mental de niños y niñas, pero creen que el peligro es demasiado.

Se trata, entonces, de minimizar el riesgo, y será posible si, por ejemplo, pensáramos en entregar las calles a los niños, autorizando su salida por más tiempo en un día como los domingos, y el desplazamiento solo de las personas adultas que les acompañen.

La nueva convivencia social que propone el gobierno del presidente Vizcarra debiera procurar, además de la búsqueda del equilibrio entre la observancia de las medidas sanitarias para enfrentar la pandemia y la reanudación de las actividades económicas, un enfoque claro de derechos humanos y medidas concretas que hagan más sanas y seguras, y propicias para niñas y niños, nuestras calles y ciudades.

27 de mayo de 2020

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