¿Y pagamos nuestros tributos?

Josué Canchari de la Cruz Docente Fac. de Ciencias Contables y Financieras – Unheval

Los tributos nacen junto a nosotros. Es algo que no podemos evadir totalmente. Desde que concebimos la vida iniciamos pagando el tributo de forma indirecta; desde el hecho de comprar prendas del recién nacido, medicamentos, servicio de parto, etc. Así inicia nuestra vida que estará marcada de tributos por el resto de nuestros días.

Los tributos son una obligación de todo ciudadano. Pagamos para el sostenimiento del gasto público. El tributo está compuesto por impuestos al gobierno central, regional y local, contribuciones a instituciones públicas y tasas. El impuesto sirve para financiar el gasto público (sueldos de empleados públicos, deudas del Estado, obras públicas, bonos y en este caso por  la pandemia, etc); mientras las contribuciones son un pago para recibir una contraprestación como en el caso de EsSalud; las tasas se pagan para hacer uso del servicio que da el Estado, como la emisión de partida de nacimiento, licencia de funcionamiento, etc.

Entonces, está claro que los tributos crean justicia y sirven para el financiamiento del gasto público. En este caso, nuestro país utilizó una gran parte de reservas para destinarlas a los bonos para las familias vulnerables, entregados durante la emergencia sanitaria.

¿Y QUÉ DA EL ESTADO?

Si nos preguntamos sobre el pago de tributos, la gran mayoría coincide en que no desea pagar y esto se resume en «conciencia tributaria». Pero realmente la cultura tributaria se ve desvanecida en los contribuyentes debido a la corrupción que existe. Y esto va aumentando cada vez más. Ya nadie confía que sus tributos sean bien destinados y bien gastados. Se escucha mucho decir a las personas: «¿Para qué pagar? Igual van a robar». No tienen confianza en sus autoridades para que el gasto sea ejecutado de manera transparente.

«La cultura tributaria es la única herramienta para combatir a la evasión tributaria»

Los ciudadanos hacen lo posible para evadir o reducir el pago de tributos y si pagan es para estar tranquilos y evitar futuras contingencias tributarias.

En cada operación de nuestra vida estamos tributando, lo hacemos desde la compra de un caramelo hasta la venta que realizan las empresas. Los ciudadanos estamos obligados a pagar los tributos, desde el hecho de tener un vehículo, una casa, un negocio, un trabajo, etc.; sin embargo, los ciudadanos también tienen que pagar escuela privada, salud privada, seguridad privada, etc, todo ello indigna al contribuyente de seguir pagando sus tributos. A todo lo mencionado, se suman las calles de la ciudad con baches, carreteras con hoyos y deteriorada que atenta contra la vida; y para colmo, algunas pistas sin señalizar, carreteras sin mantenimiento y otras sin asfalto, inseguridad, basura, etc.

DISTRIBUCIÓN DEL PRESUPUESTO

El Estado procura en lo posible distribuir los recursos captados por los tributos; sin embargo, es insuficiente para cubrir todas las necesidades de los ciudadanos. La distribución de los recursos públicos en algunos casos se realiza de forma incorrecta, tal es el caso del canon minero que se distribuye a distritos e instituciones que tienen presupuesto considerable.

El Estado, en su esfuerzo de llegar a atender a la población realiza obras públicas, aunque centralizadas en la capital del país, del departamento, de la provincia o del distrito.

Se dice que los impuestos crean justicia. Es cierta esta frase cuando los recursos son distribuidos adecuadamente (población, pobreza, necesidades básicas, etc). En nuestro país existen pueblos muy olvidados por el Estado (no tienen agua, luz, salud, educación), viven en extrema pobreza, con condiciones de vida ínfimas y que casi nunca recibieron apoyo.

QUÉ PODEMOS HACER

Para generar la cultura tributaria, se requiere un trabajo a largo plazo, iniciando la sensibilización desde la educación inicial, con mecanismos que permitan mayor transparencia de los gastos públicos, un mayor control a las autoridades que manejan fondos públicos para así evitar fraudes y romper el centralismo con la distribución equitativa de los recursos públicos, de acuerdo con la necesidad real de cada lugar.

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