Chota existe

La otra cara del debate

Rubén Valdez Alvarado

El debate entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo en la ciudad de Chota, sin lugar a dudas, puso en vitrina nacional e internacional a este pueblo cajamarquino. El enorme esfuerzo desplegado por la candidata de Fuerza Popular para llegar al lugar, así como los grandes medios, evidencia una gran realidad: Chota existe como cualquier otra provincia o distrito del interior del país. Ese Perú desconocido e incómodo para las élites políticas es el que hoy, en un gran porcentaje, apuesta por el candidato de Perú Libre, aunque la campaña política de la segunda vuelta recién haya comenzado.

“Venir hasta aquí”, la famosa frase de Keiko, en realidad, fue una expresión que denota una forma de estoicismo personal, mas no una convicción democrática, aunque después quiso desdecirse. Si ella liderara las encuestas con un amplio margen, ¿hubiera aceptado ir a debatir hasta la lejana Chota? Posiblemente no. El sacrificio de viajar más de once horas tenía un norte: ganar por nocaut el debate y en primera ronda. No fue así; tuvo que emplazar a su ocasional contendor a cuatro debates más.

Pedro Castillo es un dirigente sindical que no ha surgido de la noche a la mañana. Es el resultado de un proceso donde los debates cotidianos son programáticos, ideológicos, maquiavélicos hasta de callejón. Lo de Chota, en el Día del Trabajo, no fue casualidad. Conoce su oficio, aunque no da la talla de estadista. Tuvo la mayor cobertura mediática porque los grandes medios, que apuestan por la mal menor, no calcularon el efecto búmeran, por lo menos, en este primer round.

En cuanto a la organización del debate, que estuvo a cargo de la Municipalidad Distrital de Chota, fue una lección de cómo fuera de Lima, y en un distrito que no es la capital departamental, es factible desarrollar un evento de tal magnitud política. Respecto al formato y la conducción fue muy ágil y objetivo, una lección que el Jurado Nacional de Elecciones debe asimilar. Por ejemplo, los conductores o moderadores no deberían preguntar o expresar sus puntos de vista, así como permitir las preguntas del público. Son subjetivos. No se trata de un talk show ni de un programa periodístico; es un debate presidencial que tiene que garantizarse con la pulcritud, tal como se realizó en Chota.

Al margen de los diversos temas expuestos, los entredichos y las acusaciones mutuas, el debate puso de manifiesto, una vez más, que estamos ante dos candidatos populistas diametralmente distintos. Por citar un ejemplo, Keiko Fujimori ofreció regalar dinero en efectivo, el 40% del canon minero cajamarquino a los pobladores. Esto es totalmente irresponsable porque ninguna política o programa social implica, en estos tiempos, una repartija de dinero. Por su lado, Pedro Castillo, entre otros anuncios, dijo que los jueces van a ser elegidos mediante una votación popular. La magistratura no es un cargo político y la lucha contra la corrupción no pasa por un proceso electoral, sino por garantizar un sistema judicial autónomo, con profesionales probos basados en la meritocracia y sistemas de control eficientes. Los debates no solo deben constituir medios para un mayor posicionamiento electoral, sino también para hacer ajustes a proyectos efectistas e inviables para el desarrollo y la institucionalidad.

El debate político en Chota ha implicado una mirada forzosa al interior del país que ha sido golpeado, en mayor dimensión, por la pandemia y la crisis económica. Sin embargo, la descentralización, inconclusa y con una serie de fisuras estructurales, no está en la agenda de los debates. Más allá de visualizar al ganador o ganadora del debate hay temas pendientes como la descentralización que no se pueden obviar.

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