Castillo y Fujimori… la batalla de los gestos

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

Trinidad y Tobago 2009. El entonces presidente Chávez se le acerca al recién electo Barack Obama y le da la mano, para luego decirle: “Quiero ser tu amigo”. La política que es la guerra, es también una batalla gestual; donde aquello que sucede en el escenario bélico, que es el escenario de lucha política, influye en el desenlace del conflicto y sirve para engranar los complejos mecanismos estratégicos desplegados en la contienda. Y es que parafraseando a un viejo político español: “La política esta hecha de gestos, de negociación, de palabras, de discursos”.

Ayer se ha firmado la llamada proclama ciudadana por el respeto a la democracia; un evento que pudo juntar a ambos contendientes, a diferencia de los debates que siempre terminan postergándose o evadiéndose, pese a lo importantes que son para escudriñar más allá de las frases cliché y la retórica inflamada de la campaña; es decir, para encontrar algo de pulpa adherida al hueso. En ese escenario moderado por el cardenal Barreto, que fue obispo de Junín en tiempos en que el socio político del profesor Castillo Vladimir Cerrón, era gobernador regional y donde ambos mantuvieron una diplomática y llevadera relación; era para muchos estimulante ver a ambos candidatos firmar públicamente un documento de 12 parrafillos en los cuales se afirma un compromiso y se jura una agenda política, en nombre de la democracia. ¡Bravo, muy bien! Se escuchaba y se leía en redes sociales.

Una candidata Fujimori, vestida de traje y pantalones como expresando seriedad y carácter firmaba el papelito y sonreía a las cámaras, como gesto de compromiso con la agenda ahí expuesta, la verdad es que aún mucha gente desconfía de ella.

El profe Castillo, con el siempre limpio y nuevo sombrero cajamarquino y su camisa blanca con su lápiz estampado en el pecho a mitad del camino —Entre su ubicación y la mesita donde estaba el papelito, convertido por obra del simbolismo caviar en el candado contra los excesos, abusos y totalitarismos en los cuales alguno de los dos podrían verse tentado a incurrir— tuvo la muy patriótica idea de besar la bandera peruana que acompañaba como muda espectadora la escena del pacto por la democracia. Un beso de amor, o un beso de Judas; solo el tiempo y el desenlace del 06 de junio lo dirán.

Los gestos son también retóricos y martillan en la mente de las personas con el lenguaje sencillo de las frases cortas, de los verbos y los adjetivos que recubren las carencias y debilidades más profundas de los candidatos, Como Kenyi Fujimori subiéndose al escenario gobernado por su hermana ante la ausencia prevista de Castillo. Ese abrazo de los que antes se atacaron y por política se distanciaron, volvían al abrazo intimo de la familiaridad.

Ambos con camisetas de la selección peruana, parecían querer mostrar el camino para la reconciliación y la unidad que el país espera en medio de tanta crispación; camino agreste y peligroso en medio del campo minado en que se han convertido estos días de mayo, en los que el solo hecho de optar por un candidato te hace blanco de los insultos y descalificaciones gratuitas del bando rival. La política es la guerra y muchos pagan el precio del daño colateral.

Mientras en Gamarra, la ofensiva terrestre del profe desplegaba su muy particular estrategia de blizkrieg; llegando —como ya es usual— a pie, rodeado de sus colaboradores y agentes de seguridad, lápiz en mano y saludando a izquierda y derecha, mientras sus corifeos le ponían emoción a la marcha del lápiz por las trincheras de los míticos emprendedores nacionales, que han hecho de Gamarra el símbolo del emprendimiento peruano, la meca de los provincianos que llegaron a Lima a conquistar un futuro mejor.

Ahí el profe, llegó, caminó, se subió a una banqueta de por ahí y en menos de 5 minutos, repitió eso que es su gesto retórico más claro: “Gobernaré con el pueblo”, haciendo del vocablo pueblo, su arma más confiable para desarmar la desconfianza de quienes se asumen parte de ella, sea por clave clasista o por moda académica. Luego de ello, de la misma informal y desordenada forma en que llegó, se marchó.

La política en esta fase electoral es también una batalla de gestos y los gestos son misiles que buscan desarmar la defensa de las prudentes dudas del elector. Eso lo sabía bien Obama, cuando estrechó la mano de Chávez y solo sonrío, con la sapiencia de quien también, sabe de gestos.

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