“Pro-vida”, entre la hipocresía y el fascismo

Germán Vargas Farías

«Yo postularía algún día a la Presidencia para hacer esto con el Lugar de la Memoria, adentro pondría todos los textos escolares y contenido de todo tipo que diga ‘conflicto armado interno’. Luego que me vaquen. Me iría feliz», escribió Giuliana Caccia, en su cuenta de twitter, el pasado 20 de abril.

Mostraba la señora Caccia la imagen de una explosión y, con desparpajo, su alucinación: volar el LUM.

Comunicadora social, con maestría en Matrimonio y Familia, por la Universidad de Navarra, España, y directora de la Fundación para la Familia, la señora Caccia es una activista “pro-vida”, y ahora mismo promueve con fervor la actividad denominada Rosario por el Perú, que es un llamado a unirse en oración “ante la amenaza del comunismo”.

¿Le sorprende que una señora, en apariencia tan ilustrada, sea una ferviente católica que llama a rezar por el Perú, e incite a la violencia y haga apología a la destrucción del patrimonio público?

Giuliana Caccia y Rafael López Aliaga son referentes de un fundamentalismo político y religioso sumamente pernicioso para la democracia»

¿Dice usted que no tenía la menor idea sobre quién es Giuliana Caccia?, es la misma señora que denunció –evidentemente, otra alucinación suya- que el Ministerio de Educación promovía el sexo anal.

¿Me pregunta si esa señora está loca? No, no creo. Era la conferencista predilecta de Rosa Bartra, mientras estuvo en el Congreso; y fue una entusiasta promotora de la candidatura de Rafael López Aliaga, a la presidencia de la República. ¿La hace sospechosa eso de ser una chiflada? Claro que no.

A propósito de López Aliaga, “¡Viva la democracia! ¡Muerte al comunismo! ¡Muerte a Cerrón! ¡Muerte a Castillo!”, ha sido la proclama que ha querido dejarnos para la posteridad.

En un mitin organizado para respaldar la candidatura de Keiko Fujimori, el líder y excandidato presidencial de Renovación Popular, el “único partido provida del Perú” según sus propias declaraciones, pidió la «muerte» para el candidato a la presidencia de Perú Libre, Pedro Castillo, y para Vladimir Cerrón, fundador de la misma organización política.

¿Le sorprende que un empresario, miembro del Opus Dei, que es “pro-vida” y practica el celibato, incite al odio e invoque la muerte de otras personas?

Lo habíamos visto haciendo alarde de un lenguaje procaz, insultando, mintiendo, difamando, y emprendiéndola sobre todo contra mujeres periodistas, ¿usted no creyó que López Aliaga se atrevería a lanzar amenazas de muerte?

No recuerdo una campaña electoral en nuestro país donde hayamos tenido manifestaciones tan palmarias de fascismo, de personas que pretenden erigirse en defensores de la democracia petardeándola.

La amenaza del totalitarismo que advierten lo encarnan tan desembozadamente, que los muestra como el real peligro y desafío para la democracia. Y allí están avalados por otros, que distraídos miran la paja -o las vigas- que hay en los ojos de los gobernantes de otros países, y pasan por alto los tarugos en la vista de sus candidatos, o candidatas.

Hipocresía, ciertamente, y desidia para deslindar con el extremismo en tanto es funcional a sus intereses.

Giuliana Caccia y Rafael López Aliaga son referentes de un fundamentalismo político y religioso sumamente pernicioso para la democracia que se mantendrá vigente, y puede fortalecerse, en los próximos años.

Eso ocurrirá sea Castillo o Fujimori quien gobierne en el primer quinquenio posterior a nuestro bicentenario. Al votar, debiéramos considerar qué aspirante y agrupación política puede ayudar a contener esa amenaza. Como verá, hay mucho más en juego que aquello que los grandes medios y grupos de poder nos presentan. Con nuestro voto, podemos empezar a resistir.

 

 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *