La indignación de un pueblo

El pueblo peruano se ha movilizado y ha derrocado al dictador, aunque el costo ha sido alto: dos vidas cegadas por la violenta represión policial en defensa del régimen instaurado tras el golpe de Estado perpetrado por el Congreso de la República.

Las ansias de un grupo por capturar el poder han empujado al país a una grave crisis política en medio de la emergencia sanitaria más compleja de la humanidad y de la severa crisis económica.

Desoyendo las encuestas que aseguraban que los peruanos se oponían a la vacancia presidencial, un grupo de parlamentarios, varios de ellos —con prontuario policial y penal entre los que está el mismo Manuel Merino— decidieron la vacancia de la Presidencia de la República por «incapacidad moral permanente» de Martín Vizcarra y colocaron a Merino en la Presidencia de la República.

Y entonces la gente se volcó a las calles de manera masiva y pacífica en todo el país. En Lima, la capital de la República, la Policía recurrió a la fuerza y al abuso para intentar apagar una de las mayores movilizaciones que haya registrado la historia del país.

Esa violenta represión cobró la vida de dos jóvenes en la segunda marcha nacional y en el sexto día de movilizaciones en Lima. La sangre de Inti Sotelo y de Briam Pintado terminó por precipitar la caída de Merino que se ha quedado solo.

Que no se olvide nunca, de lo que es capaz la indignación y unidad de un pueblo.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *