Racismo y discriminación: temas pendientes al bicentenario

Teresa Chara de los Rios

Hace un tiempo atrás me invitaron a dar una charla sobre el rol de la mujer actual pos pandemia. Cuando empecé a elaborar mi ponencia un sentimiento de confusión se apoderó de mí y empecé a cuestionarme sobre ¿de qué mujer me han pedido que hable: de la mujer que vive en la zonDa rural, en la ciudad, en las zonas urbano marginales? Cada una de ellas tiene su propia realidad y la pandemia les ha afectado en forma diferenciada a cada una de ellas.

Pero mi inquietud fue más allá. La realidad de las mujeres y de las personas en general es muy diferente si vives en la costa, la sierra o la selva. Si eres de rasgos mestizos, andinos o afrodescendientes. ¿Pero en verdad esto importa o son temas relevantes estando tan próximos a celebrar el Bicentenario de la Independencia del Perú?

Pues sí. El racismo y la discriminación son temas que siempre los estamos poniendo debajo de la alfombra, que sabemos que existen, pero no lo queremos ver y mucho menos abordar. Son problemas tan normalizados que no nos damos cuenta que están presentes en nuestra vida diaria, y en honor a la verdad, todos tenemos algo de actitudes discriminadoras.

¿Cómo es posible que lleguemos al Bicentenario y existan alumnos que todavía estudian sentados en una piedra o ladrillo?»

Y allí está el problema, no reconocemos que existe racismo y discriminación, por tanto no lo asumimos y seguiremos reproduciéndolos a diario. Desde el gobierno nacional, regional y local, las políticas públicas deberían darse para satisfacer las demandas y necesidades de la población de acuerdo a sus particularidades. Pero siendo nuestro país rico en diversidad cultural y étnica, se comete el error de considerar a las personas como ciudadanos “estándar” u “homogéneos” y allí el Estado cae nuevamente en ejercer exclusión, discriminación. Las prácticas discriminatorias tienen sus orígenes en las relaciones de poder.

La diversidad cultural no debería ser un tema de discriminación, al contrario, en la actualidad es un bien valorado, promovido y protegido a nivel mundial y es considerado un pilar del desarrollo humano sostenible, más aun cuando en nuestro país existe el compromiso de cumplir con los objetivos y metas establecidos en los Objetivos de Desarrollo Sostenibles y en la agenda 2030.

En el campo educativo también existe discriminación. Hay una gran diferencia entre las escuelas privadas y las escuelas públicas. ¿Cómo es posible que lleguemos al Bicentenario y existan alumnos que todavía estudian sentados en una piedra o ladrillo, con aulas de techos de calamina agujereados, servicios higiénicos que son huecos en la tierra o en el mejor de los casos baños destartalados, sin agua ni mantenimiento? Para las autoridades educativas la pandemia les ha caído como anillo al dedo porque los estudiantes al quedarse en casa no han necesitado de estas precarias instalaciones. Pero algún día tendrán que volver al colegio y debería existir un presupuesto para las actividades de reparación y mantenimiento permanente en las escuelas. Tener aulas perfectamente instalas y limpias, aun cuando no asistan los alumnos, es tener respeto y valoración a los estudiantes. Por allí debemos comenzar.

La educación es el pilar de desarrollo de la humanidad. Enseñar a los niños que todas las personas tienen el mismo valor, sin tomar en cuenta su situación económica o social, el color de su piel, su forma de hablar o vestir, edad o religión.

Nos llega el Bicentenario y el racismo y discriminación en todas sus formas sigue siendo temas pendientes en un país hoy distraído por las próximas elecciones presidenciales. Donde hemos sacado lo peor de nosotros. Estamos divididos, polarizados, discriminamos, no somos tolerantes ni respetamos la opinión de quienes manifiestan votarán por el candidato o candidata que no es de nuestra preferencia. Hasta en las familias se han dividido, lo cual demuestra que tenemos que seguir trabajando en desarrollar ciudadanía, estar mejor informados y lo más importante, trabajar en nuestras relaciones personales y familiares sin discriminación.

Que nuestro Bicentenario lo celebremos más unidos, tolerantes buscando el bien común más que el individual. Solo así tendremos un país más inclusivo camino al desarrollo y a la paz social.

 

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