Mirando compasivamente a la ciudad

Andrés Jara Maylle

UNO

Voy al mercado mayorista de Puelles y presiento que la vida allí sigue como si nada hubiese pasado, nada está pasando y nada pasará. La gente no tiene la menor idea de la llamada “distancia social”, descree en el uso de la mascarilla, desconfía del lavado de manos y hasta ponen en duda la existencia del malhadado virus chino.

En la zona de verduras, los pasadizos están saturados por gente que vende o compra de todo: pepinillos, camotes, cebollas, zapallos, pimientos. El mundo allí se mueve a su propio ritmo, nadie piensa en el virus asesino, los pocos que usan mascarillas lo tienen colgado en el cuello. Cuentan dinero, cambian en sencillo y no se lavan las manos ni se rocían con alcohol.

En medio de toda esa usual pero peligrosa congestión un desconocido candidato de un desconocido partido político, portando una bandera peruana reparte pequeños calendarios en los que resalta su foto, su nombre, su número y su símbolo partidario con el que pretende (esta vez) llegar sí o sí al congreso. Parece un hombre solitario en medio de la turbamulta y nadie le hace caso. Los que reciben su calendario dan una rápida mirada y luego lo tiran metros más allá. Siento una profunda pena por ese extraviado individuo predestinado a la derrota.

Me voy hacia la zona papera y allí también el mundo gira a su modo. Al rededor de los puestos hay gran cantidad de sacos llenos de papas ya seleccionadas que luego serán cargados en grandes camiones que partirán a Lima. El kilo de la papa blanca cuesta cincuenta céntimos; la huayro, un sol ochenta y la amarilla, dos soles veinte. Por lo visto no hay escasez de este tubérculo, aunque sí mucha irresponsabilidad de la gente que no cree en contagios. Al salir de ese bastión capitalista me encuentro nuevamente con el solitario candidato que conversa animado con sus dos únicos seguidores que sin duda son parientes suyos.

“Pero el golpe final no nos lo da el virus, sino nuestros políticos acanallados que fueron incapaces hasta para comprar las tan ansiadas vacunas, que es la única luz al final del túnel. Si aquí en Huánuco, ni siquiera funciona bien la planta de oxígeno que, con un millonario costo, se trajo desde el otro lado del mundo, Portugal.”

DOS

Por descuido, por inoperancia, por inercia o simplemente por ineptitud en muchas calles de Huánuco están apareciendo hoyos, huecos, baches de todo tamaño. Algunos están allí por años, convertidos casi en patrimonios culturales debido a su antigüedad y también porque nadie quiere tocarlos.

Otros aparecen paulatinamente debido al intenso tráfico o a la mala calidad del material asfáltico y, como es de esperar, se van agrandando conforme pasan los días hasta convertir a la calle en una zona bombardeada.

Algunos ejemplos. Las esquinas de la Alameda de la República y San Martín: allí, motos, trimóviles y carros de todo tonelaje hacen virajes inverosímiles intentando sortear los baches; van de derecha a izquierda evitando los enormes huecos y no me sorprendería que cualquier día de estos suceda un accidente que lamentaríamos. Lo mismo entre las intersecciones de Dos de Mayo y 14 de agosto donde con el pasar del tiempo han aparecido más huecos de diversos tamaños y profundidad. Creo que parchar calles no es malo, por el contrario, hacerlo a tiempo ahorra dinero y garantiza un asfalto más duradero. Pero por lo que se ve, ni siquiera eso pueden hacer nuestras dignas autoridades.

Pero la cereza de la torta está en la cuadra dieciocho de Huallayco. Debido a su estado calamitoso hace más de dos años máquinas y obreros levantaron el poco asfalto que quedaba para reemplazarlo por otro. El tiempo ha transcurrido y allí sigue la obra abandonada como un monumento a la inoperancia. De cuando en cuando obreros cavan zanjas, instalan tubos y luego viene el consuetudinario abandono. ¡Más de dos años y no pueden asfaltar sesenta metros de una de las calles más transitadas de la ciudad!

Dicen que a la cabeza de la alcaldía (por enfermedad del titular) está una señora que juega a dos cachetes entre el municipio y el gobierno regional. Imagino qué tipo de persona debe ser la susodicha; por lo mismo, no creo que tenga ni iniciativa ni tiempo ni ganas para parchar los muchos baches que afean nuestras calles. Una persona así debe andar más preocupada en ambiciones crematísticas que mejorar el aspecto de la ciudad que en mala hora la eligió. ¡Triste destino de este pueblo!

TRES

Como matando el tiempo y como para avivar recuerdos vuelvo a cruzar el puente Huayupampa. Me detengo en el medio para ver pasar las caudalosas aguas del Huallaga: rápidas, turbulentas, ensordecedoras, amenazantes. Aparentemente, todo bien; sin embargo, en la margen izquierda los muros de piedra que soportan las bases de esta antigua construcción que han sido socavadas por la fuerza de la creciente hace más de cuatro años no han sido reparadas. El río ahora está crecido y sigue carcomiendo esa parte de la ribera debilitando aún más al secular puente. ¿Y el Ministerio de Cultura, y el gobierno regional y la municipalidad provincial?

CUATRO

Las noticias de toda la semana pasada han incidido en los aciagos momentos por los que pasan los huanuqueños debido al acelerado incremento de contagios por el virus chino. En estos mismos momentos, mientras escribo estas líneas, cuántos vecinos, amigos, colegas estarán en una cama de hospital sufriendo indecibles dolores. Muchos amigos no soportaron la arremetida del mal y perdieron la batalla. Nadie sabe cómo estaremos mañana y no nos queda otra que vivir el día de la mejor manera posible.

Pero el golpe final no nos lo da el virus, sino nuestros políticos acanallados que fueron incapaces hasta para comprar las tan ansiadas vacunas, que es la única luz al final del túnel. Si aquí en Huánuco, ni siquiera funciona bien la planta de oxígeno que, con un millonario costo, se trajo desde el otro lado del mundo, Portugal. Y cuántos años más se demorará la construcción de esa cajita de fósforos que es el hospital Hermilio Valdizán. Alea jacta est (la suerte está echada). La próxima, huanuqueños, hermanos de mi alma, por lo menos elijan bien, caraxo.

                                                                Huánuco, 24 de enero del 2021

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