La sonoridad poética de Nick de Rosales

De rosas, uvas y vientos

Mario A. Malpartida Besada

“¡ALUMBRA, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre! (…) ¡Alumbra, lumbre de alumbre, Luzbel de piedralumbre, sobre la podredumbre! Alumbra, lumbre de alumbre sobre la podredumbre, Luzbel de piedralumbre! Alumbra, alumbra, lumbre de alumbre…” (El Señor Presidente, Miguel Ángel Asturias).

El texto anterior regresó a nuestra memoria luego de  haber releído De rosas, uvas y vientos (Amarilis Indiana Editores, 2017 y 2020), de Nick de Rosales, nombre literario de Nick Meyer Rosales Tolentino (Tingo María, 1999). Efectivamente, su obra es un poemario que sustenta su belleza expresiva en la cautivamente sonoridad, para lo cual apela a figuras tales como la onomatopeya, la aliteración, paranomasia, rima e, incluso, símiles.

En realidad, esas figuras retoricas juegan precisamente con los sonidos de determinadas palabras, intensificadas por las cercanías de unas con otras, y tienden a provocar una mágica sensación de ritmo y musicalidad, hábilmente acopladas a los valores semánticos que pretende transmitir el autor.

su obra es un poemario que sustenta su belleza expresiva en la cautivamente sonoridad, para lo cual apela a figuras tales como la onomatopeya, la aliteración, paranomasia, rima e, incluso, símiles

En el caso de Asturias, procura describir la fuerza del mundo onírico para abordar lo imaginario y lo irracional. Recuérdese que Asturias es uno de los gestores del llamado Realismo Mágico, que resulta siendo la combinación de mito con la realidad.

Además de dotar de musicalidad a la palabra, los objetivos temáticos pueden ser variados. En el siguiente fragmento, la sonoridad nos remite a la impotencia de la palabra cuando se trata de hablar de amor.

“Juanita pankara Juanita Pankara

Pankara, Juanita

Juanita Pankara Pankarita

(…)

¡Ay! Juanita Pankara Pankarita

Quise escribir un poema

Y solo he dicho tu nombre”

(José Luis Ayala)

El autor es de origen puneño y, en este caso, ha utilizado la palabra “pankara” que, en aymara, significa llena de vida o llena de colores. El verso final puede ayudar a hacer una cabal interpretación del poema.

Pero también dichos recursos pueden dar pie para exteriorizar conductas épicas:

“De bote a bote el pueblo junto al vate

No vota el pueblo por la bota:

¡El pueblo está en combate!”

(Palabra vivida, Armando Ruiz)

En este caso, el autor cultivó la llamada poesía social, como queda demostrado en el último verso.

Pues, bien, estos ejemplos tomados de la literatura hispanoamericana, peruana y regional, respectivamente, son reminiscencias traídas al presente gracias al notable libro de Nick de Rosales. Pero De rosas, uvas y viento es un poemario que tiene sus propias particularidades. Además de la mágica sonoridad, resultado de las combinaciones de aliteraciones, palabras de origen onomatopéyico, le agrega la rima consonante y utiliza formas estróficas clásicas.

Evo, a destajo

trabaja hasta el ocaso,

los campos bajos.

Suda el ocaso

y pastor en la vega

tarde de paso.

La noval vega

el valle, el cuerpo verde

su padre lega.

Pero Evo, verde,

el valle campesino

por Lima pierde.

¿Él, campesino?

Trabaja hasta el ocaso,

campos vecinos. (pág. 21)

La intencionalidad poética radica no solo en el uso eventual de estos recursos, sino en su aplicación adrede y frecuente, como se enfatiza, por ejemplo, en la recurrencia del término bel, que nos remite directamente a la idea de intensidad sonora: “Místico de agonía el bel sien divino” (p. 17), “La mora, la bel trova” (p.19), “El roble, los panderos, la bel rondela” (p.25), etc. Esta palabrita, en la acepción que  hemos encontrado, entra en correlación con otras que le hacen juego: beldad, beleño, velada (considérese la fonología, no la grafía), Luzbel, esbeltas, libélula, etc., etc.

Por otra parte, apela a la intuición interpretativa del lector, ya que los valores semánticos subyacen detrás de cada unidad rítmica con apenas un mínimo auxilio del significado de las palabras. Sin embargo, la fortaleza poética que cautiva más allá de la entera comprensión del texto, incide poderosamente en el aspecto lúdico de cada secuencia verbal. Asimismo, cabe destacar su constante alusión a la naturaleza, principalmente a aquella que entraña misterio y encantamiento:

La estación sideral, la oda

primavera de alma llena.

Jardín de trajes, la moda.

¡Un gran jardín!, ¡una quena!

El coril blanco, el rapsoda,

el prado verde de Adán. (pág. 23)

De esta manera su joven autor rescata la esencia íntima de la poesía y enlaza el verso tradicional con la experimentación vanguardista. Ejemplo de ello puede observarse en el cultivo de formas estróficas convencionales con algunos mensajes de estructuras casi criptográficas.

Así, pues, el presente poemario resulta siendo de una lectura fascinante, sobre todo para aquellos que hayan cultivado exitosamente su sensibilidad artística y no hayan perdido de vista que poesía es, en esencia, musicalidad.

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