Todo para Mamá

¡De todo corazón para ellas!

Edgardo Espinoza A.

Estos días previos al Día de la Madre escucho las canciones clásicas, con tantos adjetivos calificativos buenos que me recuerdan y nos recuerdan la grandeza de la maternidad. Las madres, seres únicos que recibieron una vocación sui generis desde lo alto, el altísimo las dotó de innumerables virtudes y de ingenio.

En las emisoras o en la plataforma del internet ya se oyen las dulces melodías, por ejemplo, del gran Leo Dan: “Todos tienen una madre…” que de hecho consternan a cualquier ser humano cuando no tiene a su mamá o que durante esta pandemia lo ha perdido. Es desgarrador saber que ya no se cuenta con la bendición divina que es la mamá.

Palito Ortega que dice: “Esa flor que está naciendo, ese sol que brilla más, todo eso se parece a la sonrisa de mamá…” hermosa metáfora para significar la grandeza y el amor que uno tiene a su mamá. Y este otro del Jilguero de Huascarán: “Benditas las madres, benditos sus vientres que, con dolor profundo, traen hijos al mundo. Desgarrando sus entrañas, hiriéndose en el alma. Enfrentando a la muerte, segundo por segundo…” cantando a toda una escena viva. Por todo ello, la dulzura maternal es única.

La ser más dulce de la tierra es nuestra mamá. Es ella la artista de nuestra vida. Con sus manos miles de veces nos ha cargado y acariciado y con sus labios cientos de besos han depositado en nuestro rostro. Con sus caricias, alegrías y llantos también nos ha llenado la vida y siguen haciendo ese mismo ritual quizás un poco disminuidas en fuerzas, pero lo hacen.

Qué honroso y meritorio día. El sol naciente con su encandilado calor empieza a irradiar el día más importante del año, justamente el segundo domingo de mayo para abrigar y acompañar los quehaceres del día a día porque las mamás tienen una infatigable e inagotable labor durante los 365 días del año.

Nunca se cansan. Son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse. En su corazón y en su mente solo está la noble y cariñosa tarea de llenarle el estómago a sus hijos y verlos felices.

No hay otra cosa más dulce que las madres puedan prodigar viendo a sus hijos tan contentos. No hay regalo más grande en el mundo con el que podamos llenar su ser, como es el milagro y regalo de habernos llevado en su vientre nueve meses y todos los rituales que hacen de enseñarnos a comer, contándonos mil historietas, algunas un poco de terror: El “cuco viene”; nos enseña a caminar sin quejarse que le duele la cintura o la columna. Todo lo puede en el ser que empieza a dar sus pasos. Su contento es verlo correr. Nos hace dormir inventando canciones y sin ser artistas nos hace sonreír.

No hay cosa material con el que podamos llenar el corazón de una madre. Por eso el regalo más grande es el de ser hijos obedientes, trabajadores, estudiosos, honestos y ser la alegría y no la causante del dolor o la muerte que muchas veces pasan. Y en su ancianidad cuidemos de ellas tal como cantan las sagradas escrituras: “Pórtate con humildad y amabilidad, y serás amado más que el que da muchos regalos” (Ecl. 3,14). Nada es suficiente de lo que hagamos para poder retribuir a nuestras mamás.

Ellas han criado a muchos hijos y cuando sus fuerzas disminuyen o se va apagando su vida los muchos hijos no podemos atendera una sola persona, nos falta paciencia y buen humor.  Qué paradójica es la vida.

Cada día suspirando están las mamás con su frase ya estigmatizada en su mente y corazón: “cómo estará mi hijo”; lo hacen hasta el final de sus vidas.

No hay pintor en el mundo para retratar el ser interno de las madres, no hay artista que haya develado lo que mamá tiene en su corazón, no hay canciones que hayan regenerado la vida de la mamá, solo ellas saben que en su corazón hay tesoros sagrados e intocables y que nadie pueda penetrar. Larga vida para ellas mientras sus hijos viven. Solo recordemos esta sabiduría popular que circula cientos y miles de años: “Hijo eres, padre serás; así como tratas han de tratarte; joven eres viejo, serás así; como tratas han de tratarte”.

Incomparable e inconfundible los besos de mamá.

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