El extremismo del centro político

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

¡Cuidado con los extremistas!, suenan fuerte los ecos en medio de nuestra anormal campaña política, ante el crecimiento en las encuestas y simpatías electorales de algunas candidaturas que, en térmicos de peyorativos suelen ser señalados como extremistas y consiguientemente, peligrosas.

En esta categoría de extremos, suele asumirse la propuesta política como una línea recta donde suele ubicarse a los actores políticos en una parte muchas veces antojadiza de la línea; y quienes se ubican a los extremos son los más peligrosos; al menos así nos lo pintan. Cabría preguntarse cuales son las características y factores que hacen posible esa ubicación; tienen que ver con las ideas, con la forma de hacer, los fines o los medios empleados para llegar a ellos. ¿Qué hace que algo o alguien sea considerado extremista?

En la narrativa y el discurso político se suele usar una serie de terminologías que desarrollan su propia esencia conceptual, con una carga particular y un propósito general. Para quienes no están familiarizados con dicho lenguaje, es a veces hasta confuso, por lo que resulta siendo no solo signos lingüísticos; sino también armas arrojadizas para ser empleadas en la lucha política, con mayor o menor eficacia. Un significante bien puesto, puede encumbrar o enterrar la confianza y credibilidad de un político y de su propuesta; ahí encaja la etiqueta de “radical” o “extremista”, impregnado de un halo negativo que las hace objeto de desconfianza. Es así que extremista en nuestra sociedad actual y sus signos dominantes, es algo malo.

«La política es una dinámica de poder reconfigurándose permanentemente y donde las ideas políticas buscan sus puntos de anclaje para construir entorno a ello su propuesta.»

La política de manejo público y masivo esta lleno de etiquetas; de todo tipo y de todo color; como si en el mercado uno va y compra un producto y al no conocer de los complejos procesos de fabricación, materiales empleados y demás aspectos de fabricación; se deja llevar por la fuerza y credibilidad de la marca puesta en su etiqueta. Tal es el caso de los políticos y sus propuestas, al no ser comprendidas a plenitud; es más fácil, coger de ellas solo sus etiquetas. Y dentro de esas etiquetas, una de las más alarmantes es la del “extremista”.

Pero la política es más que las etiquetas puestas y ganadas, la política es una dinámica de poder reconfigurándose permanentemente y donde las ideas políticas buscan sus puntos de anclaje para construir entorno a ello su propuesta; al menos debería ser así y no solo esa búsqueda del poder por el poder que tan malas experiencias nos ha traído. Y es aquí donde cobra urgencia la necesidad de quebrar el mito de los extremos como ubicación geométrica de la política y por ende su injusta satanización. Porque el extremismo no es otra cosa más, que el desborde del sistema de cosas establecido y asumido como normal o permisible; el extremismo es salirse de los márgenes del consenso y reivindicar la necesidad de abrir nuevas rutas por donde discurrir la propuesta política. El extremismo es la claridad de una propuesta, con carga política que le da forma a la democracia como sistema de encuentro, debate y lucha de las ideas políticas.

Si ese es el extremo político, ¿Entonces que es el centro político?

El centro político es una forma de extremismo también, pero afincado en la defensa del sistema establecido, de las cosas que están convenidamente establecidas y son el marco de hechos y de acción posible que se dan por aceptadas. Ahí afincan supuestas ideas de tolerancia, sensatez, moderación, concertación, respeto democrático, institucionalidad, etc. Por eso mismo, se entiende al extremismo de centro, como lo políticamente correcto; aquello que uno debe pensar o creer, para no ser etiquetado de extremista; sin reparar en que el atrincheramiento y la condena que hacen de los políticamente incorrectos, es una manifestación de intolerancia extrema. Como cuando en una reunión; fulanito está a favor de la pena de muerte, pero no lo expresa; porque, los demás contertulios la han calificado de medida extrema; o como cuando te resulta ridículo que se busque censurar a personajes infantiles como Pepe le Pew; pero te chocas con el muro crítico de quienes por esa idea te llamarán machista o ignorante.

El extremismo de centro es además el eje flexible que oscila a derecha y a izquierda y actúa convenientemente sin una identidad clara, y sin fines más allá de mantener el sistema establecido, pero que actúa con ferocidad para echar los fuegos a quienes amenacen de cualquiera de los otros dos extremos, su posición vigente. Pero a fin de cuentas son solo etiquetas; sobre las ideas, que son las que debemos ver, comprender y finalmente, aceptar o rechazar; pero no por la convención de lo políticamente correcto; sino, por nuestra propia convicción.

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