Alfabetización, derecho y esperanza

Germán Vargas Farías

Ayer, en el día internacional de la alfabetización, pude ver «Transformando Escuelas», un programa producido por la Municipalidad de Lima y Paz y Esperanza, que es transmitido vía Facebook Live, y escuchar de las invitadas información y reflexiones interesantes que estimé pertinente compartir con ustedes en esta columna.

Alfabetización y Acceso a la Escuela, fue el tema tratado, y la primera interrogante que se planteó es ¿a qué nos referimos cuando hablamos de alfabetización?

Se dice que no es sencillo definir alfabetización en la actualidad, pero podemos asumir básicamente, y, para empezar, que nos referimos a alfabetizar que, según la RAE, es la acción de «enseñar a leer y escribir». Cuando en nuestro país hemos hablado de alfabetización, se ha definido esta como la capacidad de leer y escribir a una edad determinada.

Tal vez sea usted una de las personas que cree, o creía, que después de años continuos de crecimiento económico ya habíamos superado el problema del analfabetismo en el Perú, no ha sido así. Las cifras varían, no son exactas, pero se calcula que la tasa de alfabetización es aproximadamente del 95%.

Es cierto que la alfabetización ha ido aumentando en los últimos años, y que el analfabetismo ha experimentado un leve descenso, pero es también real que el problema persiste. La población analfabeta, personas mayores de 15 años de edad que no saben leer ni escribir, es poco más de un millón de personas en nuestro país.

Eso es grave porque la alfabetización es un derecho humano y al desconocerlo, decía ayer Aurora Luna -una de las especialistas invitadas al programa- se le está privando a la persona del motor y recursos para superar la pobreza, y para ampliar sus oportunidades de desarrollo.

« Las regiones con mayores tasas de analfabetismo, están también entre las más pobres del país: Apurímac, Huancavelica, Ayacucho, Cajamarca y Huánuco»

Debe entenderse que al hacer eso con más de un millón de peruanos y peruanas, al conformarnos con el analfabetismo existente, o al invisibilizarlo, estamos frenando el desarrollo económico del país.

De modo que se trata de un asunto serio que es preciso afrontar generando alternativas para educar a las personas adultas, comenzando por garantizar su derecho de aprender a leer y escribir.

Hay que reconocer que el analfabetismo nos revela inequidades de todo orden. Una de ellas es la pobreza. Analfabetismo y pobreza están conectados. Las regiones con mayores tasas de analfabetismo, están también entre las más pobres del país: Apurímac, Huancavelica, Ayacucho, Cajamarca y Huánuco. 

Hay personas que no estudian por su situación de pobreza, y entre ellas son más las mujeres. Que el 74% de las personas analfabetas son mujeres no es un dato casual, expresa exclusión por estereotipos de género.

Ayer también se habló del analfabetismo funcional, entendiéndose por tal la incapacidad de una persona para utilizar su capacidad de lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en las situaciones habituales de la vida.

Mientras un analfabeto es aquel individuo que no sabe leer ni escribir, un analfabeto funcional lo puede hacer con limitaciones para identificar, entender, interpretar, crear, comunicar y calcular. Son, por lo general, personas que estudiaron pocos años de primaria, y que al pasar el tiempo olvidaron lo aprendido.

Se trata de personas que no han tenido espacios ni oportunidades adecuadas para ejercitar las habilidades adquiridas, y a quienes debiera proveérseles medios para ello. Sin embargo, todo esto se dificultó aún más con la pandemia. Los programas de alfabetización de adultos existentes se suspendieron, y apenas se han mantenido algunos cursos de manera virtual. 

Considerando que la alfabetización es un derecho humano, hay que tener presente lo dicho por Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, con motivo del Día Internacional de la Alfabetización: «En un momento en el que necesitamos reinventar un mundo de esperanza, la cuestión de la alfabetización reviste más importancia que nunca. Por ello, en este Día Internacional, invito a todos los agentes que intervienen en la educación a que redoblen sus inversiones y movilicen todos sus recursos para realizar el potencial de todas las personas al servicio de un mundo compartido.»

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