La batalla electoral es la batalla de las ideas (izquierda vs. derecha)

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

Faltan cinco días para las elecciones generales y según indican las últimas encuestas, cualquier cosa puede suceder y nadie tiene asegurado su pase a una segunda vuelta electoral que será la que finalmente nos de al presidente del Bicentenario. Sin embargo, el parlamento del Bicentenario si estará conformado la siguiente semana y esa no es una cuestión menor; es probablemente más importante aún que la elección del mismo presidente. Usted amable lector, ¿Ya decidió por quien votara a presidente y a quienes de congresistas?

Concebir la política como una guerra de posiciones e ideas es algo que puede sonar políticamente incorrecto, pero en la praxis es lo más cercano a la realidad, más allá de la burbuja simpática del consenso y la concordia; es lo único que le da sentido a una política real que se basa en ideas y proyectos reales de cambio y transformación; el consenso y la concordia son el espacio laxo de quienes creen que todo está bien y nada hay por corregir o mejorar. Bajo esa premisa, es importante que veamos que ideas y que posiciones están en juego en estas elecciones para predecir el tipo de servicio que nos dará el Estado.

El consenso y la concordia son el espacio laxo de quienes creen que todo está bien y nada hay por corregir o mejorar»

Aunque la intelectualidad de izquierda globalista se esfuerce por crear la percepción y convicción de que las ideologías y el sentido de izquierda y derecha ya no existen, que son conceptos superados y anacrónicos; la verdad es que estos empaques ideológicos están más vigentes que nunca y si bien tienen algunas diferencias de contenido, hay al menos 3 aspectos en los cuales el contenido ideológico está muy presente y según su aplicación, pueden reconfigurar la fisonomía de nuestra sociedad, para bien o para mal. Una de ellas es la economía; aspecto medular en el desarrollo de una nación sea cual sea. Dejando de lado la noción romántica de que el Dinero no es lo más importante en la vida, la realidad nos muestra con crueldad que sin recursos la voluntad no basta y el dolor y la desesperación se apoderan de quien carece de dinero y no tiene la posibilidad de generarlo. No será lo más importante, pero es necesario.

En este sentido, es falso que haya un consenso sobre la vigencia y valor de la economía social de mercado que actualmente tiene el país; la verdad es que hay quienes quieren cambiar ese modelo y reemplazarlo por otro que se vende como nuevo, pero no es nuevo. La economía controlada y regulada por el Estado, es antigua y se ha aplicado en el Perú; el mejor ejemplo de eso es el gobierno de Alan García en el segundo quinquenio de la década del ochenta. Estatización de la banca, bonos populares, control de precios, aislamiento internacional y demás medidas que nos llevaron a la peor crisis económica de los últimos 50 años. La izquierda cree que esta vez si puede funcionar, en la derecha hay consenso de que aún con sus fallas y correcciones por hacer, la economía de mercado funciona. Prueba de ello es que nuestro país ha sido (desordenada y peligrosamente en muchos casos) uno de los destinos favoritos de migrantes venezolanos que escapaban de su país, donde el socialismo llegó con bellas promesas, sonrisas y alegría y que en menos de 20 años quebró una de las mejores economías de Suramérica. Nadie va a un país sin oportunidades, va donde estas abundan.

Los otros dos aspectos van de la mano y son a la vez campo de lucha y arma de ataque; me refiero a las instituciones y la cultura; es ahí donde las diferencias entre la visión de izquierdas y derechas se enfrentan sin tregua; mientras la izquierda camuflada en la etiqueta de progresista, moderna o inclusiva apuesta por tener un Estado más grande, costoso e intrusivo y controlador; desde la derecha se busca trazar líneas claras que separan lo público de lo privado y que hagan del Estado una entidad menos grande y menos costosa, prescindiendo de excesivas burocracias e intromisiones en la vida privada de las personas. Por eso, mientras desde la izquierda quieren usar el poder del Estado para imponer culturalmente agendas globales como el matrimonio gay, el aborto, el feminismo supremacista, el lenguaje inclusivo del todes y todxs; desde la derecha se considera las relaciones de las personas un asunto privado; el aborto un asesinato que no corresponde avalar al Estado, el matrimonio una institución entre varón y mujer; el respeto un código de coexistencia en la sociedad y lo innecesario de ridiculizar el lenguaje para tratar don dignidad y consideración a mujeres, varones u homosexuales.

Todos tenemos nuestros propios valores e ideas, es bueno reconocerlas y luego buscar en la plataforma de candidatos (presidente y congresistas) quienes se acercan más a las nuestras y votar por ellas; en eso consiste la democracia, en que nuestras ideas estén representadas, no en elegir al más bonito, el mejor orador o el más chévere de los candidatos. Recuerden que Lucifer, antes de ser el símbolo del mal, fue un ángel. Elijan con la cabeza, no con el corazón.

 

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