Lo raro no son las noticias

Germán Vargas Farías

Hay sucesos que conocemos a través de los medios que nos sorprenden, que parecen realmente increíbles en tiempos tan graves y duros como estos. Se refieren al comportamiento de las personas, inesperado, y a veces inexplicable.

Llegan a nosotros como noticias raras, en cierto modo asombrosas, porque no se condicen con lo que la mayoría esperamos. Porque nos sacan de cuadro.

Así, mientras se sigue contando por cientos los muertos por la COVID-19 cada día, y no hay camas UCI disponibles y el oxígeno sigue escaso; mientras se insiste en la necesidad de prestar atención a las recomendaciones para prevenir los contagios, saliendo de casa solo si no es posible evitarlo; no hay semana que no sepamos de locales, bares o discotecas, para cuyos dueños o administradores, y también sus usuarios, nada de eso importa. 

Algunos medios dan cuenta que, entre el sábado y lunes reciente, en el distrito limeño de San Martín de Porres, la policía intervino a 60 personas en un bar clandestino. Bebían alcohol, se encontraban allí en horario de toque de queda y, obviamente, no cumplían con ningún protocolo sanitario.

«Había mucho alcohol, no precisamente para desinfectarse, y a nadie le importaba eso del distanciamiento social y el uso de las mascarillas»

Y por si no resultare suficientemente irracional la situación, se trataba de un local que apenas 48 horas antes había sido clausurado, y su propietario sancionado.

En otro distrito de la capital, Lince, la policía y personal del serenazgo municipal intervinieron una discoteca donde se realizaba una fiesta clandestina en la que participaban más de 45 personas.

Lo mismo que en el otro caso, había mucho alcohol, no precisamente para desinfectarse, y a nadie le importaba eso del distanciamiento social y el uso de las mascarillas. Y para variar, el local no contaba con licencia, y había sido clausurado anteriormente. 

Semanas atrás conocimos que la policía naval había intervenido un yate donde un grupo de personas realizaba una fiesta, en el distrito de Ancón. Como se puede apreciar, no son conductas que se puedan atribuir solo a algunos grupos sociales, y tampoco se trata de adolescentes que subestimen los riesgos. 

¿Desconocían las personas intervenidas que están prohibidas las reuniones sociales a nivel nacional?, ¿ignoran que existe un alto riesgo de contagiarse, o contagiar a otros, en esos lugares?, ¿se trata de noticias raras, que solo suceden en Lima?, No, es la respuesta a todas esas preguntas. 

Seguramente las y los profesionales del comportamiento humano podrán explicar mejor estas situaciones, yo solo quería comentar qué rara es, o puede ser, la conducta de las personas; no las noticias. 

Hace algunos años leí un artículo en el que se sostenía que todas las personas somos raras. Se aludía a un estudio de la Universidad de Yale (EE UU), que concluía que nadie es normal. Como identificamos rasgos que nos hacen diferentes, solemos considerar normal a lo estadísticamente frecuente. 

Entonces, si somos distintos y no se trata de pretender que la gente se comporte igual en todos los casos, ¿qué nos sorprende?, pues, que aspiramos a que todos actúen respetando la vida y salud propia, y de los demás, y nos afecta la conducta de personas que perturban o interfieren nuestra cotidianidad.

Hay quienes dicen que lo óptimo es un mito, ojalá no sea lo mismo tratándose de coherencia. A propósito de las próximas elecciones en Perú, sería paradójico que nos molestemos por la conducta de esas personas que, al desairar las disposiciones para prevenir el contagio de la COVID-19, nos ponen en riesgo a todos los demás, y simpaticemos con propuestas políticas que, como Bolsonaro, en Brasil, nieguen o menosprecien el impacto de una pandemia que causa tanta muerte y sufrimiento.

Como se sabe, los muertos por la COVID-19 en Brasil son casi 300.000, y no se avizora mejora debido a la gestión de un presidente negacionista que es el primero en desacatar las recomendaciones sanitarias, e incitando a la gente a salir a las calles, criticando las medidas preventivas adoptadas por alcaldes y gobernadores en varias regiones de su país.

Que un tipo así sea una posibilidad de gobierno en nuestro país, más que rara, se podría leer como una pésima noticia.

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