VRAEM y el remanente que beneficia a algunos

Germán Vargas Farías

Fue en Ayacucho, el año 2005 si mal no recuerdo, que participé en una conferencia a cargo del general Marco Miyashiro, en ese momento director general de la Policía Nacional del Perú, en la que entre otras cosas informó que en el VRAEM operaba un remanente de Sendero Luminoso que, según detalló, estaba conformado por no más de 200 terroristas.

Yo había escuchado algo parecido antes, de modo que no desaproveché la oportunidad de preguntar aquello que cualquier persona inquiriría respecto a una realidad preocupante, y teniendo al frente nada menos que al jefe de la institución del Estado encargada de garantizar, mantener y restablecer el orden interno, protegiendo la vida, seguridad y patrimonio de las personas.

¿Por qué si conocen el número aproximado y ubicación de ese remanente terrorista, no montan un operativo para detenerlos? pregunté al también emblemático oficial del GEIN, gracias a cuyo trabajo se capturó a Abimael Guzmán y a todos los integrantes de la cúpula de Sendero Luminoso.

No obtuve respuesta, y me extrañó. Creí que uno de los principales responsables de, posiblemente, la más importante y eficaz investigación policial del siglo 20, podría atender mi preocupación, pero la conferencia terminó sin la respuesta esperada.

El señor que nos asegura que en seis meses acabará con los remanentes terroristas, fue ministro durante casi veinte meses y no lo logró, o no lo intentó, o no se dio cuenta que estaban allí»

Pasaron los años y seguí escuchando o leyendo lo mismo sobre la presencia del terrorismo -con algunas diferencias respecto al número- en el VRAEM, de parte de autoridades de los tres gobiernos siguientes, pero sin que se explique la razón por la cual no se había logrado desactivar lo que quedaba de esa banda terrorista.

Recordé la conferencia reseñada el domingo pasado en el curso del debate entre equipos técnicos, cuando escuché a Fernando Rospigliosi prometer que, si su candidata Keiko Fujimori ganara las elecciones, eliminarían los remanentes de Sendero Luminoso en seis meses.

Vaya, ¿quiere eso decir que no es imposible?, entonces ¿por qué no se hizo antes, por ejemplo, en el periodo que el mismo Rospigliosi fue ministro del Interior? El señor que nos asegura que en seis meses acabará con los remanentes terroristas, fue ministro durante casi veinte meses y no lo logró, o no lo intentó, o no se dio cuenta que estaban allí.

Cuántas vidas se hubiesen salvado si eso ocurría. Tal vez no estaríamos lamentando la muerte de 16 personas, entre ellas cuatro niñas y niños, víctimas de la matanza perpetrada la noche misma del debate por, según el Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, ese maldito remanente de Sendero Luminoso.

No voy a poner en cuestión aquí la verosimilitud de esa información, aunque existen muchos detalles por examinar y corroborar. No me cabe duda que, con el paso de los días, y tras una investigación que confío sea tan exhaustiva como objetiva, sabremos la verdad. Sin embargo, es deplorable y repugnante la utilización política de tragedia tan dolorosa por parte de algunos personajes y, entre otros, de aquel hombre, antes funcionario con facultades y recursos para enfrentar a la organización criminal –me refiero a Sendero Luminoso-  que poco o nada hizo cuando tuvo la oportunidad de realizar lo que ahora, después de tantas muertes, promete.

¿No será que la vigencia de ese remanente, que también llaman narcoterrorista, sirve y beneficia a algunos?

En homenaje a las víctimas recientes en el VRAEM, que se esclarezcan los hechos, que se repare a los familiares de las víctimas y se respete su memoria evitando manipular políticamente la tragedia, y que se sancione a los responsables y se termine definitivamente con cualquier remanente de un período que no debería repetirse jamás.

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