En medio del drama, iniciemos una batalla de esperanza

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

“Baila, cuando estás roto como jarro abierto. Baila, si te has arrancado la venda; baila, en medio de la pelea; baila, en medio de tu sangre. Baila, cuando estés perfectamente libre…” son algunos de los versos que trazó el poeta persa Muhammad Rumi hace casi mil años para alentar la esperanza y el optimismo aún en las circunstancias más dramáticas. No es literal, pero es imperativo que en estos momentos en los cuales el luto viste a muchas familias, conservemos la calma y no seamos presas de la desesperación.

Los tiempos adversos obligan a las personas a tomar el camino de la lucha o la rendición, por lo que es inconcebible que una tierra que ha regado su historia con el coraje y el valor de sus antepasados rehuya la lucha y se incline a la opaca rendición, ¡Eso, no!; somos un pueblo que demuestra su coraje día a día y que no tropieza con la fatalidad del pesimismo para quedarse en el suelo. Por eso, debemos luchar y enfrentar esta batalla a la cual las circunstancias nos han llevado, asumiendo que las batallas se ganan primero en la mente y luego en el campo de batalla, y que pelear es la mejor forma de honrar a quienes han caído en ella.

Debemos ganar la batalla en la mente para tener la victoria final contra ese virus invisible que ha marcado un hito oscuro en la historia reciente de la humanidad y que aún hace falta escarbar sobre sus orígenes y naturaleza; algo que sin embargo no cabe en estos momentos en los cuales la desesperación, el temor, la frustración y la rabia atraviesan nuestras primeras líneas de defensa psicológica.

Estas emociones cuya presencia es comprensible, es sin embargo la cruenta avanzada de una enfermedad que termina debilitando nuestro sistema de defensa y le abre peligroso paso al virus en nuestro organismo. ¿Nos sirve de algo echar reproches y buscar culpables entre los demás?, honestamente creo que no. El imbécil, seguirá siendo imbécil, con nuestro permiso o sin el.

«Hoy más que nunca debemos ser optimistas y alejar de nuestra mente los temores y la desesperanza, posterguemos la búsqueda de culpables, para eso ya habrá tiempo»

La cooperación y la solidaridad son cuestiones vitales en el campo de batalla; ellas ya no son únicamente virtudes espontaneas que surgen en circunstancias normales; en la batalla, estas se hacen piezas obligatorias de una disciplina que poco a poco carcome al enemigo y nos hace vencedores. No susurremos desaliento, no confundamos con temores, no ventilemos el pánico, no dispersemos la fe y la confianza de los otros, para aglutinar pesimismo. Transmitamos confianza, esperanza y fe, el temor nunca ha abierto puertas para la victoria, solo ha derrumbado el coraje que se necesita para resistir, avanzar y vencer. Si las autoridades no han aprendido a cooperar entre sí, esa es una característica que encuadra su mediocridad; pero, nosotros el pueblo, nosotros debemos apoyarnos entre unos y otros, alentarnos mutuamente y cooperar. La humanidad ha logrado sus más grandes progresos y ha vencido sus más terribles amenazas a partir de la libre cooperación de las personas. ¡Hagámoslo!

Quitemos de la estrategia de batalla la posibilidad del confinamiento absoluto, esas eran estrategias del medioevo, donde las ciudades eran rodeadas por grandes muros y castillos y los reyes tenían despensas llenas; no resultaría en nuestro terreno de lucha, la otra tragedia que arrastramos, la de la pobreza, las necesidades y la informalidad, hará que dicha medida sea imposible. Necesitamos libertad, para valorarla y ejercerla con responsabilidad, para saber que estamos vivos, necesitamos ejercerla aún a pesar de los irresponsables; pues cada uno tiene un deber moral consigo mismo y con su familia. Los que no son capaces de liderar una estrategia de batalla desde las instituciones, no pueden únicamente decirnos quédense en sus casas. Necesitamos el aliento y la confianza que configuren un liderazgo de fe en la victoria y no de gazmoñera queja y atribulaciones. ¿Hay liderazgo para eso?

Hoy más que nunca debemos ser optimistas y alejar de nuestra mente los temores y la desesperanza, posterguemos la búsqueda de culpables, para eso ya habrá tiempo… Hoy y ahora, necesitamos ir a la batalla y gritar como el poeta Rumi: “¡Nuestra caravana no es la de la desilusión! ¡Nuestra caravana es la de la esperanza!

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