Mi amigo Trifulcas

Andrés Jara Maylle

Mi amigo Trifulcas, contra todo pronóstico, se ha convertido en un izquierdoso intolerante. Él, me consta, no era así hasta hace relativamente poco. O tal vez.

Lo cierto es que su corazoncito rojo estaba bien escondido, pues se sabe que en su lejana juventud, efectivamente, tuvo ciertos acercamientos con partidos de ese bando y cantaba canciones de Illapu, los Kjarkas, Silvio Rodríguez y hasta La flor de la retama, con su voz desentonada.

Y cuando estudiaba los primeros años de la universidad leía periódicos y revistas de izquierda, admiraba al Che, a Fidel y apoyaba a los guerrilleros de El Salvador. En el barrio casi ya no se juntaba con nosotros pues tenía otros patas dizque militantes de partidos de vanguardia que apoyaban a agrupaciones minúsculas y casi clandestinas como el PSR, el POR-T, el UNIR, el PUM, el PAN o el PON y otros etcéteras.

Sin embargo, al terminar su carrera y, sobre todo, cuando comenzó a trabajar como burócrata en un ministerio importante, mi amigo Trifulcas fue cambiando de posición paulatinamente. Nos contaba que el muro de Berlín, esa humillación a la libertad humana, por fin había caído, que la Unión Soviética, en quien tanta gente había cifrado su esperanza y por quien tantos habían muerto, se había desintegrado en mil pedazos generando desaliento entre los jóvenes de su época.

El socialismo es una mentira, es un embauque» decía mi amigo cada vez que nos encontrábamos para tomar un par de cervezas bien heladas. Entonces se despachaba contra la desfachatez de un tirano como Fidel que sojuzgaba impunemente a tantos cubanos, convirtiendo la isla en una inmensa cárcel. Y hablaba pestes del Che, ese carnicero que disfrutaba fusilando gente inocente, que quería importar su inútil revolución a todos los países de Sudamérica».

«El socialismo es una mentira, es un embauque» decía mi amigo cada vez que nos encontrábamos para tomar un par de cervezas bien heladas. Entonces se despachaba contra la desfachatez de un tirano como Fidel que sojuzgaba impunemente a tantos cubanos, convirtiendo la isla en una inmensa cárcel. Y hablaba pestes del Che, ese carnicero que disfrutaba fusilando gente inocente, que quería importar su inútil revolución a todos los países de Sudamérica.

En su momento, incluso, había votado a favor de Vargas Llosa, pues, decía, Fujimori era producto esperpéntico de los izquierdistas y apristas que se habían aconchabado para seguir, como todos los parásitos, lucrando y viviendo cómodamente de las generosas tetas del estado.

Pasando el tiempo, mi amigo Trifulcas, inteligente, estudioso y muy proactivo en el trabajo, fue ascendiendo en la institución donde laboraba ya casi dos décadas. Todo lo que comentaba, lo que recomendaba, hacía pensar que, políticamente, se había alejado irremediablemente de su juventud izquierdosa y más bien había abrazado con cierto entusiasmo las políticas liberales que, dice, habían traído prosperidad a muchos pueblos del mundo. Votó a favor de Toledo, como lo hizo tanta gente asqueada de la tiranía fujimorista; no apoyo a Alan García pero sí a Lourdes Flores, la Huipsha, como él la llamaba.

En la siguiente elección apoyó a Ollanta Humala, el Cosito ladrón, pues a la hija del chino le tenía una justificada antipatía. Además, dijo, que Ollanta había firmado una hoja de ruta liberal y eso le daba una garantía de que el país seguiría por la ruta correcta. Para el siguiente proceso electoral, sin pensarlo dos veces apoyó a Kuzcynski, bestia negra del izquierdismo local, y se alegró bastante cuando este ganó, aunque raspando, a la china mentecata.

Todo esto sucedía en el mundo mientras mi amigo Trifulcas seguía, eso creíamos, batallando contra tiranos, autócratas y jefezuelos rojimios que en el mundo todavía quedan.

Sin embargo, algo debió suceder en su cabeza o en su corazón, que de un momento a otro, hace un par de meses, nos sorprendió a todos cuando nos dijo que estaba apoyando decididamente la candidatura de Verónica Mendoza, la Vero la llamaba él. Cuando le pedimos explicaciones a esa decisión dijo que ella es la única que garantiza que el pueblo realmente gobierne y no esos chupasangres de la CONFIEP. «La Vero no robará como los otros candidatos derechistas», dijo mirando el horizonte lejano. «Además, ya estoy harto de ver tanto sinvergüenza que se enriquece a costa de nuestros impuestos. ¡Eso ya basta!, decía con todas sus fuerzas contundentes.

Nuestra sorpresa fue grande pues pensábamos que mi amigo apoyaría a Hernando de Soto u otro candidato centroderechista. Nadie sabía que mi amigo Trifulcas había estado mutando de color en los meses de pandemia que nos dejamos de ver.

Pese a los esfuerzos de mi amigo, Vero, la Bella, como también la llamaba, quedó entre los últimos lugares. Trifulcas se decepcionó del porcentaje ridículo que obtuvo su candidata y acusó a la ONPE de estar coludida con la mafia derechista. Dijo también que le parecía muy raro que pasaran a la segunda vuelta dos candidatos sin credenciales democráticas.

«Esto es un peligro inminente para el país. El pueblo sabrá vengar esta afrenta», dijo la última vez que coincidimos por el barrio…

Huánuco, 23 de mayo del 2021.

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