Un libro para mejorar la redacción

Mario A. Malpartida Besada

Uno de los grandes males de nuestro mundo cultural y social es el deficiente manejo del idioma a través de la escritura, en cualquiera de sus niveles: formal, informal o culto. El problema se ha dimensionado ahora que a todo el mundo se le ha dado por escribir, no decimos libros ni sesudos artículos precisamente, sino los llamados post (notas o mensajes de texto). Muchos de estos post de escribidores cibernéticos son los que provocan más reacciones urticantes (claro, también hay de los otros, muy buenos y oportunos).

Pero en el problema de marras, lamentablemente, también están insertos algunos calificados intelectuales que, llenos de entusiasmo por contribuir con sus aportes en sus respectivas especialidades, se convierten en colaboradores periodísticos  en diversos medios de la localidad. Sin embargo, en la redacción de sus textos cometen serios desajustes ortográficos y gramaticales que enturbian muchas veces sus acertados comentarios. 

Ni qué decir de los educandos, aunque en ese mundo resulta comprensible porque el estudiante se encuentra en  proceso formativo en donde, además, tiene que enfrentarse contra un sistema que ha fanatizado el culto por las matemáticas. En la escuela, en el  colegio y en la universidad, se le echa la culpa al profesor de Lenguaje o de Comunicación, como si los profesores de otras especialidades estuvieran exonerados de conocer el idioma, y por tanto, no tuvieran la obligación de corregir en el momento oportuno.

«En la redacción de sus textos cometen serios desajustes ortográficos y gramaticales que enturbian muchas veces sus acertados comentarios».

En definitiva, todos estamos comprometidos en el problema. Nadie está libre de incurrir en este tipo de faltas. Ni siquiera los grandes escritores, pues estos tienen que recibir el auxilio de los correctores ortográficos y de estilo de sus editoriales.  Recuérdese también a los escritores que se rebelaron infructuosamente contra la ortografía en su intento de simplificarla: Unamuno, García Márquez, González Prada.

Visto el problema ligeramente así, y considerando que debió ser el hablante o escribiente el primer interesado en superar sus limitaciones con respecto al dominio del idioma, parece ser que este mal endémico del país se debe, entre otras, a la falta de la oportuna solución frente a las dudas, más allá de un aprendizaje mecánico de reglas cuya memorización no ayuda mucho en la práctica.

Y para resolver las dudas ahí están el maestro, el profesor y el catedrático; sin embargo, ya hemos visto que, a veces, no funcionan porque muchos de ellos no tienen la respuesta a su alcance. Entonces quedan los diccionarios. Ellos nos dicen toda la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad. Pero nos dan la información en medio de un mundo lleno de signos, abreviaturas, barras, barritas y hasta figuritas que parecen notas musicales. Además, los diccionarios son tan  gordos y tan pesados que hasta da flojera acudir a ellos, más aún si apremia el tiempo o la necesidad es inmediata y en un lugar distante de nuestra biblioteca.

Pues, bien, toda esta reflexión viene a cuento debido a la reactualización de un excelente y práctico libro que nos ayudará, si tenemos voluntad para superar el problema. Se trata de La redacción no se improvisa. Guía para lograr textos de calidad, (Lima, Artífice Comunicadores, 3.° edición, 2020. 144 pág.),   de Jesús Raymundo, conocido como el Dr. Tilde debido a su pasión por el tema. Según la sinopsis del libro «Es el primero en usar diferentes recursos periodísticos, como la infografía y los despieces, para explicar de manera sencilla la correcta escritura del español». En esta ocasión, el libro está prologado por Hugo Coya, Alberto Gómez Font y Eloy Jáuregui, nada menos.

Como para corroborar que todos estamos metidos en el problema, Raymundo ha llamado la atención, en varias oportunidades, sobre muchísimos comunicados oficiales, boletines, títulos de películas, pronunciamientos públicos, etc. emitidos por entidades que se supone tienen todo un equipo de asesores, pero, al parecer, no lo tienen en normativa idiomática. Claro que el funcionario que suscribe también tiene su buena parte de responsabilidad.

Se trata de un verdadero manual, ciento por ciento práctico que no olvida, sin embargo, la exposición teórica que es la normativa correspondiente. En su metodología incluye la regla, el ejemplo y la casuística, más otras acotaciones pertinentes en el marco de una atractiva presentación gráfica. En ella intervienen armoniosamente el texto, el gráfico, el color, las sumillas, la infografía y el refrescante espacio en blanco, tan ausentes en los diccionarios.

Jesús Raymundo ha tenido mucho cuidado en seleccionar los casos más frecuentes de dudas sobre la redacción y la ortografía, dentro de las reformas básicamente contempladas en el libro Ortografía de la lengua española (2010). Esta obra, ciertamente, lo contiene todo, por eso mismo es un mar de informaciones en casi mil páginas. Valioso, claro, aunque a veces buscar un dato resulte como buscar una aguja en un pajar, porque  hay que navegar mucho para encontrar el dato. Útil para el investigador paciente, no para el que tiene que resolver el problema ya mismo.

El manual, en cambio, cumple una finalidad práctica porque auxilia en el momento oportuno y de la manera más atractiva posible al alumno, al profesor, al periodista, al escritor, a la autoridad o a su asesor. Lo dice su nombre, el manual está al alcance de la mano. Mejor todavía si este ha sido confeccionado luego de una rigurosa selección de las dudas más frecuentes para lograr textos de calidad, como es la aspiración del libro.

Esta guía, como lo llama su autor, incluye cuatro capítulos: Para el primero, Normas de ortografía, analiza las reglas que son de dudosa aplicación;  en Expresiones numéricas, explica la mejor forma para optar entre los símbolos o las palabras; en Signos de puntuación, valora la utilización de estos signos para estructurar textos comprensibles; y, finalmente, en Pautas de redacción, nos ofrece toda una gama de recomendaciones para ganar oficio y aprender técnicas para la buena redacción.

Todo ello presentado de la manera más didáctica posible, con las características gráficas que ya hemos anotado, lo cual es un valor agregado que hace más atractivo al libro.

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