La falta de identidad y la informalidad política

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

«¡Oiga!, hay demasiados vendedores ambulantes, transportistas informales, negocios que operan al margen de la formalidad; eso le hace daño a la economía del país e impide nuestro desarrollo…» Le escuché decir a un vecino ilustre de nuestra ciudad, en referencia a la informalidad que era parte de nuestra ciudad. Razón no le falta.

La informalidad es una característica actual de nuestra sociedad y está presente en cada dimensión de ella y donde la política no es la excepción; pero por su naturaleza, es quizá donde menos se nota, pero donde más daño hace. Y entendemos por informal, todo aquello que se aleja de las normas y las reglas que dan forma y orden a una determinada organización o situación, a fin de tener predictibilidad y confianza en ella. El formal es el que cumple las reglas y las normas; el informal es el que no las cumple, o como diríamos en criollo: «el que le saca la vuelta».

La informalidad en la política se evidencia en primer lugar en el transfuguismo y la mutación permanente de políticos que cambian de piel, de discurso y de partido con la misma facilidad que cambiar de camiseta. Así vemos a políticos que, en cada elección, aparecen con un partido distinto y con un discurso y promesas diferentes o renovadas. Ustedes me dirán: «Oiga Borja, pero eso no es ilegal, la ley lo permite». Claro que sí, la ley no impide que una persona cambie de partido las veces que quiera; pero la política no se trata solo de las personas, se trata de las instituciones, las organizaciones que forman parte del sistema político. Esa es su estructura y campo gravitacional más importante y ahí padece su informalidad. Como el consumidor que, preocupado por adquirir un producto o llegar rápido a su destino, no repara en si el vendedor y el transportista es formal. Igual al elector o al candidato que busca representación, no le importan la formalidad y solo buscan cumplir por cumplir los requisitos formales. Como el bayatero que cuelga su botellita vacía de alcohol y pone su letrerito de distanciamiento para evitar que lo multen y poder trabajar.

Otra clara muestra de la informalidad política que padecemos han sido las elecciones internas del fin de semana, donde de más de un millón seiscientos mil militantes inscritos en los 24 partidos que participan en las elecciones generales del 2021, no acudieron a votar ni siquiera el 5 %. La razón es sencilla, muchos de esos militantes inscritos ni siquiera saben que militan en un partido, firmaron para apoyar a un amigo, o porque les dieron una galleta, o creyeron que de esa manera podían ganarse «alguito» cuando ese partido logre una elección. Todas esas son razones comunes e informales que solo distorsionan la realidad precaria que vive la institucionalidad política y claramente, los partidos políticos.

Por eso, es importante afirmar que la razón principal que motive a una persona a militar debe ser la afirmación de una identidad política en torno a un conjunto de ideas y la responsabilidad de comprometer tiempo, recursos y esfuerzo para lograr que esas ideas se conviertan en leyes o políticas públicas; o en su defecto, para defenderlas de quienes opten por ideas contrarias. Eso implica defender principios, valores e ideas en lugar de líderes y personas; solo de ese modo, se logra institucionalidad y las organizaciones pueden renovarse y seguir vigentes, porque están hechas sobre ideas y no sobre personas.

Los partidos políticos han renunciado a su rol de canalizar ese conjunto de ideas y principios para ser asociaciones de interés económico, laboral o amical; sin entender que la única razón para que existan es justamente para agrupar militancia en torno a un código de principios e ideas. Si renuncian a eso, se convierten en meros vehículos electorales, vientres de alquiler o negocios familiares, incrementando más la informalidad de nuestro sistema político. Y solo para graficar la incoherencia que conlleva la informalidad, hace unos días el expresidente Vizcarra anunció que postulará al Congreso con un partido que votó por su vacancia. Después de haber criticado ácidamente la impunidad del parlamento, ahora él, con 68 denuncias y con una orden de impedimento de salida del país, postula por un partido convirtiéndose en la imagen más visible de la informalidad política que impera en el país y que debemos cambiar.

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