La unidad en el mensaje

Germán Vargas Farías

No fue el mensaje emotivo, con la grandiosidad y poesía que algunos esperaban. Hubo palabras de más, información ya conocida y cosas que no dijo. Las circunstancias eran propicias para un discurso memorable. Estamos a un año de su partida, y atravesamos una crisis durísima que se dice —y creemos— va a pasar, sin que nadie sepa cuánto tiempo falta y cuán más grave será el costo.

Pero tampoco fue un mal discurso, y eso es lo raro. Algunos ponderan que no haya habido un tono confrontacional, creen incluso que ha tendido puentes, y aprecian una vocación por la unidad en las postrimerías de su gobierno. Quizás sea eso lo más llamativo, después de tanto tiempo de bilis y contienda.

El ciudadano peruano promedio puede ser crítico, incluso severo, pero siempre será receptivo a un llamado a la unidad. Más aún cuando son cerca de veinte mil las muertes reconocidas oficialmente por la pandemia de la covid-19, y probablemente en poco tiempo podrían ser veinte mil más.

El presidente Vizcarra ha dicho “tengo la seguridad que, si priorizamos lo que nos une, si dejamos de lado la pelea y avanzamos unidos, vamos a salir adelante”, y eso lo creen —o queremos creer— todas las personas al margen de la confesión o ideología que abracemos. 

A un año del bicentenario, y cuando se ha ido desvaneciendo la ilusión de la «patria soñada», el gran objetivo nacional ahora es superar la tragedia. Puede parecer que se encogen nuestras expectativas, pero yo diría que se reajustan, y hacerlo no implica resignar nuestros sueños y derechos. 

« El Pacto Perú convocado por el presidente es interesante, aunque existan dudas razonables sobre su viabilidad»

Si se dice que necesitamos estar “más unidos que nunca, dialogando y construyendo consensos para el bien de todos”, la pregunta inmediata es cómo se logra eso. El Pacto Perú convocado por el presidente es interesante, aunque existan dudas razonables sobre su viabilidad. El primer desafío para el gobierno será afinar la propuesta, y eso significa desarrollar la agenda y estar dispuesto a ejercer un liderazgo que, sin necesidad de encandilar, sea respetable.

Construir un sistema unificado de salud que garantice un servicio eficiente, transparente e igualitario; garantizar la calidad educativa eliminando la brecha entre educación urbana y rural con accesibilidad a educación virtual; promover el crecimiento económico sostenible y una economía social de mercado que beneficie a los ciudadanos y no solo a algunas empresas; continuar la reforma política y del sistema de justicia avanzando en la lucha contra la corrupción; y, Luchar contra la pobreza y pobreza extrema, cerrando brechas sociales históricas, es evidentemente una agenda ambiciosa, pero es también impostergable.

Lograrlo no solo permitiría llegar bien a las elecciones generales de abril de 2021, podría ser la oportunidad para a partir de ello sentar las bases para consensuar una forma de hacer política orientada a construir un país más justo y democrático.

En menos de una semana sabremos si este no será un nuevo intento fallido. Cuando el presidente del Consejo de Ministros, Pedro Cateriano, vaya al Congreso de la República para exponer los lineamientos de su gestión y solicitar el voto de confianza, el gobierno tendrá la oportunidad de explicitar su propuesta y, por la forma de responder a los cuestionamientos que desde ya se están manifestando, veremos qué tan dispuestos están a jugarse por ella.

Ciertamente no todo depende del gobierno del presidente Vizcarra, pero es quien ha planteado la iniciativa y a quien le corresponde hacerla creíble y efectiva sin ceder en nada que contraríe la dignidad y los derechos fundamentales. Que sea lo mejor para nuestro país, y para todas las personas que nacimos y vivimos aquí.

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