La ONP: urge reforma integral

Teresa Chara de los Rios

En un país donde aproximadamente el 80 % de la población vive en la informalidad, tener un trabajo formal, percibir un sueldo fijo mensual, dos gratificaciones al año, CTS, y aportar a EsSalud o a la ONP (público) o a la AFP (privado) es estar en un grupo poblacional privilegiado.

Si estamos en la ONP y queremos jubilarnos para acceder a una pensión de cesantía o jubilación, debemos haber cumplido  65 años de edad y tener un mínimo de 20 años de aportación. Durante esos 20 años se nos descontó mensualmente 13 % de la remuneración el mismo que fue depositado en un fondo común, no individualizado administrado en el SNP.

Para fijar el monto de la pensión de jubilación, se promedia las remuneraciones que obtuvo durante los últimos 36 meses antes de su jubilación. Debemos tener en cuenta,  que hay bonificaciones que no son pensionables y que hay un tope máximo de pensiones.

Un ejemplo sencillo que podría ilustrar mejor esta situación es la de un trabajador que percibió una remuneración de 1000 soles mensuales y se le descontó el 13 % mensual por la ONP.  Al año su aporte llegaría a S/ 1560 y si esto lo multiplicamos por los 20 años de aportación, el monto total aportado sería de S/ 31 200.

Si este mismo trabajador, recibe una pensión de jubilación mensual de S/ 500 soles, en un fondo privado, en menos de cinco años ya se habría agotado todas sus aportaciones. Sin embargo, la ventaja de estar en la ONP es que su pensión de jubilación la cobrará, aun cuando el total de sus aportaciones haya sido inferiores al monto mensual que recibirá por el resto de su vida, incluso, en caso de fallecimiento, la viuda u otros familiares que califiquen de acuerdo a Ley,  podrían seguir cobrado un porcentaje de su pensión de jubilación.

Entonces, quién le paga la diferencia? Los trabajadores activos, con sus aportes mensuales, y de haber déficit, se completan con fondos del Tesoro Público y Fondo Consolidado de Reservas Previsionales. 

Actualmente, el régimen de contratación más frecuente en el sector público y privado es  CAS y la tercerización de los servicios, por tanto, no hay aportes a la ONP, lo que dificulta su sostenibilidad.

Lo perverso del sistema de la ONP es con los trabajadores que han aportado menos de 20 años. Por ejemplo, una persona que aportó a la ONP 18 años y luego se quedó sin trabajo, cualquiera sea el motivo, no tiene derecho a una pensión de jubilación y pierde todo lo aportado durante los 18 años, quedando fuera del sistema de pensiones, y en caso de fallecimiento, sus familiares también.

Ninguna persona debería quedar desprotegida en su vejez o por discapacidad. Tampoco  es correcto pedir al trabajador que adjunte sus boletas o medios de verificación de sus aportes, eso debe hacerlo el SNP, más aun cuando hay empresas que ya no existen y otras que no cumplieron con pagar las aportaciones de los trabajadores.

Urge una reforma integral de la ONP. Se ha planteado pensiones escalonadas de acuerdo al tiempo aportado y otras fórmulas más. Lo importante es que el SNP sea revisado y modernizado, con una data actualizada y personalizada de cada aportante desde sus inicios laborales.

El tema cobra relevancia y viene siendo usado dentro de las ofertas de campaña electoral. Terminada la campaña, se olvidarán.

Los esfuerzos del Gobierno deben estar orientados a cerrar la brecha laboral del sector informal.  La entrega de bonos es muy útil sobre todo en la situación de pandemia que vivimos, sin embargo, son medidas paliativas que no abordan el problema de fondo.

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