Más precisiones sobre los términos “comunista”, “socialista”, “rojo”, “terrorista”. Y bosquejos sobre temas económicos

Carlos Tucto Rodil, abogado ?

Alan Tucto Vara, filósofo

1.- Con respeto al lector, voy a ser auto referente con el objeto de hacer aclaraciones respecto a mi persona, puesto que hemos tomado conocimiento que algunas personas están difamándome con expresiones como «rojo, comunista, terrorista…» y sostienen también que cuando pertenecía al Ministerio Público ocultaba mi postura ideológica. Niego y contradigo enérgicamente tales imputaciones. Más bien soy demócrata, humanista y progresista. Sucede que durante dicho lapso he sido fiscal con estos últimos atributos, excepto cuando se trataban de asuntos de política me abstenía porque tanto la Constitución Política como la Ley Orgánica del Ministerio Público y el Código de Ética del Ministerio Público así lo prohíben. Empero cuando se trataba de asuntos jurídicos he cuestionado dispositivos legales promulgados por el tristemente célebre régimen de Alberto Fujimori, tanto a las letras de las leyes por ser inconstitucionales y atentar contra principios del Derecho Penal (en nuestra obra «Código Penal Anotado» 02 volúmenes, Ed. Huallaga, Lima, 1998-1999); asimismo he elaborado dictámenes obviando la previsión del Art. 189 del Código Penal de ese entonces, porque transgredía el principio de proporcionalidad y otro principio conexo: «pro homine». También he laborado como se dice «entre dos fuegos» (las fuerzas del orden y «Sendero Luminoso»), tal es así que a comienzos del año 1994 la Policía especializada en asuntos de terrorismo incautó documentos que manejaban los «senderistas» en los cuales aparecíamos algunas autoridades incluyendo al suscrito en una lista para ser asesinados por un comando de aniquilamiento (la Dircote o su equivalente de Huánuco tiene ello en sus archivos). De modo que de ninguna manera puede motejárseme con tales adjetivos peyorativos. Entonces no me considero como perteneciente a la izquierda, y menos a la derecha.

2.- Pues bien, pregunto ¿acaso se requiere ser izquierda o de derecha para expresar nuestra preocupación acerca de los intereses usurarios que cobran los bancos y entidades financieras o para tener sensibilidad ante el sufrimiento de los ahorristas de la ONP, o los aportantes fonavistas, quienes en esta hora están enfermos de covid y no tienen ni dinero ni trabajo para afrontar la pandemia? Y hay tantas situaciones que afligen a nuestro pueblo, casos de pérdida de familiares por la covid-19, falta de alimentos básicos para ingerir una vez al día, mientras que el jefe o la jefa de familia buscan algunos soles como comerciante informal, soportando la hostilidad de los inspectores municipales, quienes se apropian de su mercadería y los expulsan de las calles. En fin, escenas que al más duro de corazón le puede sensibilizar; y nosotros impotentes ante estas situaciones con la única opción por ahora de escribir y publicar artículos como el presente. Por tener esta actitud y sensibilidad posiblemente muchas personas nos etiquetan como comunistas, terrucos, rojos, etc. A veces, dan ganas de proferir frases como «si por hacer todo lo que hemos relatado nos etiquetan conforme aludimos, pues que lo hagan y que lo sigan haciendo», puesto que lo más importante es estar bien con Dios y con tu conciencia, tanto más que cuando estábamos en el Ministerio Público de Pasco teníamos un comportamiento solidario con el pueblo, tal es así que ayudamos a la ciudadanía y a las autoridades a gestionar el inicio de las instalaciones de agua potable, sin descuidar el cumplimiento de nuestras funciones como fiscal, siempre con sujeción al principio de justicia.

 Las etiquetas mencionadas que nos endilgan algunas personas, sea por ignorancia, porque son mercenarios, de mala fe, etc. nos trae a colación lo que sucedía incluso en el año 1963 durante la campaña electoral presidencial. Entonces se utilizaron frases como «no al comunismo», y «si votas por aquel el país entrará en crisis»; se referían al arquitecto Fernando Belaúnde Terry, quien era uno de los candidatos en tal contienda electoral, por el partido Acción Popular. Ya nos podemos imaginar entonces lo que les sucede a otros progresistas como el suscrito en esta hora. Y lo que está ocurriendo con el candidato Pedro Castillo, quien no tiene ideología de comunista ni socialista; más bien ha sido candidato para congresista integrando la lista de Perú Posible de Alejandro Toledo.

3.- A continuación reiteramos acerca de algunas palabras que siguen utilizando erróneamente una parte de la población (cuanto más si en algunos lugares de Lima han puesto paneles publicitarios con la frase «no al comunismo» y otros similares), también los medios de comunicación, y algunos excandidatos (llegando al extremo de utilizarlo de la manera en que lo hizo el excandidato e integrante del Opus Dei, Rafael López Aliaga). Debemos aclarar que no hay ni ha existido ningún país comunista porque esto equivale a que las personas deben ser iguales según sus condiciones, aptitudes, etc. siempre y cuando esté abolido el Estado, lo cual es un absurdo en los tiempos actuales, tanto más tratándose del Perú que no ha llegado siquiera a una sociedad con socialismo en democracia. Lo que sucede es que debido a que en la década de Fujimori se satanizó a la población considerándoseles tanto a senderistas como a inocentes con el calificativo de terroristas, por lo cual las fuerzas del orden los aniquilaron en muchos lugares o realizaban detenciones y desapariciones. Esto trae a colación lo que se denominaba la «doctrina de la seguridad nacional» originada o tiene como antecedente la actuación genocida de los militares franceses cuando aniquilaron a la oposición de Argelia, matando a todos, que se denominó «tierra arrasada». En el plano «ideológico» profería frases espeluznantes: «O estás conmigo o estás contra mí». Método de aniquilamiento que fue imitado por los militares del gobierno militar de Argentina en 1976, en Chile en 1973 por Augusto Pinochet; en El Salvador en los años 80; actualmente también un gran sector de militares o paramilitares de Colombia para asesinar a exdirigentes y excombatientes de las FARC, pese a que hace más de una década han depuesto las armas entregándolas al Estado. Hay pues una especie de macartismo en los EEUU (que se desarrolló entre 1950 a 1956) en el cual aberrantemente se denunció y acusó a diversas personas inocentes, como actores y directores de cine, académicos, etc. Por otro lado, la experiencia histórica nos enseña que todo ser humano se puede redimir; por ejemplo, el exmandatario de Uruguay José Mujica que ha sido tupamaro, luego años más tarde fue un magnifico presidente de la República reconocido mundialmente; lo mismo se puede decir de la exmandataria de Brasil Dilma Rouseff quien fue guerrillera en sus años mozos, y que luego llegó a ser presidente de la República en un régimen democrático, etc.

4.- Así como se han utilizado de manera errónea los mencionados términos, otro de los temas que ha sido satanizado es el de intervencionismo estatal. Al respecto conviene hacer un resumen en parte histórico sobre el origen de este debate. El liberalismo clásico nace con David Hume y su idea de que «la propiedad es la madre del proceso civilizador». A su vez, el filósofo escocés Lord Kames sostenía que el instinto más preponderante en el ser humano era el de «poseer» y que ello había hecho surgir la propiedad privada. Adam Smith, recoge estas ideas de su época, y sostiene que los diferentes miembros de una gran sociedad se disponen según un principio motriz propio. En su libro «La riqueza de las naciones» intentaba describir la organización de la vida económica y el progreso de una sociedad. Smith concluía que el principio motor de este progreso es el «mercado libre». El intercambio continuo de mercancías habría producido la división del trabajo y la aparición del mercado, en el que contribuyen sin pretenderlo, todos los miembros de una sociedad. Esa «mano invisible» que guía a los agentes económicos fue su gran hallazgo. Entonces, siempre que preserve la libertad este sistema será eficiente. Es por ello que era muy crítico a los monopolios, que algunos comerciantes hacían en su afán de lucro, ya que distorsionaban la oferta y la demanda, perjudicando así a los consumidores. Así también, acepta que el Estado pueda establecer aranceles y prohibiciones si con ello se aumenta el empleo o se protege a los productores locales. El asunto de la intervención estatal también se halla presente en el último de los liberales clásicos, John Stuart Mill. En su libro «Sobre la libertad», el filósofo Mill aceptaba la intervención pública en el mercado si con ello se mejoran las medidas sanitarias en las fábricas, brindando de esa manera una mayor seguridad a los obreros.

Son dos las escuelas liberales que influyeron en la concepción que diversos países desarrollados y latinoamericanos, tienen acerca de la intervención estatal. La primera de ellas es la Escuela Austríaca, fundada por Carl Menger a fines del siglo XIX, y cuyo representante más conocido es Friedrich Von Hayek. Este pensador, en su libro «Camino de servidumbre», afirma que la «planificación centralizada» de la economía erosiona la democracia y conduce al totalitarismo. Es decir, el propósito de querer organizar la vida de la sociedad sin recurrir a un «orden natural», y con el único objetivo de mejorar la producción o redistribución; es un peligro para la libertad. Hayek llega a los extremos de afirmar que «una dictadura que practica una economía liberal es preferible a una democracia que no lo hace». Es por ello que llegó a declarar que, en Chile bajo la dictadura de Pinochet, había más libertad que en el gobierno de Allende. La Escuela austríaca ha tenido una influencia grande en las facultades de Derecho. La segunda es la Escuela de Chicago, que, con Milton Friedman como su personaje más representativo, logró imponer sus ideas en el mundo económico, en los años setenta. Recordemos que, en las décadas de los cincuenta y sesenta, bajo influencia del economista John Maynard Keynes, se había intensificado el rol de los gobiernos como supervisores de las posibles fallas del mercado, logrando así la consolidación del Estado de Bienestar. Sin embargo, a fines de los años setenta, aprovechando la crisis económica que azotaba al mundo, se empiezan a imponer las ideas económicas de Milton Friedman. Éstos proponían reducir al mínimo el papel del Estado, planteando privatizaciones y mercados sin ninguna intervención. Sus ideas fueron acogidas por los gobiernos de Margaret Tatcher y Ronald Reagan; y, posteriormente, por diversos países latinoamericanos, influyendo mucho en las decisiones sobre las políticas públicas. En consecuencia, consideramos, acerca de la intervención del Estado como regulador del mercado, es un tema abordable con distintas opiniones, tendencias o teorías, pero nadie afirma la no intervención del Estado a rajatabla, a menos que se trate de extremistas como Rafael López Aliaga, Aldo Mariátegui y otros de semejante tesitura moral y conocimientos unilaterales.

 

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