El drama del Perú: de la aristocracia colonial a la plutocracia neocolonial

 

Efraín Esteban Churampi
Doctor en Economía, magíster en Política Económica, exrector de la UNAS.

En general, la población peruana es emprendedora, quiere el desarrollo de su país. Sin embargo, la traba principal está en el sistema dependiente neocolonial. Este sistema también bloquea a nuestra clase gobernante; pero, ésta lo defiende a sangre y fuego. Es el síndrome colonial: amar las cadenas. Es la tragedia del dominado (por el capital externo) y a la vez dominador (del pueblo). Y la dominación permanente genera pérdida de identidad, corazón vacío, falta de autoestima, carencia de ideales. 

  1. ABSOLUTISMO (el rey se creía enviado de dios)

En los tiempos de la monarquía predominaba el poder absoluto del monarca (rey, emperador o zar). El monarca tenía poder total: Poder ejecutivo, legislativo y judicial. A la llegada de España al Perú, Atahualpa se había sublevado contra su hermano Huáscar, que era el  Inca,  por  lo  que  se  encontraban  en  guerra.  Atahualpa manda ejecutar a  su  hermano Huáscar. Es el Síndrome I de Atahualpa (el del divisionismo): antes que mi hermano, mejor el enemigo externo. Durante siglos hemos vivido marcados por este síndrome, permitiendo que el poder real siga en manos del exterior. La codicia por el poder y el divisionismo son los grandes lastres del Perú, permitiendo la dominación por el imperio español, primero; por el imperio americano, ahora. Este sistema neocolonial se ha convertido en algo intocable; destruyendo cualquier iniciativa de cambio; difamando o asesinando a los líderes opositores. Son fabricantes de héroes y villanos, de ídolos y demonios, en función a sus propios intereses. Al poder absoluto le encanta peleles. No olvidemos que el cristianismo fue vetado durante 3 siglos por el imperio romano, persiguiendo, torturando y quemando a los cristianos; hasta que el emperador Constantino, en el año 313, decreta la libertad de culto al cristianismo. Durante la colonia, todo gesto independentista fue acallado, con calumnias o asesinatos, para defender el poder del Rey; a Túpac Amaru le descuartizaron, a José Olaya le torturaron y fusilaron. En la lucha por la independencia hay muchos otros héroes conocidos y anónimos. Durante la República esto continúa, para defender el poder del capital internacional. La clase dominante del país es apenas la correa de transmisión del poder internacional. Por eso, más que una lucha de clases, en el Perú corresponde una lucha nacional, patriótica, por reafirmar nuestra independencia, por el crecimiento económico sostenido y de calidad, por el desarrollo nacional. El enemigo principal del país no está en el Perú, sino en el exterior. 

  1. MANIPULACIÓN (manipular para seguir dominando)

Jorge Basadre habla de la república aristocrática. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE, 2014), aristocracia es: «Ejercicio del poder por una clase privilegiada». El historiador griego Jenofonte habla de plutocracia. Según la RAE, plutocracia es: «Situación en la que los ricos ejercen su preponderancia en el gobierno del Estado». La clase gobernante siempre se salió con la suya, logrando manipular al pueblo para conservar el «orden establecido». En buena cuenta existe una especie de desquite: El poder internacional domina y manipula a los plutócratas del país; a su vez, estos dominan y manipulan al pueblo. La estrategia que utilizan es: difundir falsas premisas para que el pueblo saque sus «propias conclusiones». Por ejemplo, se calumnia a todos los que se oponen a sus intereses, a los que amenazan su poder, a través de todos los medios. En esta maniobra manipuladora no solo calumnian a los opositores, sino también encubren hasta los delitos de sus protegidos. Se aplasta todo intento de cambio para que el sistema sea intocable. Por ejemplo, los responsables de la derrota en la guerra con Chile (Prado, Piérola) siguieron gobernando el país, directa o indirectamente; mientras que el Partido Aprista (inicialmente antimperialista) fue duramente atacado, satanizado, en las primeras décadas de su fundación, con dirigentes que fueron perseguidos, encarcelados, asesinados. Nunca permitieron que Haya de la Torre llegara al gobierno; y cuando en 1962 gana las elecciones, el General Pérez Godoy hace golpe de estado. En 1985 el APRA gana las elecciones, como el «mal menor», para cerrarle el paso al «comunismo» de Barrantes. Todo ello con el voto popular. Es normal que el rico vote por el rico, pero ¿por qué el pobre vota por el rico? Porque es manipulado, es atemorizado con mentiras. Como resultado, su miedo de clase lo convierte en miedo «nacional». 

3.CORRUPCIÓN (tener lo que tiene el poder, a como dé lugar)

Los conquistadores vinieron por oro; no para construir una nueva sociedad. Eran personas con bajo nivel educativo y gran vacío espiritual. Nuestra clase dominante ha estado marcada por la corrupción. El remate fraudulento de empresas públicas, las concesiones tramposas, el denominado «Club de la construcción», las exoneraciones tributarias, las deudas multimillonarias en impuestos de las grandes empresas; son algunas muestras de ello. El mal nacional que ha predominado en los gobiernos y funcionarios está marcado por el Síndrome II de Atahualpa (el de la corrupción), que sobornó con oro y plata a los españoles para pretender salvarse: «Me salvo (beneficio) yo, aunque el país se vaya al diablo». Y la corrupción predomina hasta ahora debido al gran vacío espiritual, que el ser humano intenta llenar con dinero y riquezas materiales; olvidando que el corazón se llena con lo espiritual. Este es uno de los grandes problemas del país: La falta de amor a Dios, al prójimo y a nosotros mismos. Solo un país con amor, con alma, tendrá grandes sueños y grandes ideales, actuará honestamente y construirá una gran patria. En el incanato fuimos grandes; en el virreinato fuimos capital de la colonia. Ahora estamos entre los últimos de Sudamérica. Esto tiene que cambiar.

  1. MEDIOCRIDAD (irse al abandono, dejar de hacer)

El gran problema del ser humano es la falta de perseverancia. Y nuestros oligarcas son mediocres; no tienen la talla de los grandes empresarios del mundo. No tuvieron ni tienen visión de futuro. Se contentan con ser modestos engranajes del capital internacional. Han perdido la capacidad de liderar el desarrollo nacional. Aferrados a la teta del Estado se oponen a todo tipo de cambio. Pierden de vista que, si el Perú crece sostenidamente y se hace más grande, ellos serían  grandes  empresarios que negocien de igual a igual con el capital internacional. A esta clase le falta amor por la patria, coraje, inteligencia para liderar los cambios que el país requiere. Einstein decía: «La inteligencia se mide por la capacidad de cambiar». Pero ellos se oponen a todo tipo de cambio. Tienen un gran temor por el cambio, no por el país; sino porque temen perder sus privilegios. Temen a gobernantes renovadores, les encantan gobernantes sumisos, por eso usan los principales medios de comunicación, encuestadoras y todo medio para apoyar a sus engreídos y satanizar a sus supuestos enemigos. Mientras tanto, el Perú sigue igual, sin modernización de la producción (solo del consumo), sin industrialización, sin generar riquezas para los peruanos (pero sí para el capital externo). Para una clase dirigente mediocre, una economía mediocre. La clase dominante del Perú está marcada por la colonia: intermediarios de la dominación externa, facilitan la explotación de nuestros recursos naturales sin valor agregado (que impide generar mayor empleo y de calidad), pagando míseros impuestos.

REUNIÓN CUMBRE DE LÍDERES PARA EL DESARROLLO NACIONAL

Los líderes del país deben asumir su rol histórico de dirigir una nueva economía, a fin de impulsar el crecimiento económico, con coraje e inteligencia, con pragmatismo, más allá de esquemas ideológicos. Tomemos como ejemplo a algunos países que hace algunas décadas eran tan pobres como nosotros. Se trata de China, hoy primera potencia mundial, con un PBI real de 27.331 billones de dólares; India, tercera potencia, con un PBI real de 11.468 billones de dólares; Indonesia, séptima potencia, con 3.743 billones de dólares (FMI, 2019). Hay que generar riqueza nacional, no vivir repartiendo pobreza; crear las condiciones básicas para promover la inversión pública y privada. La Economía Social de Mercado es  una buena doctrina, que significa mercado regulado, donde el Estado y el Mercado confluyen. Pero esta sola doctrina no genera riqueza. La primera cuestión es: ¿para quienes generamos riquezas? Debería ser para los peruanos. Pero, en 200 años las riquezas fueron para los poderosos del exterior y el país. La segunda cuestión es: ¿qué valor le damos a nuestros recursos naturales? Claro que valor agregado, no solo valor primario. Estamos en el atraso, porque en dos siglos de República solo hemos vendido materias primas, sin valor agregado, recibiendo impuestos miserables.

Recordando a Antonio Raymondi: ¿Queremos vivir un siglo más como mendigos sentados en un banco de oro? Claro que no. Hay muchas necesidades insatisfechas atrasadas, hay muchas tensiones acumuladas. Hacemos cambios para impulsar nuestro desarrollo o el país se hará insostenible, ingobernable. Con toda razón, Jorge Basadre (1931) señala: «El Perú es un problema, pero también es una posibilidad». En esa perspectiva, se requiere una reunión cumbre de Presidencia de la República, líderes de empresarios, trabajadores, medios de comunicación, colegios profesionales, educación, Fuerzas Armadas, etc. Ahí se tomarán las decisiones estratégicas sobre el futuro del país.  El objetivo supremo: El Desarrollo Nacional.

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