Fujimori contra Castillo… una guerra prolongada y de resistencia

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

«Conoce al enemigo y conócete a ti mismo, y en 100 batallas nunca estarás en peligro; cuando desconoces al enemigo, pero te conoces a ti mismo, tus posibilidades de perder o ganar son las mismas; si desconoces tanto al enemigo como a ti mismo, con certeza estarás en peligro en cada batalla», escribía el general Sun Tzu en su inmortal Arte de la Guerra. Es inevitable no situar la poderosa connotación de dicha lección en nuestro escenario de lucha política y en el campo de batalla que significa este mayo preelectoral.

Recordemos que esta es una batalla por el poder en esencia. No es una batalla de liberación, ni de salvataje, ni mucho menos de supervivencia. Es una pelea por administrar el poder del Estado y gobernar a 30 millones de peruanos. Asumiendo que los bandos en lucha son los que encabezan Pedro Castillo y Keiko Fujimori, quienes despliegan sus tácticas y estrategias para lograr que los electores se inclinen por apoyar a uno u otro. La política es la guerra y una campaña es también un despliegue en distintos escenarios. Y en esta columna haremos un breve repaso a las estrategias de lucha en tierra; es decir, de movilización y despliegue de fuerzas por todo el territorio nacional y lo que ello implica.

No ha ganado quien va adelante, ni ha perdido quien va detrás; hay un solo camino para ambos, continuar peleando»

Keiko Fujimori y Pedro Castillo han considerado que la batalla debe librarse en las regiones y desde ahí avanzar a Lima, fortaleciendo a su paso las bases que consideran más fuertes. Keiko en el norte y Castillo en el Sur y el Centro. Afirmarlas es vital para ir acumulando poder disuasivo y así paulatinamente ir avanzando hacia zonas menos afectas. Esto, además, sirve para estimular la movilización de sus simpatizantes en el país, como reacción a la presencia de sus candidatos, como un general pasando revista a sus tropas y convocando a nuevos alistamientos. Esta movilización, sin embargo, se da en un contexto pandémico que subyace peligrosamente al ímpetu y fervor que las campañas puedan generar y ese es un factor limitante para soltar una movilización plena.

Lima, que representa casi la mitad del electorado, será el campo de batalla final donde los cuatro debates que ha programado el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) serán muy relevantes para consolidar o derruir las posibilidades de éxito el 06 de junio. Relevante, mas no decisivo. Pues quienes apostaron todo a lograr resultados a partir de formidables participaciones en un debate, no han saboreado la miel del éxito, pues aquí aplica lo que decía Mao Zedong sobre la ilusión de las guerras rápidas en relación con las guerras prolongadas: «Los defensores de la victoria rápida no se dan cuenta de que la guerra es una competición de fuerza, y que antes de que se produzca un cambio en las fuerzas relativas de los beligerantes no hay base para intentar librar batallas estratégicamente decisivas».

Esta visión puede reflejarse en los casos en los cuales candidatos descollantes en el último debate no han tenido la correspondencia en el ánfora. Castillo, sin embargo, puede atribuir su primera victoria en primera vuelta a la funcionalidad de los ataques rápidos, al mismo estilo de las famosas Blitzkrieg alemanas que tenían la característica de campañas relámpago muy rápidas que tomaban por sorpresa a sus rivales y lograban victorias significativas. Ese momento ha pasado y hoy, el contexto es de guerra prolongada, pues un mes en una campaña política es tan largo como un año para pelear y resistir.

Cuando el recién nombrado primer ministro inglés en 1940, tras la inminencia del avance militar nazi debía liderar un gabinete de guerra y un parlamento rendido y resignado donde la mayoría veía una calamidad irreversible sobre la isla británica, intoxicados por el pesimismo del exprimer ministro Chamberlain y su ministro de Relaciones Exteriores el conde Halifax, quienes pugnaban por llegar a acuerdos de sumisión con la Alemania de Hitler, soltó su famosa frase: «Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra; elegisteis el deshonor, y ahora tendréis la guerra». Churchill conocía la naturaleza de Hitler y el nazismo, sabía que no podía confiar en ellos y que no había acuerdo posible y la única alternativa era pelear y resistir y para eso debía revertir el ánimo inglés y darles la confianza y el valor que necesitaban, recuperar la moral y creer en que es posible vencer. En esta campaña, es igual. No ha ganado quien va adelante, ni ha perdido quien va detrás; hay un solo camino para ambos, continuar peleando y confrontando (llega el momento de las ideas) para superar en votos al contrario.

En la siguiente columna apelaremos a la misma lección del general Sun, pero situaremos a dos contendientes distintos: los candidatos que buscan el poder contra los ciudadanos que encargan el poder. Esa es otra perspectiva poco explorada de esta guerra política.

 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *