No basta ser honrado

Germán Vargas Farías

Me equivoqué, lo admito. Creía que podría estar tranquilo si, al menos, tuviéramos un presidente de la República que fuese honrado. 

Harto de tantos presidentes que resultaban en malhechores, al poco tiempo de gobernar, me ilusionaba la idea de uno que no aprovechara el poder para robar, y hasta para cosas peores.

Fue así que hasta me puse contento cuando la crisis política de noviembre, golpe de Estado incluido, se resolvió raramente, con Francisco Sagasti como presidente de la República. ¡Por fin, un hombre decente!, pensé.

Sigo creyendo que Sagasti es un hombre limpio, probablemente uno de los pocos en doscientos años de República, pero la pandemia también ha servido para demostrarnos que con eso no alcanza. 

Es verdad que apenas ha cumplido 80 días de gobierno, pero no se trataba de un político nuevo, sabía que el momento era grave en el país, y era uno de los candidatos a vicepresidente en la fórmula de su partido.

En tiempos de crisis es cuando más se requieren, y se hacen visibles, los/las líderes. Cautela y calma sí, sin dejar de ser oportunos y eficaces. Y algo tan elemental como sustantivo: saber comunicar.

Aquí es donde Francisco Sagasti ha mostrado limitaciones. Nada irremediable, sin embargo. Si el líder carece de ciertas habilidades, las presta o alquila. “Los técnicos se alquilan”, dijo hace varias décadas un viejo político y, en cierto modo, es cierto. O se contratan los servicios de un buen comunicador o comunicadora, o capacitas a tu equipo para mejorar su desempeño, o te entrenas sobre la marcha para hacerlo mejor. ¿Qué tiene que hacer el líder? Decidir, y hacerlo pronto. 

«Si bien creo que ser honrado no basta, un bribón – o bribona- más, gobernando, sería terrible. Por eso, se le puede reclamar al presidente que lidere, pero no conspirar para que una recua de inescrupulosos se encarame en el poder»

La ambigüedad confunde y exacerba los rumores. La sencillez y transparencia es clave, y se percibe mejor cuando la expresa una persona decente. 

Vuelvo al punto inicial y si bien creo que ser honrado no basta, un bribón – o bribona- más, gobernando, sería terrible. Por eso, se le puede reclamar al presidente que lidere, pero no conspirar para que una recua de inescrupulosos se encarame en el poder. Y hay algunos tramando para lograrlo.

Al presidente le corresponde gobernar, y para hacerlo necesita un buen equipo. Y saber conducirlo. Varios de sus ministros y ministras son personas destacadas en su campo, y realmente honorables, pero toca al mismo presidente monitorearlos, y desafiarlos para que respondan conforme a los retos que la crisis plantea, y a la confianza entregada.

La noche de ayer, cuando empezaba a redactar esta columna, el presidente Francisco Sagasti ofreció un Mensaje a la Nación anunciando las nuevas medidas frente al incremento de casos de COVID-19 en nuestro país. 

«Voy a poner el hombro para mostrarles que la vacuna es la única alternativa que tenemos para ganarle al covid. Soy un hombre de ciencia, creo en los avances de la humanidad y seré uno de los primeros en vacunarme», dijo, tomando posición firme y tajante frente a quienes se dedican a sembrar dudas sobre la utilidad y eficacia de la vacuna, además de presentarla como instrumento de una conspiración dirigida a alterar el código genético de las personas, y cosas parecidas.

Por allí va lo que se quiere y necesita de un líder, que responda con empatía y asertividad, expresando compromiso.

Si bien no basta, ser honrado puede permitirle al líder alcanzar todo lo demás. Esperemos que Sagasti lo logre, si no, nos corresponde exigirle.

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