‘‘Shaprón’’, un huanuqueño grande de corazón

Abelardo Flores Bernal, más conocido como «Shaprón Flores», ha sido todo un personaje en Huánuco. Hombre campechano, hablador, de voz fuerte, muy generoso.

Era un «mil oficios». Fue uno de los primeros y pocos taxistas en Huánuco. Trabajó operando máquinas en una mina. En tiempos duros participó en combates de catchascan, peleando para tener un poco de ingresos para su familia. No tuvo una profesión, pero en casa coloquialmente lo llamaban el  «piedrólogo de la familia» ya que en sus últimos años laborales, los dedicó a manejar un volquete llevando materiales, como arena y hormigón para las construcciones de Huánuco.

Fue uno de los que lideró la toma de tierra de Paucarbamba. Si bien ayudó a que cientos de personas tuvieran un terreno y un lugar donde vivir, nunca tomó un terreno para él. En ese reconocimiento cada 28 de agosto, la Municipalidad Distrital de Amarilis le rendía homenaje junto a otros precursores que aún están en vida.

Contaba muchas anécdotas de la toma de tierras, como por ejemplo, para que la policía no los golpeara o disparara durante el avance colocaron en primera línea a las mujeres y los niños porque sabían que en ese entonces, la policía no tocaba ni a mujeres ni a niños. Los hombres iban detrás y así pudieron avanzar sin mayores dificultades. Otra anécdota que contaba, fue que al día siguiente de la toma de tierra, una señora embarazada dio a luz en medio de las carpas precarias y él como bombero y con conocimientos en primeros auxilios, junto con otras personas, ayudó a traer al bebé con éxito. Hay muchas más. Algún día alguien escribirá sus historias.

Amaba a la Compañía de Bomberos N° 52 «Salvadora Huánuco». Se sentía muy orgulloso de pertenecer a esa institución, llegando a tener el grado de comandante y retirándose con el cargo de Brigadier CBP. Entregó su vida al servicio de este noble oficio. Su voz fuerte, al mando, se hacía escuchar en medio de una situación de emergencia o apagando un incendio. En varias oportunidades brindó su apoyo económico a la compañía, comprendiendo que las necesidades eran muchas y el presupuesto escaso para seguir operando y sirviendo a la sociedad.  No era de renegar, pero lo hacía cuando salían apresurados a hacer su trabajo y se encontraban que habían sido víctimas de llamadas falsas hechas por personas inescrupulosas.

Era un gran promotor de la labor que hacían los bomberos. Siempre motivaba a los jóvenes para que se incorporen a la Compañía de Bomberos. Contagiaba su entusiasmo.

En lo personal, le gustaba contar historias de su vida pasada, donde la mayoría era verdad pero con matices de su fantasía. Era muy divertido porque si bien el contenido de la historia era real, él le ponía sus aderezos y adiciones, causando gracia y haciendo estallar en risas a quienes lo escuchaban.

Velatorio en la Compañía de Bomberos.

Hasta el año pasado, era un infaltable caminante con destino a la Plaza de Armas de Huánuco. Con su lenta y redondeada silueta, acompañada de su bastón, llegaba para reunirse con sus compañeros sentados en una de las bancas frente a La Catedral. Todos se divertían con sus ocurrencias e historias inventadas.

Era un hombre de buen comer y beber. Le encantaban los platos típicos de Huánuco, siempre con una gran dosis de rocoto. Le gustaba comer el famoso «cachuelos» un pescado pequeño y de gran sabor, frito en abundante aceite hasta que quedara como una galleta, acompañado de su infaltable taza de café bien cargado y caliente. En sus últimos días, internado en el hospital, añoraba salir para tomar su taza de café con un buen trozo de queso. Amaba la vida y se aferró a ella hasta sus últimos momentos.

«Shaprón Flores» se ha ido físicamente pero sus obras, lecciones, enseñanzas y anécdotas, estarán en nuestras memorias y corazones. Una frase que quedará grabada en nuestra memoria fue cuando sus restos llegaron a casa, acompañado del bullicio de las sirenas del carro de bomberos, alguno de los presentes gritó. «¡No dejen de sonar las sirenas… un grande se ha ido de Huánuco!». Solo con esa expresión tan simple y sencilla, representó el reconocimiento a un hombre que entregó su vida al servicio de la comunidad.

Tu esposa, hijos, nietos, bisnietos, familiares y amigos te acompañaron hasta tu último descanso, con el consuelo de saberte querido y reconocido socialmente. Descansa en paz querido Brigadier Flores. Hasta siempre «Shaprón». (Teresa Chara)

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