Castillo versus Fujimori, ¿y ahora qué?

Germán Vargas Farías

Cuando, en la tarde del domingo, Hernando de Soto dijo, sin rubor alguno, que estaba ganando en una casa de apuestas de Las Vegas, pudimos conocer un ejemplo más de lo atípica de las elecciones del 11 de abril, y corroborar que varios de sus componentes –incluso candidatos- eran francamente raros.

Hubiera tenido más sentido que Rafael López Aliaga dijera que estaba ganando abrumadoramente entre los feligreses del Movimiento Misionero Mundial, dado el apoyo que recibió de sectores del fundamentalismo religioso que incluso hicieron campaña en favor de Renovación Popular desde los púlpitos; o que George Forsyth agradeciera el respaldo de los hinchas de Alianza Lima, aunque nunca tuviera forma de demostrarlo y los resultados finales lo desmintieran.

Y es tan atípica esta elección que los candidatos más votados y que han pasado a segunda vuelta, Pedro Castillo, de Perú Libre, y Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, juntos no superan el 33 % de los votos. A diferencia de lo que pasó en las elecciones 2016, cuando Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuzcynski sumaron entre los dos más del 60 % de votos, esta vez se puede afirmar, considerando las cifras oficiales de la ONPE, que 67 de cada 100 electores no votaron por los candidatos que competirán en segunda vuelta.

Los resultados son de susto no lo niego, pero hay que procurar serenarse, practicar una respiración mesurada que te ayude a relajarte, y hacer los cambios que hagan falta para mejorar lo que se pueda. »

Pero no fueron solo las casas de apuestas de Las Vegas, las que – si tomamos en serio a de Soto- perdieron, tampoco lo previeron los analistas políticos, y menos los voceros y propagandistas de las agrupaciones que en ciertos momentos aparecieron primeros en las encuestas.

Una jornada sin mayores sobresaltos, con un despliegue sin precedentes dado el contexto de pandemia, solo tuvo en el candidato López Aliaga un factor disonante, aunque intrascendente. Su precipitada denuncia de «trampa» y «robo del voto», ni siquiera fue acompañada por Rafael Santos, el sujeto aquél que trocó su rol de candidato a esbirro en el debate presidencial.

La sorpresa estalló a las 7.00 p. m., hora del flash electoral. La jornada que se venía desarrollando y concluiría pacífica y democráticamente, mostraba, para satisfacción de algunos y estupor de otros, la descarnada realidad.

El menú era malo, pero elegimos entre lo peor. Castillo, un dirigente de extrema izquierda que adhiere a posiciones retrógradas de extrema derecha, y la heredera principal de la dictadura fujimorista.

Sobrevino, entonces, para muchos, una especie de «ataque» de hipo, que han pasado más de 48 horas y hay quienes no superan. Los resultados son de susto no lo niego, pero hay que procurar serenarse, practicar una respiración mesurada que te ayude a relajarte, y hacer los cambios que hagan falta para mejorar lo que se pueda.

Hay que seguir. Con esperanza, y sin usar cilicio ni otro accesorio para autoflagelarse. No sirve de nada y, demostrado está, cuando una persona apela a eso se extravía tanto, que puede perder la razón.

En pandemia, con récords de muertes que podemos seguir batiendo, está bien hacer una pausa para tratar de entender lo que ha pasado, sacar lecciones, corregir lo necesario, sacudirse y, no hay más remedio, seguir.

Siempre habrá buenas razones para hacerlo. Mire cerca de usted y lo notará, y si se atreve a observar un poco más allá, créame, lo comprenderá mejor.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *