Llaman a la puerta (de los cuarteles)

Germán Vargas Farías

Una canción de Pochi Marambio se hizo muy popular en 1991, y la he recordado a propósito de diversos mensajes que simulada o abiertamente han invocado un golpe militar, para detener lo que consideran una amenaza contra la estabilidad democrática. Es decir, sosteniendo –absurdamente- que para defender la democracia hay que petardearla.

«Llaman a la puerta» es el nombre de la canción de Marambio y su grupo «Tierra Sur», y alude a personas pertenecientes a grupos religiosos (testigos de Jehová, o mormones quizás) que iban de puerta en puerta compartiendo sus creencias, y ofreciendo salvación. Se caracterizaban por su insistencia, y sus maneras no necesariamente discretas.

Aun cuando había mofa en la letra y denotaba hartazgo, no dejaba de ser algo divertida, y pegajosa. Mucha gente se sintió representado en esa composición, y sirvió de desquite para algunos que, seguramente, no vacilaron en aumentar el volumen de la canción cuando por sus casas asomaban esos predicadores.

Los que llaman a la puerta ahora, sin embargo, son anunciadores de desastres y, no ofrecen sino, claman salvación. Han asumido necia y acríticamente la versión del fujimorismo y sus aliados sobre un presunto «fraude en mesa», y se refieren a una percepción ciudadana mayoritaria de un proceso poco transparente que ellos mismos se han encargado de provocar.

Si de algo ha servido la pataleta e irresponsabilidad de Keiko Fujimori y sus aliados, es para develar la hipocresía de demócratas que creen que la democracia es imponerse»

Uno de los recursos más groseros de los golpistas ha sido la carta firmada por cientos de militares en situación de retiro pidiendo a los jefes de las fuerzas armadas que desconozcan a Pedro Castillo como presidente, e invocando el derecho a la no obediencia, recordando además que la población civil «tiene el derecho de insurgencia en defensa del orden constitucional».

La respuesta del presidente Francisco Sagasti no se hizo esperar, y calificó de inaceptable «que un grupo de personas retiradas de las Fuerzas Armadas pretenda incitar a los altos mandos del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea para que quebranten el Estado de Derecho».  Sagasti ha recordado que en democracia las Fuerzas Armadas no son deliberantes, y que deben respetar escrupulosamente la Constitución.

Pero no se quedó allí, el presidente anunció también que la ministra de Defensa, Nuria Esparch, enviaría las cartas al Ministerio Público, para que realice las investigaciones a efectos de determinar las posibles conductas lesivas al orden constitucional y las responsabilidades que correspondan.

Por su parte, la ministra Esparch, ha asegurado que un golpe de Estado en este momento en la región es insostenible, y que «si hay personas que creen que pueden soliviantar a nuestras Fuerzas Armadas, se equivocan».

La reacción del gobierno ha sido firme y democrática, y constituye un respaldo importante a los organismos y autoridades del sistema electoral, contra quienes se han dirigido los principales ataques de los que se resisten a aceptar los resultados electorales simple y llanamente porque no son de su gusto.

Si de algo ha servido la pataleta e irresponsabilidad de Keiko Fujimori y sus aliados, es para develar la hipocresía de demócratas que creen que la democracia es imponerse, no importando si tienen que tocar la puerta de los cuarteles para ello.

Pero algunos han tenido que manifestar sus límites. Es el caso del buque insignia del grupo mediático que se entregó al fujimorismo, me refiero a «El Comercio», que en su editorial del 19 de junio señaló que la carta que ahora comento (es): «Un claro e inaceptable llamado al golpe de Estado que ningún país democrático debe consentir… (y) siempre hay que defender el Estado de derecho y cerrarle el paso a cualquier amenaza golpista…»

¿Es posible decir que a partir de los gestos mencionados se ha superado la amenaza golpista?, No, por supuesto, y hay que seguir denunciando y enfrentando esos intentos. En la letra de «Llaman a la puerta» hay una frase:  «filosofía de pollos», que su autor, Pochi Marambio, admite se le pasó la mano al incluirla en su composición. No creo que sea mi caso si digo que detrás de las pretensiones golpistas hay una filosofía de racistas y cretinos que creen que las cosas no pueden ser distintas de sus antojos.

La letra y música que sigue tocando el fujimorismo y sus aliados es peligrosa y nada divertida, y ya va siendo tiempo de decirles ¡Basta, ya nos hartaron!

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