La pandemia y la descentralización

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

Con la publicación de la ley 31125 que amplía el estado de emergencia se develan dos hechos; por un lado, la evidencia del pésimo funcionamiento del sistema de salud en sus niveles articulados, que no han permitido desplegar un sistema de respuesta sanitaria ante la presencia del coronavirus; sin siquiera disponer de oxígeno en las cantidades necesarias, incrementando el doloroso número de fallecidos. El otro hecho tiene que ver con la peligrosa incapacidad de sostener una responsabilidad delegada y poner en duda el sentido de la descentralización.

Seguramente estaremos de acuerdo que, en casi un año de emergencia, se ha revelado no solo la disfuncionalidad del sistema administrativo del Estado; sino, también la precaria gestión regional de la descentralización iniciada hace ya casi 20 años, sobre todo en salud que ha sido uno de los sectores donde más atención y soporte con fondos nacionales y de la cooperación internacional se han puesto.  ¿Qué ha pasado?

En un país cuya morfología de poder gira en torno a la centralidad y la concentración del poder, la descentralización y la autonomía de las regiones y de las localidades diversas del país es una lucha constante y peligrosa, donde ensayos y error de este tipo solo siembran dudas respecto a la viabilidad de que la descentralización funcione. Muchos dirán con justa razón que el Gobierno Regional ha sido incapaz de gestionar la crisis por el coronavirus y que es mejor que el Ministerio de Salud se haga cargo de la administración de las Direcciones Regionales de Salud; o sencillamente, que se haga cargo de las compras, contrataciones y equipamiento adecuados que permitan tener una óptima línea de defensa médica, que es la tarea y responsabilidad del Estado. Ojo con eso, no es un favor, es su tarea gestionar adecuadamente el dinero que los peruanos ponemos en las arcas públicas con nuestros impuestos. Prima el axioma de los resultados en esas razones, pues los ciudadanos queremos resultados, vengan, como vengan.

«Esa demanda de resultados nos hace condenar la mala gestión regional y local de la crisis del coronavirus; pero implícitamente también siembra poderosos cuestionamientos a la descentralización y a cuan capaces estamos en las regiones para poder asumir competencias y responsabilidades»

Esa demanda de resultados nos hace condenar la mala gestión regional y local de la crisis del coronavirus; pero implícitamente también siembra poderosos cuestionamientos a la descentralización y a cuan capaces estamos en las regiones para poder asumir competencias y responsabilidades que tengan que ver con los servicios que presta el Estado; pues hay que afirmar con rotunda claridad que gestionar recursos descentralizados, es mucho más que la urgencia clientelar de establecer una estructura administrativa que responda más bien a cuestiones particulares y ajenas a la prestación de servicios de calidad, la corrupción entre ellas.

Yo sueño con un Estado de autonomías regionales donde en cada región, con su gente, surja el desarrollo y la prosperidad que solo la identificación de lo tuyo y la pertenencia pueden estimular; un Estado de autonomías regionales donde quienes aspiren al gobierno de estas, vean más allá de su interés particular y su oportunidad única de usufructuar el poder encargado en modos y formas deplorables.

Lamentablemente ese sueño, que es el sueño de miles más, despierta a la realidad que todos vemos y que nos golpea con saña y parece condenarnos a agachar la cabeza ante ese centralismo político y administrativo que se retrata en las vergonzantes y lisonjeras recepciones que le hacemos a cuanto funcionario público nacional que llega a Huánuco; retrayendo nuestro espíritu a ese colonizado vasallaje al cual parecemos seguir atados.

La pandemia pasará, habrá dejado una estela de dolor y sufrimiento en miles de familias; habrá horado las finanzas familiares y golpeado brutalmente nuestra economía, pero pasará y debe dejarnos lecciones y aprendizajes que nunca debemos olvidar. Ya las estamos viendo, no sin decepción y rabia por la forma en que estas se dan; viendo cómo unos miserables se vacunaban en privado y a espaldas de la población mientras en público decían que serían los últimos en hacerlo; rateros que han aprovechado estas circunstancias para enriquecerse a costa del más infame pillaje de los recursos públicos. La pandemia pasará, pero con ella dejaremos pasar también la oportunidad de mostrar que los peruanos afincados en nuestras regiones hemos estado a la altura de dichas responsabilidades; pues a la luz de los resultados y de esta recentralización “temporal” del sector salud, queda claro que no lo estuvimos; nuestras autoridades no lo estuvieron. La pandemia pasará, con ello deben venir tiempos mejores, tiempos de verdadero despegue regional.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *