¿Para qué sirven los debates electorales?

Germán Vargas Farías

Dicen que los debates presidenciales pueden servir para que, en los próximos días, algunos indecisos disipen sus dudas, y escojan a quién darle su voto el próximo 11 de abril.

Son importantes, entonces, porque considerando que quienes en las encuestas señalan que su opción es “blanco”, “viciado” o “nulo”, más el grupo que dice “no sabe” o “no precisa”, suman más del 25 %; y que existen por lo menos 5 candidatos y candidatas con chance de pasar a segunda vuelta, los debates constituyen una plataforma para mostrarse, presentar mejor sus propuestas o, simplemente, encontrar la ansiada notoriedad que, en algunos casos, les ha sido esquiva.

Si, además, se tiene en cuenta que ninguna de las candidaturas a la presidencia de la República alcanza más del 15 % de intención de voto, los debates electorales alimentan la ilusión de lograr algo, incluso para quienes hasta ahora han permanecido rezagados en las preferencias referidas en los sondeos realizados.

«Desdeñar una oportunidad para participar en un debate, cuando se sabe que millones de personas están atentas, o recibirán información por rebote, es un desatino, o evidencia el temor y la inseguridad del candidato»

Claro, siempre y cuando se tenga un buen desempeño en el debate, lo cual implica ideas claras y capacidad para comunicarlas.

Siendo un proceso electoral atípico, que recién empezó a calentar hace un par de semanas, habiendo un nivel de fragmentación tan alto, y sin claros favoritos o favoritas, desdeñar una oportunidad para participar en un debate, cuando se sabe que millones de personas están atentas, o recibirán información por rebote, es un desatino, o evidencia el temor y la inseguridad del candidato para confrontar sus planes con los de sus adversarios.

He tenido ocasión de ver el debate electoral organizado por Canal N y América Televisión, así como los dos primeros debates organizados por el Jurado Nacional de Elecciones, y algo que hay que reconocer es que, más allá de los puyazos, se han desarrollado con respeto, y sin que las y los participantes se aparten de su estilo.

Obviamente, el tiempo no les permite explayarse, pero la concisión y la claridad son habilidades que cualquier persona que aspire a ser autoridad debe procurar.

He comentado que un debate puede visibilizar a un aspirante, y eso ha sucedido con Alberto Beingolea, candidato del Partido Popular Cristiano (PPC), cuyo nombre no aparecía en las últimas encuestas porque estaba en el rubro “otros”, y que, tras su buen desempeño en el debate del lunes 29, sueña con subir sus cifras de intención de voto, creyendo haber encontrado el elemento disparador de su campaña. “Tengo la ilusión y la mirada puesta en pasar a la segunda vuelta”, ha dicho.

Para candidatas como Verónika Mendoza y Keiko Fujimori, los debates han sido ocasión para afirmar sus propuestas y mostrarse solventes y con recursos; como puede dar fe George Forsyth, luego del encontronazo que sostuvo con ambas.

Él mismo Forzay había tenido un rendimiento aceptable en el debate del domingo 21, pues se le apreció chancón y fiel a su libreto, pero el lunes de esta semana equivocó su estrategia y ha puesto en serio riesgo lo que había logrado.

Los debates nos permiten reconocer las limitaciones de los candidatos, y así se puede advertir la medianía de Lescano, el ego colosal de Hernando de Soto (según él, le debemos haber derrotado al terrorismo, y todo lo bueno que puede haber hoy en el país), la escasez de Acuña (puede tener plata como cancha, pero es tan pobre que solo tiene plata), y también la insuficiencia de otros como Pedro Castillo y Andrés Alcántara.

¿Qué decir de José Vega, de UPP?, creo que hizo bien en retirarse del debate ayer. Pero no porque su postulación y la de otros haya “sido ninguneada”, sino porque nos ahorró algo de tiempo, y porque habrá oportunidad de “ningunearlo”, realmente, el 11 de abril.

Hoy será el tercer y último debate, y se espera que aquél que se ha despachado insultando impunemente a la mayoría de sus adversarios, e incluso a los periodistas encargados de la moderación, tenga el valor de asistir.

Una persona que aspira a gobernar el país, y enfrentar la crisis sanitaria, la corrupción, la inseguridad, entre otros graves problemas, debería tener, al menos, el temple para discutir, en igualdad de condiciones, sus ideas y planes con otros.

Si usted no ha decidido su voto, infórmese bien y procure conocer más de las candidatas, los candidatos, y sus propuestas. No basta, sin duda, pero los debates pueden ayudarle a tomar una mejor decisión.

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