Vacuna contra la desinformación

Teresa Chara de los Rios

Siempre que estamos a poco tiempo de las elecciones en segunda vuelta, los ánimos de los electores se van caldeando porque al haber solo dos candidatos, las personas van tomando posición por uno de los candidatos y defienden sus preferencias electorales.  Estas elecciones están cargadas de muchos simbolismos, corrientes y polos opuestos que levantan muchas pasiones y temores.

Es en este contexto, que en las redes sociales se vienen desarrollando una intensa actividad de creación y difusión de noticias falsas, distorsionadas o editadas con respecto a los candidatos. Por ejemplo: “que cerrarán el Congreso”, “que habrá un golpe de Estado”, “que va a modificar los Tratados Internacionales”,  “que una vez que llegue a la Presidencia se quedará de por vida” y tantas otras noticias y rumores que se vienen escuchando en contra de uno y otro candidato, generando por desconocimiento, desconcierto y temores en la población. Necesitamos con urgencia una vacuna contra la desinformación.

Lo cierto es que cualquiera de los dos candidatos que gane solo podrá hacer lo que esté dentro de sus atribuciones y del marco constitucional. De incumplirse, el Congreso de la República se lo impediría y lo podrá sancionar declarando su vacancia, más aún cuando el Tribunal Constitucional se lavó las manos y no quiso hacer la interpretación de la “vacancia por incapacidad moral” tema pendiente y posible de ser aplicado para el próximo candidato o candidata que gane el sillón presidencial.

Entonces, no es tan fácil como se cree que el Presidente de la República puede hacer lo que quiera. Hay límites en el ejercicio y ejecución de quien ocupe la Presidencia de la República. Dentro de ese ambiente de desinformación me gustaría mencionar lo que indica el Art. 117 de nuestra Constitución:

“Artículo 117.- El Presidente de la República sólo puede ser acusado, durante su período, por traición a la patria; por impedir las elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales o municipales; por disolver el Congreso, salvo en los casos previstos en el artículo 134 de la Constitución, y por impedir su reunión o funcionamiento, o los del Jurado Nacional de Elecciones y otros organismos del sistema electoral.”

¿Y qué dice el artículo 134?

“El Presidente de la República está facultado para disolver el Congreso si éste ha censurado o negado su confianza a dos Consejos de Ministros. (Lo que hizo el expresidente Vizcarra).

…No hay otras formas de revocatoria del mandato parlamentario.

Bajo estado de sitio, el Congreso no puede ser disuelto.”

Sobre las atribuciones y obligaciones del Presidente de la República el artículo 118° señala 24, solo mencionaré algunas como en el numeral 1 que le obliga a cumplir y hacer cumplir la Constitución y los tratados, leyes y demás disposiciones legales. Las leyes las aprueba el Congreso de la república.

… Asimismo, ejercer la potestad de reglamentar las leyes sin transgredirlas ni desnaturalizarlas; y, dentro de tales límites, dictar decretos y resoluciones. Cumplir y hacer cumplir las resoluciones del Jurado Nacional de Elecciones. Dirigir la política exterior y las relaciones internacionales; y celebrar y ratificar tratados. Dictar medidas extraordinarias, mediante decretos de urgencia con fuerza de ley, en materia económica y financiera, cuando así lo requiere el interés nacional y con cargo de dar cuenta al Congreso. El Congreso puede modificar o derogar los referidos decretos de urgencia.  Regular las tarifas arancelarias. Conceder indultos y conmutar penas. Ejercer las demás funciones de gobierno y administración que la Constitución y las leyes le encomiendan.

En conclusión, el próximo presidente o presidenta no podrá aprobar leyes, no puede cerrar instituciones como la Defensoría del Pueblo, destituir al Contralor General de la República o cualquier miembro del Tribunal Constitucional, – entre otros – que no esté señalado en sus atribuciones. Recordemos que ninguno de los dos candidatos cuenta con mayoría en el Congreso. Quien llegue al sillón de Pizarro tendrá que hacer alianzas con las otras fuerzas políticas, pero ni siquiera eso le garantizará que en algún momento le planteen la vacancia, incluso por no ceder a ciertas presiones por intereses personales o grupos partidarios. En suma, ninguno de los dos la tendrá fácil.

 

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