¿Dónde está la primera línea?

Rubén Valdez Alvarado

Las postas médicas desaparecidas. A un año de haberse decretado la cuarentena, no cabe duda que en el escenario, hallamos una serie de problemas que se evidenciaron como consecuencia de la pandemia. Pero lo fundamental que ha contribuido, entre otros, a generar la más grande crisis sanitaria, fueron las graves falencias en el primer nivel de atención.

Un equipo de fútbol, con una mala defensa es una coladera. En el sistema de salud, en la misma línea, la atención primaria es nuestra defensa, pero está concebida en el Perú estructuralmente como la más precaria. Un centro de salud de nivel I-1, conocido comunmente como posta médica, solo tiene un técnico en enfermería que administra un botiquín cuyo principal componente es el paracetamol, entre otros medicamentos básicos.

Desde el inicio de la primera cuarentena, en marzo de 2020, la mayoría de las postas médicas cerraron o restringieron sus servicios porque todos los hospitales estaban en modo Covid-19 dejando de lado los programas sanitarios; es decir, tenían que haber jugado un rol preponderante en la contención de la pandemia; simplemente fueron dejados de lado, por lo menos hasta setiembre del año pasado.

La responsabilidad no solo es del Minsa, sino también de los gobierno regionales y locales. Por ejemplo, en la comunidad de Estancia Pata (Ambo, Huánuco), una posta médica que fue construida con recursos de la municipalidad provincial dejó de funcionar hace más de un año. Ante la pandemia, los campesinos de la zona realizaron todas las gestiones para que vuelva a prestar servicios, pero no encontraron ninguna respuesta.

“En la comunidad de Estancia Pata (Ambo, Huánuco), una posta médica que fue construida con recursos de la municipalidad provincial dejó de funcionar hace más de un año. Ante la pandemia, los campesinos de la zona realizaron todas las gestiones para que vuelva a prestar servicios, pero no encontraron ninguna respuesta”.

Se estima que los centros de salud considerados en el primer nivel de atención representan el 75% en el país. Por su misma situación, no han contribuido sustantivamente con la contención de la pandemia, conllevando, entre otros factores, al colapso de los hospitales. Algo similar, sucedió en muchos países del mundo.

La decana del Colegio Médico de Huánuco, Darly Del Carpio, quien valientemente reveló las deficiencias en la atención de los casos de la Covid-19, al hacer un balance de gestión de la pandemia señaló que no realizaron ninguna labor en el primer nivel de atención a pesar de contar con varios programas.

Ante la emergencia sanitaria, la verdad es que se han improvisado estrategias como el Plan Tayta, la instalación de hospitales blanco o de campaña, la distribución de Ivermectina a diestra y siniestra; en muchos casos, promovidos por las autoridades locales como si fuera un souvenir o merchandising, propios de las campañas políticas.

Es cierto que el gobierno de turno, desde el inicio de la pandemia, ha destinado recursos para afrontar la crisis sanitaria y la batalla contra la pandemia, pero no se ha hecho lo mismo en la misma dimensión para reforzar e incluso replantear el sistema de atención en el primer nivel. El actual gobierno hizo algunos anuncios al respecto, pero aún no se traducen en proyectos o reformas específicas. En el Congreso, al respecto, no hay nada concreto.

En otros términos, lo primero en la estrategia para la contención de la pandemia y desarrollar un adecuado cerco epidemiológico, como lo señalan los especialistas, está fuera de la visión de la clase política y gobernante. El éxito del proceso de vacunación en Chile –lo han afirmado diversos analistas- obedece fundamentalmente a la eficacia de su atención primaria de manera descentralizada. En el Perú, ante la incapacidad de los gobiernos locales y regionales, apuestan por la recentralización.

En homenaje a los miles de fallecidos, entre ellos, los que estuvieron en la primera línea de la batalla contra la Covid-19 especialmente, con el objetivo de garantizar la salud de los peruanos a mediano y largo plazo es vital hacer grandes inversiones en el sistema de la atención primaria, quizá mucho menos de lo que cuestan las grandes estructuras hospitalarias. Hay que poner la mirada no solo en esta pandemia, también en las otras que vendrán; sobre todo, apostar por un eficiente y moderno sistema preventivo de salud pública a partir de esa primera línea.

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