Ser joven en tiempos de pandemia

Quizás usted dirá que la situación está complicada para todos, que los jóvenes son más fuertes y pueden resistir mejor la situación, que las cifras indican que hay menos muertes entre ellos, y que siempre hay poblaciones más vulnerables a las que se debe prestar prioritaria atención.

Quizás habrá visto, a través de los medios, a personas jóvenes que no respetan las medidas para prevenir la propagación del nuevo coronavirus, que salen a jugar una ‘pichanguita’ y la finta más frecuente es la del uso de la mascarilla, que se reúnen en bares y discotecas, y lo siguen haciendo pese a que a algunos les ha costado la vida.

Quizás usted ha escuchado que son unos irresponsables, que no tienen respeto por nada, que son en gran parte culpables de los rebrotes, incluso ‘cómplices’ de la muerte de sus seres queridos, y que ya va siendo hora de reprimirlos, porque parece que no hay otra forma de hacerles entender. 

Pero quizás también ha tenido oportunidad de ver, leer, escuchar y reconocer otros hechos, datos e informaciones, que pueden ayudarle a entender que no todo es como se dice, que conviene y es justo tomar distancia de aquello que estigmatiza a los jóvenes, y que la generalización, a veces útil, en situaciones como estas conduce al prejuicio, a la descalificación, a la negación, todo lo cual provoca daño.

Veamos, si bien es cierto que la enfermedad no se manifiesta tan gravemente como en las personas adultas mayores, ahora sabemos bien que los jóvenes no son inmunes al COVID-19. Y conocemos, también, investigaciones como aquella codirigida por la Universidad de Málaga y la Universidad Complutense de Madrid, que concluye que las personas más vulnerables al confinamiento y a la situación generada por la pandemia son los jóvenes.

«Si bien es cierto que la enfermedad no se manifiesta tan gravemente como en las personas adultas mayores, ahora sabemos bien que los jóvenes no son inmunes al COVID-19»

El impacto emocional del COVID-19 en los jóvenes es muy fuerte. En este sector de la población la pandemia irrumpe y «rompe o amenaza sus proyectos vitales», dificultando la interacción social tan importante en esta etapa de la vida, y provocándoles ansiedad o depresión.

Si antes de la pandemia 1 de cada 5 jóvenes era pobre, y si ya entonces había un déficit significativo de empleabilidad, trabajando más del 75% de los jóvenes en condiciones de informalidad, la probabilidad de estar desempleados ahora o después, o de una mayor precarización laboral, se incrementa.

Como puede apreciarse, el impacto de la pandemia que algunos creen no es muy grave en los jóvenes, solo sería así al principio. Es evidente que amenaza el bienestar de los jóvenes, su acceso al empleo, y también a la educación, afectando enseguida su estado emocional y la salud en general.

En un país donde 3 de cada 10 son jóvenes, es decir con más de 8 millones de jóvenes, y con tanta diversidad, de género, étnicas, geográficas, etc., no se puede afirmar simplonamente que los jóvenes son irresponsables.  Aquí me he referido a parte del impacto que la COVID-19 tiene en los jóvenes, pero es mucho más que eso si tiene en cuenta las dificultades en la educación, y a otros aspectos relacionados con el desarrollo personal y la sexualidad, por ejemplo.

De modo que más que ceder al recurso fácil de descalificar a los jóvenes, y de echarles la culpa por una situación que, si lo analiza bien, les perjudica gravemente, debiéramos intentar comprender mejor la cosas y contribuir para que desde el Estado, pero también desde la familia y la comunidad, se les brinde condiciones para su bienestar, lo que además de su derecho, será finalmente beneficioso para todos.

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