La discriminación reflejada en las urnas

Teresa Chara de los Rios

Nuestro país está dividido, o, mejor dicho, siempre ha estado dividido, y esto se ha hecho evidente por el activismo desarrollado en las redes sociales con motivo de las elecciones presidenciales. La intolerancia y discriminación ha subido a sus niveles más altos. Se ha evidenciado que existe una población centralizada en Lima y algunas regiones de la costa y una gran mayoría postergada que vive en las zonas rurales.

¿Pero por qué tendría que ser importante tocar el tema de discriminación ad portas de elegir una nueva presidenta o presidente de la República?

Algunos pensarán que no es un tema relevante. Lo relevante es lo económico, las vacunas, dirían otros. Un país que está dividido es siempre caótico, desconfiado y lleno de conflictos en el que ninguna de las partes se sentirá representada. Las nuevas autoridades tendrán que utilizar estrategias plasmadas en políticas públicas para intentar unirnos como peruanos, valorando y respetando nuestra diversidad cultural.

La discriminación existe en el Perú y ese es un punto importante de desunión. La estratificación social en razón del color de la piel, de cómo nos vestimos y hablamos; es decir, por nuestra apariencia física, hace que seamos juzgados y tratados sin tomar en cuenta nuestras actitudes y valores. Esta estratificación se da desde la época de la colonia y estando próximos a celebrar nuestro bicentenario muy poco hemos cambiado nuestra forma de pensar y actuar en temas de discriminación, la que hemos normalizado tanto así que no nos damos cuenta de cuan discriminadores somos.

En una encuesta realizada por el Ministerio de Cultura en el 2018, se concluyó que el 53 % de la población (si es que no es más) reconoce que somos racistas; sin embargo, solo el 8 % de los encuestados se reconoce como discriminador.

Pero lo más relevante es la discriminación o trato diferenciado que reciben los usuarios desde los servicios que presta el Estado y a la afectación a los derechos fundamentales de las personas. Los lugares donde se ha sentido mayor trato discriminatorio son los hospitales, municipalidades y comisarías, sin contar otras entidades públicas.

Veamos un ejemplo. Una comisaría que presta servicios en una zona rural, en la que parte de la población es quechuahablante y los policías no hablan quechua. Una persona ha sido agredida o le han robado su ganado y acude a presentar su denuncia. Quien registra la denuncia no le entiende y entre el quechua y un castellano mal hablado porque no es su idioma original, explica los motivos de su denuncia. El policía registra la denuncia haciendo un esfuerzo de creatividad y redacta la denuncia de lo poco que ha entendido, agregando algunas partes de su propia iniciativa. Resultado, una denuncia mal elaborada y la víctima no entenderá nada del escrito, debiendo firmarla o poner su huella digital para que su denuncia proceda. Esto ha ocurrido siempre.

Otro caso. Una persona de la zona rural acude enferma con dolores al primer centro de salud más cercano a su comunidad. Esta persona habla quechua, aimara, asháninka o awajún, que son las cinco lenguas reconocidas oficialmente en nuestro país. El médico o personal de salud habla castellano. El paciente trata de hacerse entender. El personal de salud le hace preguntas sobre sus síntomas en idioma castellano, el paciente no entiende y trata de explicarle en su lengua y mediante gestos la parte que le duele. Finalmente, el personal de salud, con la experiencia que tiene, asume que se trata de tal o cual enfermedad, que no es necesariamente cierta. Le prescribe medicina genérica y asunto resuelto.

Igual pasa con los servicios en educación cuando un docente desarrolla sus clases en el idioma castellano a estudiantes que hablan en su lengua materna. Cuando el profesor les explica no entienden. Los niños se sienten frustrados y avergonzados, rechazan la escuela y prefieren quedarse ayudando a sus padres en casa o en el campo. Este es uno de los motivos de la deserción escolar que no se quiere ver.

Los casos que he descrito se convierten en discriminación desde el propio Estado, vulnerando los derechos fundamentales de las personas.  Las nuevas autoridades tienen muchos temas pendientes como reactivar la economía, mejorar los servicios de salud y educación, reducir la pobreza, pero todo esto solo será un maquillaje si es que no se abordan los temas de fondo que nos está dividendo: la discriminación entre peruanos; y este sentir se ha visto reflejado en el voto de protesta.

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