La dura, angustiante y heroica lucha por sobrevivir en pandemia

Eran cerca de las 10 de la mañana, en silencio Isidora Huamanga miraba la puerta cerrada del local comunal del asentamiento humano Jorge Chávez II Etapa. Después de once meses de pandemia, la olla comunal no abría. El último grano de arroz, la última papa, la última lenteja se acabó. Sin alimentos, más de cien personas se quedaron sin comer ayer.

Desde el inicio de la cuarentena por la covid-19 en marzo del 2020, las madres de este asentamiento humano, el más alejado del pueblo joven Las Moras, han trabajado para alimentarse y alimentar a sus vecinos. Sin embargo, once meses de angustia, lucha y heroísmo las grandes ollas estaban vacías, en el almacén no había ni un grano de arroz y el hambre acechaba el estómago de los niños que ya batallan contra la desnutrición.

En su soledad Isidora había perdido la esperanza de encender otra vez la cocina. Pero por esos misterios de Dios timbró su celular que se apuró en atender. Al otro lado anunciaban una visita al comedor. «Hoy no abrimos. No hay alimentos», responde ella.

Tras unos segundos de silencio, la voz –aún desconocida– anuncia que llegará con productos para cocinar. Ahora Isidora se queda en silencio, pero reacciona y responde: ¡Gracias! ¡Muchas Gracias!

Pero las horas pasan y la ayuda no llega. La desesperanza otra vez hace presa de ella. Ya es tarde para preparar el almuerzo. Pero el teléfono vuelve a sonar y esta vez la voz le dice que está perdida, no puede llegar. La joven madre, líder y cocinera en el comedor emprende el camino para ayudar a que llegue la ayuda.

Madres valientes y luchadoras

Varios minutos después se produce el encuentro en la capilla de Las Moras. Para llegar al comedor hay que realizar el viaje de 20 minuto en minivan.

Isidora es la última en bajar del vehículo. Está en el lugar más alejado de la ciudad de Huánuco. Desde el local comunal donde funciona la olla común, se ve el casco urbano de Huánuco, Amarilis y Pillco Marca. Las casas son rusticas, no hay agua potable, electricidad, menos internet.

La madre de familia cuenta que estos once meses han sido duros para el asentamiento humano Jorge Chávez. «Varios vecinos han sido despedidos por la pandemia; sin trabajo no tienen de dónde comprar comida, por eso nos organizamos para apoyarnos entre nosotros», cuenta.

En abril y mayo esta olla comunal atendía a un promedio de 200 personas por día, pero con levantamiento de la cuarentena disminuyó.

«El viernes entregamos la última ración de alimentos a cerca de 100 personas», dijo con voz entrecortada la joven líder, pues la ayuda llegó tarde para preparar el almuerzo.

Isidora dice que no cobran por la comida porque la pobreza extrema golpea, y fuerte, allí en lo alto de Huánuco.

«Algunos colaboran con 1 sol o 50 céntimos para comprar los condimentos», dice.

En medio de la crisis sanitaria Jorge Chávez decidió conformar su olla comunal, como en otros 32 lugares de Huánuco.

«A diferencia de los comedores populares, nosotros no contamos con presupuesto de la municipalidad. Todo surge a iniciativa de las madres de familia ante la desesperación por falta de alimentos y despidos masivos», dice Dalila Rojas, presidenta de la Asociación de Ollas Comunales de Huánuco.

Esta organización ha solicitado al Gobierno Regional reconocerlas y gestionar la implementación con utensilios y alimentos mensuales para atender a la población necesitada, pero desde octubre del año pasado no tienen ninguna respuesta.

La Municipalidad de Huánuco apoya a la fecha a 45 ollas comunales –fuera del presupuesto de comedores populares– y espera ampliar a 50 en las próximas semanas.

Rojas explicó que con el nuevo confinamiento por el incremento de casos de covid-19 en Huánuco, está aumentando las personas que necesitan la atención del comedor.

«La semana pasada en la olla comunal del Sector La Paz, en Colpa Baja se atendía a un promedio de 70 raciones, ahora estamos por los 100 y esto va en aumento», dijo al señalar que les urge apoyo de las autoridades locales y regionales, pues la donación del mes de diciembre de la municipalidad ya se terminó en varios lugares como Jorge Chávez.

Con la pequeña donación Isidora estima que atenderán una semana más, después no sabe cuál será la suerte de ella, de la olla comunal y de los que ahí recogen sus alimentos.

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