Vivir la nueva normalidad

Teresa Chara de los Rios

Los primeros meses del año, en las escuelas y centros superiores se seguirá estudiando de manera virtual. La educación nunca más será la misma. Los estudiantes han experimentado el aprendizaje virtual y si bien al inicio les afectó, ahora forma parte de su rutina. Por eso algunas escuelas y universidades están programando alternar la modalidad educativa entre lo virtual y presencial.

Ha sido un proceso complicado no ir al colegio o universidad. Extrañar el sonido del timbre que anunciaba el ansiado recreo y salir corriendo para jugar en el patio, gritar o ir apresurados al kiosco del colegio para endulzarse con alguna golosina.

Los niños han tenido que aprender a jugar e interactuar con sus amigos desde su casa a través de los juegos en línea y sus preocupados padres comprando la última versión de esos juegos. Adiós al futbol, vóleibol, básquet, natación, manejar bicicleta y otros más.

Actualmente gastamos menos en ropa, zapatos, perfumes y maquillaje. Hemos cambiado la ropa formal por la casual. Las joyas y el maquillaje ya no son parte de nuestra prioridad, pero si la mascarilla, jabón y alcohol.

El teletrabajo ha llegado a nuestras vidas para quedarse, pero también extrañamos la interacción con los compañeros de la oficina o las salidas para tomar un café después del horario de trabajo para ponernos al día de los acontecimientos de la región.

«Adaptar el estudio o trabajo en casa ha distraído parte de nuestro presupuesto familiar en comprar equipos tecnológicos y pagar servicios más rápidos de internet».

Adaptar el estudio o trabajo en casa ha distraído parte de nuestro presupuesto familiar en  comprar equipos tecnológicos y pagar servicios más rápidos de internet. Los costos en los recibos de energía eléctrica se han incrementado exponencialmente. Es decir, hemos cambiado nuestras prioridades, pero quedarse en casa no ha significado ahorrar más.

La atención médica también ha cambiado. Ha disminuido nuestras visitas presenciales a los hospitales y hacer largas filas desde la madrugada, para dar pase a las consultas por video llamadas. Si antes nos incomodaba en el consultorio del médico, verlo sentado frente a la computadora preguntándonos cuales son nuestros síntomas y sin despegar la mirada de la pantalla nos indicaba que vayamos a recoger el medicamento a la farmacia.

La forma de comprar en farmacias también ha cambiado, porque antes la receta estaba escrita en un papel, hoy el médico nos la envía por Whatsapp y nosotros se la mostramos al vendedor desde la pantalla de nuestro celular.

Hacemos más compras por internet. Los grandes almacenes presentan sus catálogos con ofertas irresistibles. Podemos comprar online sin salir de casa. Pero también es cierto que muchos pequeños negocios y familiares cerrarán sus puertas si es que no ofrecen los servicios adicionales de los grandes almacenes, como compras online con tarjetas de crédito, ofertas, descuentos, delivery gratis. Ese es un gran reto que tienen las bodegas y pequeños negocios en esta economía poco solidaria.

Los restaurantes son uno de los sectores más afectados con la pandemia y cuarentena. El boom gastronómico de la comida peruana está en crisis, un considerable número de restaurantes se han visto obligados a cerrar en la primera cuarentena y el personal y los proveedores perdieron su fuente de trabajo. Actualmente vivimos una segunda cuarentena y nuevamente este sector es duramente castigado y con ello, más restaurantes cerrando.

Sin embargo y para ser justos, todo lo descrito anteriormente pertenece a un sector privilegiado de la población, con trabajo estable, seguro de salud, vivienda y tecnología. Ese no es el Perú de todos los peruanos. Hay un grueso número que vive al margen, en pobreza, enfermedad, desempleados, sin vivienda digna y muy lejos de la tecnología. 

Estamos próximos a celebrar el bicentenario de nuestra independencia y a pesar de los años, las desigualdades entre peruanos no han cambiado.  A este país no lo cambian las autoridades, ni el presidente ni los ministros, a este país lo cambia cada uno de nosotros.

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