¿Cómo mejorar la gerencia pública local para el desarrollo de nuestras familias?

 

Pier Paolo Marzo Rodríguez
Pier Paolo Marzo Rodríguez

 

En Huacrachuco, donde pasé casi todo el confinamiento del 2020, todos los meses se cortaba el suministro de electricidad, supuestamente por situaciones «naturales»: un árbol o un rayo que dañaban cables de transmisión, según informaba Hidrandina desde su sede en La Libertad. Esto afectaba la actividad profesional, docente y estudiantil de los 10559 electores hábiles del distrito, sus hijos y los residentes ocasionales como yo, que siempre me preguntaba por qué no había una protesta organizada contra la mencionada empresa de distribución de electricidad. Pues finalmente la hubo: mediante el voto. Allí Perú Libre obtuvo el 41,42 % de los votos válidos, muy por delante de Acción Popular, Fuerza Popular y Juntos por el Perú, en ese orden.

Este voto en favor de un cambio radical ha sido un patrón en los distritos más pobres del Perú: en 46 de los 50 primeros, ganó Perú Libre. Y no por la mayor calidad de su plan de gobierno ni de sus equipos técnicos ni de su publicidad. Sino porque su red de publicistas docentes supo conectar con esa necesidad de cambio en el trato que el Estado y las empresas le dan a los distritos lejanos de la capital nacional y de las capitales regionales. En efecto, en Lima se concentran las principales inversiones en infraestructura vial, de agua y saneamiento y de conectividad telefónica y de Internet. En las demás provincias encontramos distritos con deficiencias serias en todos esos aspectos: carreteras y caminos riesgosos y en mal estado, agua sin potabilizar y con suministro discontinuo, telefonía de mala calidad, sin mencionar las carencias ya mencionadas en otros artículos en salud y educación.

En Lima se concentran las principales inversiones en infraestructura vial, de agua y saneamiento y de conectividad telefónica y de Internet. En las demás provincias encontramos distritos con deficiencias serias en todos esos aspectos»

Ante ello urge una voluntad política de redistribuir el presupuesto público para impulsar el desarrollo integral en el territorio peruano. Pero, aunque menos evidente, es igual de urgente una voluntad política de mejorar la calidad de la gerencia pública subnacional que gestione el mayor presupuesto. Y esto exige medidas como las siguientes:

  1. Estandarizar las remuneraciones de los gerentes públicos locales y regionales, en base a criterios objetivos.
  2. Estandarizar las exigencias para los puestos gerenciales; no sólo priorizando el criterio académico, valorando más las experiencias y capacidad de servicio y de innovación en la gestión.
  3. Estandarizar la capacitación permanente de las gerencias subnacionales, con programas de formación y actualización gratuitos, en gestión, gerencia o administración pública. Hoy existen programas gratuitos y de la mejor calidad en el sentido, impulsados por la cooperación internacional de Estados que han apostado por el desarrollo integral de otros países.

El programa de Gestión de las Finanzas Públicas Subnacionales, del Basel Institute on Governance, de la Confederación Helvética – Suiza- es un buen ejemplo de mejora de capacidades de gestión, que bien podría ser tomado por el gobierno entrante para impulsar una política nacional de capacitación de gerencias públicas subnacionales, a fin de cumplir con las necesidades y justas expectativas de cambio de los electores de la mayoría de las provincias del país.

En general, un desarrollo que se sienta en todas las familias peruanas urge de una reforma integral del servicio público que garantice en los 1874 distritos de nuestro Perú, la presencia de profesionales con disposición de servicio y de innovación para la mejora de la gestión del presupuesto y los servicios públicos. Esperemos que se tiendan los puentes para conseguirlo.

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