La recta final y la disyuntiva entre la desconfianza y el temor

Ps. Richard Borja
Director Instituto Peruano de Psicología Política

El debate del último domingo, equivale a la célebre batalla de las Ardenas en suelo francés durante la segunda guerra mundial; rotas las barreras alemanas en las playas de Normandía, el ejército aliado fue avanzando hasta liberar gran parte de Francia. París estaba eufórica y trataba como a un salvador a Eisenhower, comandante en jefe del ejército aliado; mientras Hitler, al borde de la desesperación planeaba recuperar espacio y puso su última bala en las Ardenas, en un terreno penoso a 17 grados centígrados bajo cero, que pensó ganar y dar un giro a la guerra.

No es que doña Keiko Fujimori sea el equivalente al excabo alemán, pero es evidente que el debate significó para ella la última gran oportunidad para inclinar a su favor los votos de un importante sector de indecisos, que se debaten entre la desconfianza y el temor que inspiran ambos candidatos. Una oportunidad que a juzgar por lo soso del mismo y el horroroso terreno (el formato de debate del JNE es un desastre, que puede ser cualquier cosa, menos debate) sobre el cual se libró, no ha podido aprovechar.

Si bien ha logrado una victoria, pues queda claro que ella ganó el debate, pero no con la contundencia que necesitaba para embolsar esos votos que tanta falta le hacen. Castillo, que durante toda la campaña ha preferido la tribuna popular y el contacto con las masas para dejar un mensaje más emocional, más entretejido de mimetismos culturales y de frases hechas y candentes, supo en este primer y único debate resistir los embates y pese a los tartamudeos, errores semánticos y confusiones conceptuales, no ha sido demolido, y eso ya es para él, ganancia.

Sea cual sea el resultado final, es imperativo que respetemos los resultados y pasemos a una oposición vigilante, responsable y valiente, pues hay cosas fundamentales que cuidar: la democracia, la libertad y la integridad de nuestros ciudadanos»

Uno de los factores por los cuales Alemania no logra conseguir sus objetivos en las Ardenas, es el mal uso de su aviación; si bien, envío un poderoso ejército de más de 300 mil soldados y 2 400 aviones que debían romper y dividir las fuerzas aliadas a fin de recuperar el valioso puerto de Amberes, cometió el error de enviar a sus pilotos más jóvenes e inexpertos. La mayoría no tenía la experiencia en combate que sí tenían sus aviadores ocupados en tareas de vigilancia en el frente Este. La inexperiencia en las batallas decisivas es un precio demasiado alto para quien lo paga; y en el debate del domingo Castillo llegaba con inexperiencia, pero esta le salió barata, pues más allá de las precariedades y limitaciones ya conocidas en él, no cayó en las trampas de la experimentada Keiko, que ya lleva con esta, tres segundas vueltas disputadas y no supo usar esa ex. La experiencia ayuda, pero hay que saber usarla.

El gran problema de Keiko Fujimori es la desconfianza que su apellido genera. Es sorprendente que esté en esta segunda vuelta y que la venga disputando con posibilidades de ganar la presidencia; eso, luego de todo el avasallamiento mediático y la rudeza de sus detractores y sectores antifujimoristas que han hecho de ella su blanco de tiro, es una señal de su capacidad de resistencia y de la fortaleza no necesariamente de ella; sino, de quienes ven en su candidatura un fuerte de resistencia ante una amenaza que es más fuerte que la desconfianza que su pasado genera. Ella tendrá votos prestados en esta segunda vuelta y ese préstamo, no solo debe tener garantía; sino permanente vigilancia.

El problema de Castillo es el temor que su entorno y sus propuestas generan; pues, aunque muchos de sus simpatizantes lo nieguen, su cercanía con el comunismo más extremo es una realidad y aunque en el debate moderó su mensaje. Como ya hemos advertido, es la mentira una estrategia y la verdad una constatación desilusionadora que muchos temen experimentar. Sólo eso puede explicar que nuestro nobel Mario Vargas Llosa anuncie públicamente que votará por Keiko; él, un antifujimorista de vocación, confiesa que no votará por la persona, sino por el sistema de libertades democráticas que han sido su objeto de promoción y defensa de toda su vida intelectual, cuando abandonó las ideas socialistas de su juventud.

Está será una elección a donde quienes buscamos tener estándares más altos de representación y de liderazgo no iremos entusiasmados, iremos con la terrible disyuntiva de elegir si abrimos la puerta de la desconfianza o la del temor. Esa será una decisión personal y profundamente responsable y sea cual sea el resultado final, es imperativo que respetemos los resultados y pasemos a una oposición vigilante, responsable y valiente, pues hay cosas fundamentales que cuidar: la democracia, la libertad y la integridad de nuestros ciudadanos.

 

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