Santa y sus tejidos para hacerle frente a la adversidad

Santa Mirabal Cadillo no hace milagros, pero sí hace unos tejidos maravillosos que su padre, en una suerte de herencia familiar, le enseñó desde muy niña, y que ahora, en medio de la pandemia de la covid-19 que afecta al mundo, le sirven para sacar a su familia adelante. 

Nacida hace 32 años en el distrito de Punchao, provincia de Huamalíes, en Huánuco, Santa ingresó al programa Juntos del Midis en noviembre del 2012, en donde aprendió la importancia de que su hija Janina (14) fuera al colegio.

Inicialmente vendía los tejidos que elaboraba en su pequeña casita de adobe y tejado, típica del barrio Tacas, donde creció, pero ahí nadie los veía y las ventas eran muy bajas. Es así que se llenó de valor y se lanzó a la aventura de emprender su propio negocio.

Usando unos pequeños ahorros de los bonos recibidos del programa Juntos, alquiló un local en la plaza de armas de su distrito e inició un verdadero cambio en su vida. “Exhibiéndolos, comencé a vender más y los compradores, incluso, me pedían verme tejer en mi casa porque no creían que fuera yo quien los confeccionaba”, cuenta, tras agregar que los días de mayor venta son los domingos y los feriados.

Santa aprendió a tejer a muy temprana edad. Don Alejandro, su padre, le enseñó a tejer en telar, una labor generalmente propia de hombres porque exige mucha fuerza. Ahora, la apoya en la atención de la tienda y los cuidados del hogar. 

Santa en uno de sus primeros emprendimientos: la crianza de los cuyes.

“Mi mamá hacía fajas y mi papá tejía mantas y frazadas. Yo opté por lo que hacía mi papá, pues daba más dinero y podíamos comprarnos algo”, dice Santa, quien además recuerda que participó en concursos y exhibiciones en su distrito y Llata, capital de la provincia, tras perfeccionar su arte.

Para Santa, Juntos llegó en un momento oportuno, no solo porque aseguró que su hija Janina continúe sus estudios, sino porque el dinero del programa representó para ella un pequeño capital para iniciar varios emprendimientos antes de animarse por la tienda y los tejidos. 

Su primer emprendimiento fue un galpón de cuyes y, además, comenzó a criar animales de corral como gallinas y cerdos. “Yo no soy una persona conformista. Antes teníamos con las justas para sobrevivir, pero ahora estamos mucho mejor”, sostiene.

La vida de Santa no ha sido fácil. Su madre murió hace más de 14 años y ello no solo implicó un profundo dolor y un vacío que aún le cuesta superar, sino que, además, tuvo que asumir la responsabilidad de educar a su recién nacida hija, y encargarse de sus tres hermanas menores (de 16, 9 y 7 años). 

Y vaya que lo hizo bien. Hoy dos de sus hermanas estudian carreras técnicas en Lima y ella, aunque tuvo que abandonar sus estudios para trabajar, luego pudo completarlos bajo la modalidad de educación a distancia.

Durante las mañanas, mientras su hija alimenta a sus animales y su padre abre la tienda, ella realiza sus faenas de tejido. Estando en Juntos, afirma, redobló sus esfuerzos para sobresalir, teniendo como motivaciones a su padre, a su hija y a ella misma. 

Janina, su hija, reparte su tiempo entre sus estudios virtuales en el colegio nacional de Punchao, las tareas de la casa y la atención en su tienda. Le gusta la lectura: José María Arguedas y César Vallejo son sus autores favoritos. 

Con su hija Janina, su esperanza y fortaleza.

“Mi padre se enferma con frecuencia y necesita mucho cuidado, yo lo apoyo y él me apoya en lo que puede. En cuanto a mi hija, mi deseo es que sea profesional, algo que yo no pude ser. Entre las dos, luchando, confío en que lo podemos lograr”, dice Santa, quien, aunque no hace milagros, considera que el éxito de sus emprendimientos son un verdadero milagro. 

En el distrito de Punchao, Juntos atiende a 263 hogares afiliados y promueve el acceso a los servicios de salud y educación de 519 gestantes, niños, adolescentes y jóvenes menores de 19 años. Juntos es un programa social condicionado que entrega 200 soles a una familia a cambio del uso de los servicios de salud y educación.

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