Miedo, incertidumbre, y los consejos de Pepe Mujica

Germán Vargas Farías

En mi columna del miércoles pasado dije, aquí mismo, que la victoria de Perú Libre en la segunda vuelta parecía ya irreversible. Pues bien, la ONPE terminó ayer el conteo de votos al 100 %, y la diferencia entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori es de 44,058 votos, favorable al candidato cajamarquino.

En otras circunstancias, lo que correspondía era que el Jurado Nacional de Elecciones proclame al electo presidente de la República, pero eso no podrá ser, aún, porque la señora Fujimori, una vez más, se resiste a aceptar los resultados, y con triquiñuelas de apariencia jurídica, y con el soporte de los grandes medios y otros grupos de poder, persiste en su pretensión de desconocer los resultados.

Se ha apelado, desde el fujimorismo y sus adláteres, a todo. Incluso a llamados de sedición, lo que confirma la carencia de escrúpulos y desesperación de una candidata para quien el Ministerio Público ha pedido 30 años y 10 meses de cárcel por el delito de lavado de activos.

La violencia, lo he sostenido siempre, es inútil, y hace daño, y en situaciones como estas solo favorecen a aquellos que no han vacilado en provocar zozobra, incitando al odio y el racismo»

Poco o nada le importa a Keiko Fujimori, la democracia que dice defender. Es su miedo y pedantería la que nos está llevando a un escenario de mucha mayor confrontación. El daño ya está hecho y puede ser más grave si el establishment que la respalda no abandona la necia idea de que para defender la democracia y sus instituciones hay que destruirlas.

Cada día es clave, y debiéramos estar alertas para enfrentar la provocación del fujimorismo sin incurrir en sus bajezas. La democracia se defiende democráticamente. Primero, rechazando con firmeza la propuesta de anular los comicios. El voto de la gente se respeta, y la mayoría se ha pronunciado por una de las alternativas, y tenemos que aceptarlo nos guste o no el candidato.

Segundo, evitando la violencia. Agresiones ha habido de ambos lados, pero es inobjetable que la agresión mayor, el acoso a periodistas y autoridades de las instituciones del sistema electoral, por ejemplo, ha provenido de miembros y simpatizantes de Fuerza Popular. La violencia, lo he sostenido siempre, es inútil, y hace daño, y en situaciones como estas solo favorecen a aquellos que no han vacilado en provocar zozobra, incitando al odio y el racismo.

Tercero, tenemos que pronunciarnos, individual y colectivamente. Con un mensaje claro: se debe respetar la decisión de la gente. La inmovilización genera una sensación de conformidad que estimula al malhechor, o malhechora, a persistir en el abuso. La movilización de ronderos y otros grupos hacia Lima es importante, pero el reclamo debe sentirse en todas las ciudades del país.

Cuarto, la movilización y todas las acciones deben hacerse con cuidado, dado el contexto de la pandemia y el peligro de contagios. No hay que arriesgar la vida y la salud innecesariamente, y nuestro reclamo debe hacerse siempre con sentido pedagógico, pacífica y creativamente.

Uno de los momentos edificantes que pudimos ver días antes de la elección en segunda vuelta, fue el diálogo entre José Mujica y el candidato Pedro Castillo. He dicho en otra parte que fue algo así como una sesión de consejería especial que el expresidente uruguayo le ofreció al candidato peruano, y que es útil y pertinente para todos y todas.

Transcribo, literalmente, dos de los varios consejos que ofreció aquella vez.

«Yo sé que la lucha electoral es dura. Pero no dejes que en tu corazón se acumule el rencor. El odio es ciego como el amor, pero el amor es creador. Y el odio lo único que provoca es hacernos perder la libertad y, sobre todo, hipotecar la esperanza».

«Yo sé que las campañas electorales son muy duras. Se dicen disparates y hay heridas. Pero cuando pasen las elecciones, hay que poner cataplasma a las heridas y hay que levantar un proyecto nacional que trate de unificar en todo lo que pueda a tu Perú».

Como se podrá notar, en la calidad de consejeros de Keiko Fujimori y Pedro Castillo se advirtió una gran diferencia. Keiko, obviamente, no tuvo un consejero como Pepe Mujica, aunque de haberlo tenido probablemente tampoco le hubiese hecho caso.

«El odio nos puede hacer perder la libertad» nos anunció Mujica, y allí está el fujimorismo atrapado en sus odios y prejuicios. Nos corresponde a los demás optar por el amor, ese que es creador, que nos permite vivir libres, dignos, y con esperanza.

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