El Zendal de Madrid y el Valdizán de Huánuco

Ps. Richard Borja Director Instituto Peruano de Psicología Política

Enfermera Isabel Zendal se llama el colosal hospital de emergencias construido por Isabel Diaz Ayuso en Madrid; en apenas 100 días y con la determinación y urgencia que la pandemia global y la pésima gestión sanitaria del gobierno socialista de Pedro Sánchez ameritaban. Con una capacidad para 1068 camas y un sofisticado sistema de distribución de áreas, logística y suministros médicos con tecnología de punta, en un área de 80 mil metros cuadrados, esta decidida apuesta de la presidenta de la comunidad de Madrid viene funcionando desde diciembre, acogiendo a la mayor cantidad de contagiados en esa comunidad y se ha convertido en una poderosa línea de defensa médica contra el virus chino, en medio del caos que significa su gobierno nacional.

Es inevitable no sentir humana envidia, cuando en nuestra realidad inmediata tenemos un hospital cuyo expediente fue formulado en el año 2012 y que a la fecha aún no se concluye plenamente; con costos que se han venido incrementando con cada gestión regional a la par de la indignación y el descontento de la ciudadanía que ve con asombro, como sus familiares y amigos deben ser atendidos en los pasillos de establecimientos impropios de una ciudad con casi 500 años de establecida. Ese es el caso del Hospital Hermilio Valdizán Medrano, un monumento a la mediocridad, la indolencia y la corrupción que orbita nuestra atmósfera política y gubernamental.

Paralelamente, en estas últimas semanas hemos corroborado imágenes desgarradoras de personas que morían en los pasillos y exteriores del policlínico del seguro social; por falta de camas de atención y oxigeno; imágenes que ya habíamos visto a mediados del año pasado, cuando con marchas en las calles incluidas se pidió que el gobierno nacional y regional prioricen la infraestructura, logística y suministros médicos necesarios para que las personas no deban morir en sus casas o en los fríos pasadizos de un hospital que de ello solo tiene el nombre. Se alquilaron costosas infraestructuras móviles, que han sido motivo de denuncias periodísticas en lugar de atender un clamor general para la adquisición de un terreno para construir un hospital de verdad para todos los contribuyentes que deben ver que cada mes les quitan un porcentaje de su salario, a cambio de una promesa médica incierta y decadente. ¿Hasta cuándo?, ¿Algo que decir nuestros congresistas o aspirantes a serlo?

Lamentablemente soy escéptico respecto a que algo vaya a cambiar con nuestra sola indignación, pues el problema estriba en dos aspectos distantes de nuestra manifestación crítica; una de ellas es la arquitectura de nuestro modelo estatal y sus componentes de gestión; centralista, burocrático, venal. Corregir ello, amerita una reforma del estado completa para hacerlo más eficiente y eficaz, no más grande sobre la narrativa de los derechos; sino efectivo en el sentido de lograr resultados directa o indirectamente; para eso hay que modernizarlo, descentralizarlo, transparentarlo y romper con viejos paradigmas. ¿Qué partido propone eso?

«Es el caso del Hospital Hermilio Valdizán Medrano, un monumento a la mediocridad, la indolencia y la corrupción que orbita nuestra atmósfera política y gubernamental»

Diaz Ayuso pudo financiar el hospital Zendal en Madrid gracias a la autonomía regional que es parte del sistema político español, donde coexisten bajo el principio de competencia, el estado, las comunidades autónomas y los ayuntamientos; es un estado unitario, pero territorialmente tiene tres niveles con mucha autonomía, incluso tienen su propio parlamento en cada nivel. En nuestro sistema político, los consejos regionales o municipales son casi marginales porque no tienen mucho margen de iniciativa y autonomía para ello. Somos herederos de una vertical organización de gobierno de tipo caudillista, donde la iniciativa y la libertad nunca han florecido lamentablemente y ese es un aspecto cultural que debemos cambiar, para superar las taras de la dependencia y asumir con responsabilidad la construcción de nuestro más cercano progreso.

Esta pandemia va a pasar, imagino que ya las autoridades sanitarias y otros están afinando los detalles que suponen el reto de la vacunación, con un alto porcentaje de personas que desconfían de ella y lentas gestiones para abastecernos de las vacunas. Pero mientras tanto, el dolor, la rabia y la frustración de cientos de familias que han sufrido pérdidas, no merecen que las cosas sigan igual, en su memoria y en su honor, deben cambiar. ¡Todos debemos cambiar, carajo!

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