Los votantes de última hora

Rubén Valdez Alvarado

Esperar hasta el último momento para realizar una gestión, pagar algún servicio público o cumplir con algún compromiso, la verdad, en el Perú de hoy, aún es parte de nuestra cultura nacional ciudadana con las excepciones del caso, por supuesto. No es de extrañar que aproximadamente un tercio del electorado aún no decida por quién va a votar a pocos días de las elecciones generales de 2021. Muchos deciden su voto en el momento de sufragar.

Esta alta tasa de indecisión ha sido motivada también por una sucesión de recientes acontecimientos políticos en tan corto tiempo: elecciones complementarias, vacancia de Vizcarra, movilización de la Generación Bicentenario, acciones del actual Congreso fragmentado con muchos visos de populismo y el caso de la “vacunación vip”. Para variar eran dieciocho los candidatos a la Presidencia de la República.

En el contexto histórico, la población peruana vio pasar proyectos políticos fallidos desde el retorno de la democracia en 1980 hasta la actualidad. Quedaron en el camino proyectos inconclusos como las reformas de segunda generación que se iniciaron en el gobierno de transición de Valentín Paniagua, el Acuerdo Nacional que se gestó durante el gobierno de Toledo y la descentralización inacabada que hoy pasa factura con la pandemia.

Sin duda, todo esto ha generado en la población mucha frustración, sumándose la volátil y frágil institucionalidad de los partidos políticos, a pesar de haberse logrado importantes reformas políticas en estos dos últimos años gracias a la presión social. Esa frustración, muchas veces se traduce no solo en indiferencia, sino en desdén contra la política y los políticos cuyas consecuencias son inciertas.

En este escenario, cuánto influyen los debates políticos en los indecisos. Sinceramente, no serán muy gravitantes ante una sociedad que lee poco, signada mayormente por la banalización de la cultura –parafraseando a Vargas Llosa-. Pesan más los memes y Tik Tok sobre el debate que los mensajes esgrimidos por los candidatos. Algunos de ellos, como López Aliaga, ante una ciudadanía precaria, sabe que “trolear” a periodistas, medios y candidatos rivales son más impactantes que exponer con sinceridad ante el país sus planes de gobierno.

¿Qué tiene que ver todo esto con los votantes de última hora? Sencillamente, los llamados indecisos reflejan la realidad de una sociedad como la nuestra con una democracia débil que tienden lamentablemente a inclinar la balanza y a jugar un rol determinante en las próximas elecciones. A estas alturas, con candidatos que no pasan el 15% en la intención de votos, todo es incierto.

La cultura de la última hora, por su naturaleza, genera caos, sobrecostos, pérdida de tiempo, improvisaciones, y en esta pandemia una mayor propagación del virus. En la política, en un proceso electoral en marcha genera una serie de consecuencias. No cabe el voto informado, sino lo emotivo, improvisado y la decisión de última hora: votar por cualquiera o por algún outsider, también de último momento. Es cruel, pero forma parte de nuestra dramática realidad social y ciudadana.

Sin embargo, en estos escenarios críticos, como sucede en las turbulencias económicas, podemos hallar una oportunidad, un punto de inflexión a fin de zanjar con el pasado, vinculado a proyectos seudodemocráticos. La Generación del Bicentenario tendrá que sobreponerse a esa generación de los Lava Jato, de los “vacuna vip”, de los “cuellos blancos”, de los Comunicore, de los “petroaudios” y demás casos que empobrecieron política, económica y socialmente al país. Solo deseamos que el voto ciudadano de último momento no signifique blindar por cinco años más el pasado oscuro del país. (https://www.patamarilla.com)

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *