Poesía, ante todo

Andrés Jara Maylle

En todas partes está la poesía. En la distancia, en la lejanía, en el horizonte indescifrable; pero también puede estar muy junto a nosotros: en el interior de nuestras casas, en las calles que transitamos día a día, en los muchos caminos que hemos recorrido, en la voz alentadora del amigo, en los gestos de la persona amada; en nuestros vivos y en nuestros muertos. En todo lugar si se busca siempre habrá poesía.

Un poeta, hoy casi olvidado, peruano él, escribió hace décadas este enigmático texto:

(…)

Poesía está defuera:

Poesía es una quimera

¡a la vez a la voz y al dios!

 

Poesía no dice nada

Poesía está callada,

Escuchando su propia voz.

 

¿Dice algo la poesía? Dice todo y dice nada; dice mucho y dice poco. Todo, creo, dependerá de lo que buscamos y queremos encontrar.

Cuando éramos niños, nos enseñaban pequeños textos alusivos a la madre, a la patria, a la escuela, etc. ya sea cantándolo o recitándolo. Yo recuerdo, por ejemplo, unos versitos que no entendía pero que me gustaban porque sonaban bonito. Me los enseñó mi hermana mayor y aludían a la luna: Luna, lunera, cascabelera,/Ojos azules,/boca morena.

Tal vez estos pequeños versos marcaron para siempre en mi espíritu la obsesión que tengo por la luna. Su ausencia me deprime, pero su presencia me exalta, me alegra me vivifica. O este otro:

Cual bandadas de palomas que regresan del vergel/Ya volvemos a la escuela anhelantes del saber,/Ellas vuelven tras el grano que las ha de sustentar,/Y nosotros tras la idea, que es el grano intelectual.

Cuando tenía 12 o 13 años, por casualidad cayó en mis manos una novela de Ciro Alegría. Allí, casi comenzando, en las primeras páginas aparecen estos versos:

Río Marañón, déjame pasar.

Eres bravo y fuerte,

no tienes perdón.

Río Marañón, tengo que pasar,

tú tienes tus aguas

yo mi corazón.

Versos de gran fuerza y tenacidad que me conmovieron profundamente y que generaron en mí otra de mis indudables obsesiones: mi asombro y mi amor consuetudinario por los ríos, chicos o grandes, pero ríos al fin.

Decía al inicio que la poesía está en todas partes. En los libros que crearon los grandes poetas, sin duda, pero también en la cotidianeidad y en la creación sencilla y popular. Por eso, la impronta poética puede abrumarnos en versos como estos de Vallejo: Son las caídas hondas de los Cristos del alma,/de alguna fe adorable que el Destino blasfema./Esos golpes sangrientos son las crepitaciones/de algún pan que en la puerta del horno se nos quema. O este del genial Borges: Esta lluvia que ciega los cristales/alegrará en perdidos arrabales/las negras uvas de una parra en cierto//patio que ya no existe. La mojada/tarde me trae la voz, la voz deseada/de mi padre que vuelve y que no ha muerto. Pero también en la sencillez de estos cantos populares: Adiós juventud, vida pasajera/de tanto florecer y te estás marchitando./Quererte pude, olvidarte no/cuál será el cariño que yo te tuve. O este otro de estirpe popular: De la roca brota el agua,/de los árboles el viento;/de tu ingrato corazón,/el mal agradecimiento.

Y precisamente porque todo y al mismo tiempo nada puede ser poesía, es que en esencia, es difícil definirla.

Y precisamente porque todo y al mismo tiempo nada puede ser poesía, es que en esencia, es difícil definirla. Don Ricardo Palma, por ejemplo, en un sarcástico poema, busca explicar la poesía:

¿Es arte del demonio o brujería

Eso de hacer versos? – le decía

No sé si a Campoamor o a Víctor Hugo

Un mozo de chirumen muy sin jugo.

Enséñeme, maestro, a hacer siquiera

Una obra chapucera.

-Es preciso no estar en sus cabales

Para que un hombre aspire a ser poeta,

Pero, en fin, es sencilla la receta.

Forme usted líneas de medidas iguales,

Luego en las filas las junta

Poniendo consonantes en la punta

-¿Y en medio?

-¿En el medio?

-¡Ese es el cuento! ¡Hay que poner talento!

 

Y a propósito de esto, el joven e irreverente poeta huanuqueño, Alex Ginés, escribía en su libro La azul fisura, el siguiente diálogo entre el hijo y su madre:

-Madre,

voy a ser poeta.

-Dios,

Has caído en desgracia.

Cosas de poetas y poemas en busca eterna de lectores compasivos. Que, a fin de cuentas, creo que es más saludable en medio del tráfago, del infierno  en que se ha convertido la vida en estos tiempos electorales.

Huánuco, 6 de junio del 2021.

 

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *