1984

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

1984. Es el titulo de una novela escrita por George Orwell, hace más de 70 años, en la cual se narra los sentimientos y pensamientos de Winston Smith en medio de una realidad ficticia en la cual todos son controlados por un ente que ha calado en todo nivel de vida y que tiene en el gran hermano al líder de este aparato de control que te vigila y mediante ministerios como el de la verdad, la paz, la abundancia y el amor, te gobierna.

Es una novela de ficción política sin duda, pero es a la vez una clarividente aproximación a la realidad material de cierto totalitarismo, ese que aún cuando no nos demos cuenta, como en la novela, va calando en la vida de las personas, hasta convertirlas en títeres bajo los hilos de un titiritero; convirtiendo la libertad en una ilusión y acostumbrando el pensamiento a seguir pautas únicas que gocen del beneficio de la ley y su casi sacra aceptación, con el paradójico añadido de que muchas veces es solo la extensión de caprichos irracionales y anticientíficos. Como cuando se aprueba una ley para asesinar bebés en gestación y se le llama “derecho” o cuando se asume que la identidad sexual de las personas no la determina su sexo natural; sino, su elección socialmente construida.

Ya desde hace un buen tiempo, los peruanos debemos circunscribir nuestras acciones y nuestra forma de pensar a lo que sea políticamente correcto y cuente con el aval legal del Estado; aquellos que osen saltarse esos márgenes terminan con problemas judiciales o vapuleados y triturados en los hornos virtuales; y todo, por tener la osadía de disentir y levantar una voz propia. Esa tendencia al consenso como regla mata la democracia, en cuya naturaleza están precisamente la diferencia y la tolerancia y cuya primera minoría es el individuo, tal cual lo sentenciará la célebre filosofa objetivista Ayn Rand, autora de esa monumental obra llamada: “La rebelión de Atlas”, que, por cierto, recomiendo leer.

«La pandemia ha generado un gasto brutal e ineficiente de los ahorros públicos de años, y el Estado está hambriento y voraz, por eso ahora, inconstitucionalmente se pretende vulnerar el secreto bancario y la reserva tributaria»

La pandemia ha generado un gasto brutal e ineficiente de los ahorros públicos de años, y el Estado está hambriento y voraz, por eso ahora, inconstitucionalmente se pretende vulnerar el secreto bancario y la reserva tributaria para vigilar las cuentas de cualquier peruano que llevé su dinero al sistema financiero y perseguir a quienes osen dejar de pagar un céntimo de impuestos, dinero que probablemente será mal usado o diluido en actos de corrupción, tal como hemos estado advirtiendo en este último año y en los anteriores. Por eso no nos extraña que iniciemos el año con la publicación del Decreto Supremo 430-2020-EF, mediante el cual se obliga a bancos y financieras a reportar a la Sunat los movimientos de todo aquel que tenga más de 10 mil soles en una cuenta bancaria; activando una vez más la lógica de presionar al contribuyente con impuestos y hacernos pagar las farras y mal uso de los recursos públicos.

Humildemente creemos que esta medida tendrá efectos negativos y no ayudará a lograr los objetivos mencionados en la norma; que son las de evitar las evasiones y elusiones tributarias; por el contrario, los efectos que va a tener es probablemente el ahuyentamiento de los depósitos por parte de naturales y jurídicos en los bancos, el ser humano gusta de la intimidad y la reserva en sus asuntos financieros y si desde ya desconfía de los bancos; ahora, esta desconfianza crecerá más, y eso en un momento en que el sistema financiero necesita mayor dinamismo y confianza ralentizará la reactivación económica. También se corre el riesgo que la medida pueda servir para perseguir y acosar a enemigos políticos, pues la verdad no me fío de las autonomías y neutralidades de los organismos llamados autónomos; experiencias similares ya las vimos en el decenio fujimorista. La norma tiene viso de inconstitucionalidad y abre una peligrosa brecha por donde tácticas y medidas propias de la ficción orwelliana pueden irse abriendo paso, en medio de la confusión, la pasividad y la despreocupación de la ciudadanía. Alertar eso es muy importante, aún cuando no tengamos diez mil soles en una cuenta y pensemos que esa medida no nos afecte.

Como renglón aparte; el año 2020 se cerró con la aprobación del aborto legal hasta las catorce semanas por el senado argentino; las feministas celebraron eufóricamente y agitaron sus pañuelos verdes, con eco en Perú; y mientras ellas celebraban yo me preguntaba: ¿Cómo es que el asesinato de inocentes puede ser causa de una celebración? y me prometí que nunca apoyaría una medida así en mi país.

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