El extraño caso del (ex) ministro Aliaga

Germán Vargas Farías

Una advertencia que circuló en redes sociales durante los días que Manuel Merino fungió de presidente, era que cualquier persona que optase por pasear en el centro de Lima debía tener cuidado pues lo podrían detener para convertirlo en ministro.

Era evidentemente un chiste, pero se aludía a la dificultad que tuvo el usurpador gobernante para conformar su gabinete. Los cuestionamientos a la legitimidad de su gobierno y el enorme rechazo ciudadano, hacían prever que la apuesta para cualquier aspirante a ministro o ministra era, en esas circunstancias, bastante riesgosa; y, sin duda, fueron varias las personas convocadas que habrán dicho algo así como ¡no, gracias, quizás en otra ocasión!

Merino logró a duras penas persuadir a un grupo de espectros para que gobiernen con él, pero antes tuvo que pasar por la inédita experiencia de juramentar a un primer ministro, Flores-Aráoz, solo, revelando la lejanía con la gente y, además de eso, su desconexión y total incompetencia para entender la realidad.

«El gobierno de Sagasti ya tiene bastantes adversarios fuera, que es absurdo que se invite a uno, o más, a torpedearlo desde adentro»

Asumió la presidencia Francisco Sagasti, y cuando creíamos que tendríamos una transición con un equipo ministerial firme y con ideas claras, advertimos que al menos en uno de los sectores la condición de los inquilinos era absolutamente precaria. 

Tres ministros del interior en tres semanas de gobierno es realmente un récord; sin embargo, podría entenderse considerando que se trata de uno de los sectores más complicados del gobierno nacional. Como se sabe, no hay otro que registre tal grado de movilidad, ha habido 32 ministros del Interior en veinte años y, ciertamente, hay razones que lo explican.

Lo inexplicable es que llegue a ser ministro de una cartera tan importante un personaje como Cluber Fernando Aliaga Lodtmann, ministro del Interior por 5 días, que parece haber asumido el encargo como si Merino de Lama fuera el presidente, y Flores-Aráoz el Primer Ministro; es decir, desconectado totalmente de la línea señalada por el actual presidente de la República, y Violeta Bermúdez, la presidenta del Consejo de Ministros.

Escuché su presentación ante la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso, y me pareció inaudito que ese fuera el ministro del presidente que reconoció que las marchas de noviembre habían sido democráticas, «prácticamente, sin violencia», y que no vaciló en pedir perdón a las familias de Jack Pintado Sánchez e Inti Sotelo Camargo, los dos jóvenes asesinados en las protestas.

Cluber Aliaga dijo en el Congreso todo lo contrario, calificó como «delincuencial» la forma como se desarrollaron las marchas, y no se refirió a la represión policial claramente excesiva que, además de la muerte de Pintado y Sotelo, produjo decenas de personas heridas. 

La noche anterior, en el programa Agenda Política de Canal N, ese mismo señor había calificado de «apresurado» el pase a retiro de 18 general de la Policía Nacional, discrepando pública y abiertamente con una decisión que en uso de sus atribuciones había adoptado el presidente Sagasti.

¿Cómo así un personaje como Aliaga llegó a ser ministro del Interior?, ¿en qué esquina del centro de Lima lo encontraron? Raro, realmente.

La primera ministra ha señalado que le expuso con claridad a Aliaga la posición del Gobierno de transición, pero que al parecer este no comprendió. Añade Violeta Bermúdez, «si no compartía los objetivos, la verdad es que no debió aceptar el cargo porque la posición del Gobierno ha sido clara desde el día que el presidente Sagasti asumió la presidencia».

Bermúdez lamenta la equivocación en la designación del señor Aliaga como ministro, y dice haber corregido de inmediato. Sin embargo, queda la duda sobre cómo se confían y encargan funciones tan importantes para el país. Ha trascendido que Aliaga llega al Gabinete Ministerial por una recomendación que le hicieron a la primera ministra. «Lo calificaron como una persona que podía entender el campo policial pero también el civil».

¿Tan mínimas son las condiciones para ejercer la titularidad de un ministerio?, sería gracioso si no fuera porque en 5 días como ministro tuvo la posibilidad de hacer daño. Y lo hizo, particularmente, afectando a quien le confió una gran responsabilidad. 

Esta situación deja varias lecciones. Una se debe, al menos, aprender. Hay que elegir bien el equipo. No se trata de convocar al primer recomendado, ni de obviar la necesaria revisión y evaluación de sus antecedentes. El gobierno de Sagasti ya tiene bastantes adversarios fuera, que es absurdo que se invite a uno, o más, a torpedearlo desde adentro.  

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *